viernes, 9 de noviembre de 2012

Jemi 06 - Corazones Heridos




-¿Tu qué...? -exclamó Demi, mirándose alarmada los tobillos, como si esperara encontrar un ofidio enroscado allí.
Joe sonrió travieso.
-Mi sistema de alarma. Es así como lo llamo. Tengo ins­talado un sistema electrónico de localización en un sitio oculto del motor. Si alguien intentara hacer un puente para arrancar el coche, o lo robara, a la policía no le llevaría más de diez minutos encontrarlo, incluso aquí en Nueva York -explicó muy ufano.
-Así se entiende que estés tan tranquilo -dijo Rory-. Desde luego es un coche alucinante -añadió con envidia.
-Lo es -asintió Demi-.Yo conduzco, pero en esta ciudad no resulta muy práctico tener un coche -dijo señalando con un ademán la cantidad de taxis que subían y bajaban por las calles-. Cuando alguna agencia de modelos me lla­maba para un trabajo no tenía tiempo de buscar un sitio li­bre donde aparcar. Nunca hay suficientes. Los taxis y el me­tro son el medio más rápido de moverte cuando vas con prisa.
-Es cierto -asintió Joe, admirando fascinado lo her­mosa que era aun sin apenas maquillaje-. ¿Dónde estáis ro­dando la película? -le preguntó.
-Principalmente aquí, en la ciudad -respondió ella-. Es una comedia entremezclada con una trama de espionaje. Tengo que luchar con un agente extranjero en una escena, y perseguir a un tipo con una pistola en otra -añadió con­trayendo el rostro-. Apenas acabábamos de empezar el ro­daje antes de este descanso por vacaciones, pero tengo car­denales por todo el cuerpo por los ensayos de las coreografía de lucha. Incluso tengo que aprender aikido para la película.
-Un arte marcial muy útil -comentó Joe-. Fue una de las primeras que aprendí.
-¿Cuántas conoces? -le preguntó Rory de inmediato.

Joe se encogió de hombros.

-Karate, tae-kwon-do, hapkido, kung fu, y otras cuantas menos conocidas. Nunca sabes cuándo tendrás que recurrir a ellas, pero vienen muy bien para el trabajo policial, ahora que no estoy todo el día detrás de una mesa.
-Nick me dijo que trabajabas en la oficina del fiscal del distrito en Houston -intervino Demi.
Joe asintió con la cabeza.
-Estaba especializado en ciberdelitos, pero acabó por re­sultarme aburrido. Quería algo menos rutinario y menos estructurado.
-¿Y qué haces en Brownsville? -quiso saber Rory.

Joe se rió suavemente.

-Huir de mis secretarias -le confesó avergonzado-. El mismo día que llamé a tu hermana para decirle que iba a venir a Nueva York por Navidad, la secretaria nueva que te­nía dimitió, y me vació una papelera sobre la cabeza -aña­dió poniendo mala cara y tocándose el oscuro cabello-. To­davía estoy quitándome posos de café del pelo.

Los ojos verdes de Demi se abrieron como platos. Se de­tuvo, y alzó la vista hacia Joe, sin poder dar crédito a lo que estaba oyendo. No había olvidado la eficiencia con que había parado los pies al ayudante de dirección de su primera película para que no volviera a ponerle las manos encima después de que ella se hubiera quejado de las confianzas que se tomaba.
Rory estaba riéndose.

-¿En serio? -le preguntó a Joe.
-No estaba hecha para el trabajo de oficina. Era incapaz de teclear y hablar por teléfono al mismo tiempo.
-Pero, ¿por qué...? -comenzó Demi.
Joe terminó la pregunta por ella:
-¿ ... me vació una papelera encima? ¡Y yo qué sé! Le dije que no tocara en el fichero, pero no me hizo caso y forzó la cerradura. No es culpa mía que Mikey, mi cría de pitón, sal­tara fuera del cajón y se le echara encima. Asustó al pobre animal, y ahora tiene una crisis nerviosa.

Demi y Rory se detuvieron, y se quedaron mirándolo de hito en hito. Joe suspiró.

