viernes, 9 de noviembre de 2012

Jemi 07 - Corazones Heridos




-No mucho. Dicen que toda su familia murió, pero na­die sabe cómo ni cuándo... ni siquiera por qué. No habla demasiado -murmuró, observando a Rory tenderle el bi­llete al músico, y recibir una leve sonrisa a cambio-. Nueva York está llena de indigentes. La mayoría de ellos tienen un talento u otro, una manera de ganar algo de dinero, y pue­des verlos durmiendo entre cajas de cartón, o buscando res­tos de comida en los contenedores de basura -sacudió la ca­beza-.Y se supone que somos el país más rico de la tierra...
-Te sorprendería ver cómo vive la gente en los países del Tercer Mundo -dijo Joe.
Demi lo miró.
-Una vez tuve que ir a Jamaica para una sesión de fotos, cerca de Montego Bay -recordó-. Nos alojábamos en un hotel de cinco estrellas sobre una colina, con loros enjaulas y una enorme piscina, y todos los lujos imaginables, pero, en la ladera, a unos pocos metros había un poblado de chabolas hechas con planchas onduladas de hojalata en medio del fango.

Joe entornó los ojos y asintió lentamente con la ca­beza.

-Yo he estado en Oriente Medio. Allí mucha gente vive en casas de adobe sin electricidad, sin agua corriente, sin ningún tipo de comodidades. Se hacen ellos mismos la ropa, se desplazan en carros tirados por burros. Nuestro ni­vel de vida los dejaría pasmados.
Demi aspiró bruscamente.
-No tenía ni idea.
Joe paseó la mirada por los alrededores.
-Allá donde iba era bien recibido, y las familias más po­bres insistían en compartir conmigo lo poco que tenían. En general son buena gente, gente amable -bajó la vista hacia Demi-, aunque como enemigos son temibles.
Demi estaba observando las cicatrices que marcaban sus recias facciones.
-El comandante Marist me contó que te torturaron -re­cordó quedamente.
Joe asintió, y sus ojos buscaron los de ella.
-No me gusta hablar de eso. A pesar de que ya han pa­sado muchos años, todavía tengo pesadillas.

Demi lo miró con curiosidad.

-Yo también suelo tenerlas -murmuró distraídamente.
Los ojos de Joe escrutaron los suyos, intentando desen­trañar el enigma que aquella joven era para él.
-Según tengo entendido, estuviste viviendo mucho tiempo con un hombre mayor que tú, un actor que tenía fama de ser el tipo más licencioso de Hollywood -dijo Joe de pronto, en un tono algo abrupto.
Demi giró la cabeza hacia Rory, que se había sentado en un banco a escuchar al gaitero, que había empezado a tocar otra canción. Se rodeó el cuerpo con los brazos, y bajó la vista.
Joe se puso frente a ella, dejando muy poco espacio entre ellos, y Demi se sorprendió al comprobar que su pro­ximidad no la intimidaba. Alzó el rostro hacia él, y la inten­sidad que había en los ojos de Joe casi la dejó sin aliento.
-Puedes contármelo -le dijo suavemente.
Demi no fue capaz de resistirse a aquella amabilidad en su voz. Inspiró profundamente, y comenzó a hablar.
-Me escapé de casa a los doce años. Iban a mandarme a un hogar de acogida, pero me aterraba la idea de que mi madre pudiera sacarme de allí y obligarme a volver con ella... para vengarse de que hubiera llamado a la policía des­pués de que su novio... -se quedó callada.
-Continúa -la instó Joe.
-Después de que me violara reiteradamente -dijo Demi en un hilo de voz, incapaz de mirarlo-. Prefería morirme de hambre antes que volver con ella, así que empecé a mendi­gar por las calles de Atlanta, porque no tenía otro modo de conseguir dinero para poder comprar algo de comida -con­trajo el rostro al recordar aquellos días.

Las facciones de Joe estaban tensas. Por lo poco que sa­bía sobre su vida, había sospechado que debía haberle ocu­rrido algo así.

-Se me acercó un hombre atractivo y bien vestido. Que­ría llevarme a su casa -cerró los Ojos-.Yo estaba ham­brienta, tenía frío, y estaba muy asustada. No quería ir con él, pero había tal amabilidad en su mirada... -tragó saliva en un intento por deshacer el nudo que se le había hecho en la garganta-. Me llevó a su hotel. Tenía una suite enorme, y tan lujosa que podría haber sido el aposento de un rey. Cuando pasamos dentro, se rió por lo nerviosa que estaba, y me prometió que no me haría daño, que sólo quería ayu­darme. Yo estaba tan asustada que me derramé un vaso de agua por el frontal de la camisa -sonrió levemente-. Creo que no olvidaré la expresión de asombro en su rostro mien­tras viva. Yo tenía el cabello corto, y aunque nunca he te­nido mucho pecho... y menos entonces, que era una niña, pero con la camisa mojada... -alzó el rostro hacia Joe, que estaba escuchándola atentamente-. Claro que él no estaba interesado en mí en ese sentido...
-¿Me estás diciendo que Cullen Cannon, el que tenía fama de donjuán en todo el mundo, era homosexual? -pre­guntó Joe atónito.
Demi asintió con la cabeza.
-Lo era, pero lo ocultó siempre con la ayuda de amigas. Era un hombre bueno y amable -recordó con añoranza-. Le dije que no me parecía bien abusar de su generosidad, que creía que debía arreglármelas por mí misma, pero no me lo permitió. Me dijo que se sentía muy solo. Su familia no quería saber nada de él, y no tenía a nadie, así que me quedé con él. Me compró ropa, me pagó los estudios, y me protegió del pasado para que mi madre no pudiera encon­trarme -se le humedecieron los ojos-. Yo lo quería -susu­rró-. Le habría dado cualquier cosa. Pero él sólo quería ayu­darme -se rió-. Supongo que luego, cuando fui un poco más mayor y me inscribió en una escuela de modelos aquí, en Nueva York, me retuvo a su lado porque le gustaba la imagen que le daba el tener a una joven bonita viviendo con él, no sé... el caso es que seguí con él hasta que murió.
-Los medios dijeron que fue un ataque al corazón.
Demi sacudió la cabeza.
-Murió de sida. En el último momento sus hijos fueron a verlo, y enterraron el pasado. Al principio habían creído que estaba con él porque quería quedarme con su dinero, pero supongo que acabaron por darse cuenta de lo mucho que lo quería -le dijo sonriendo-. Cuando murió insistie­ron en que me quedara con su piso, e incluso se ofrecieron a hacerme una cuenta fiduciaria con parte de lo que les ha­bía dejado en herencia porque cuidé de él durante su úl­timo año de vida, pero rehusé.
-Por eso no hiciste ningún trabajo como modelo durante un año, hasta que te ofrecieron hacer tu primera pelí­cula... -murmuró Joe-. Dijeron que habías tenido un ac­cidente y que tenías que reponerte.

A Demi la halagó que recordara aquello, teniendo en cuenta que, durante el tiempo que había estado rodando en Brownsville, la había odiado literalmente.

-Cullen no quería que nadie supiese la verdad..., ni si­quiera cuando se estaba muriendo.
-Pobre diablo.
-Era el hombre más bueno que he conocido en mi vida -dijo Demi con tristeza-. Me salvó, y sigo yendo a poner flores en su tumba.
-¿Y el tipo que te violó? -inquirió Joe con crudeza. Demi giró la