-¿Verdad que resulta incomprensible que haya personas que se pongan nerviosas al ver una serpiente? -inquirió él filosófico.
-¿Tienes una serpiente llamada Mikey? -exclamó Demi.
-Aroon Bieber tenía una pitón macho albina y se la dio a un criador después de casarse. El criador la cruzó con una hembra que tuvo una camada de preciosas crías, y yo le pedí una. Lo que ocurrió fue que, el día que me la dio, no pude llevármela a casa porque estaba de servicio, así que la puse temporalmente en el fichero, en un pequeño acuario de plástico, con agua y una rama para que trepara por ella.Y es­taba tan tranquila... hasta que mi secretaria forzó la cerra­dura. Según parece Mikey se había salido del acuario, y es­taba encima de las carpetas.
-¿Y qué pasó? -preguntó Rory.
Joe frunció el ceño.
-Pues que le dio al pobre animalito un susto de muerte -masculló-. Estoy seguro de que tendrás secuelas por el trauma psicológico que le ha causado durante el resto de su...
-¡No, qué pasó después! -lo interrumpió Rory. Joe enarcó las cejas.
-¿Después de que chillara hasta casi dejarme sordo y me tirara unas esposas a la cara, quieres decir?
Demi no dijo nada; sino que se quedó mirándolo con un brillo divertido en sus ojos verdes.
-Entonces fue cuando me volcó la papelera sobre la ca­beza. En fin, en el fondo ha sido un alivio que haya dimi­tido. Tenía el cabello corto y de punta, piercings con aros de plata en cada centímetro de piel visible, y llevaba las uñas y los labios pintados de negro. Mikey todavía no se ha re­puesto del susto. Ahora ya la tengo en casa.

Demi no podía hablar de la risa. Rory sacudió la cabeza.

-Yo una vez casi tuve una serpiente.
-¿Casi? ¿Y eso? -le preguntó Joe.
-Ella no me dejó comprarla -suspiró Rory, señalando a su hermana.
-¿No te gustan las serpientes, hmm? -dijo Joe, lan­zando a Demi una mirada maliciosa.
-No fue porque me diera miedo, sino porque Rory no podía llevársela a la academia con él, y yo no estaba en casa el tiempo suficiente como para ocuparme de ella. Pero si necesitas una secretaria, tan pronto como acabe la película que estoy haciendo, me haré un piercing en la nariz, y me cortaré el pelo y me lo pondré de punta -le dijo ella con mucha guasa.

Joe sonrió, mostrando sus perfectos y blancos dientes.

-No sé... ¿Eres capaz de mascar chicle y teclear a la vez?
-No sabe escribir a máquina, y sí que le dan miedo las serpientes... -intervino Rory malicioso.
-Ni una palabra más -lo reprendió Demi-. Y no dejes que Joe te soborne, o le contaré cuál es tu punto débil -le advirtió.
Rory alzó ambas manos.
-De acuerdo, de acuerdo... lo siento. En serio.
Demi frunció sus carnosos labios.
-Está bien.
-¡Mira! ¡Está allí el tipo de la gaita! -exclamó de pronto Rory, señalando a un hombre con falda escocesa frente a un hotel cerca del parque. Estaba tocando Amazing Grace-. ¿Me dejas dinero,Tip?
Demi sacó un billete de veinte de su monedero y se lo tendió.
 -Toma. Te esperaremos aquí -le dijo con una sonrisa. Joe siguió al chico con la mirada mientras se alejaba, y finalmente sus ojos se posaron en el gaitero.
-Toca bien -comentó.
-Rory quiere una gaita, pero no creo que el coman­dante lo dejara practicar en su dormitorio.
-Yo tampoco -dijo Joe, sonriendo melancólico mien­tras escuchaba la evocadora melodía-. Ese hombre... ¿Lo veis aquí a menudo? -le preguntó a Demi.
-La verdad es que nos lo hemos encontrado por todo el barrio -contestó ella-. Es uno de los sin techo más agrada­bles de la zona, y siempre que puedo le doy algo de dinero para que pueda comprarse una manta, o comer caliente. Muchos de los que vivimos por aquí le tenemos cariño. Tiene un verdadero don para la música, ¿no te parece?
-Sí que lo tiene. ¿Sabes algo de él? -le preguntó Joe, impresionado por la caridad de la joven para con un ex­traño

1 comentario:

  1. me encantaron los capitulo como que Joe ya se esta interesando por Demi síguela pronto saludos

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..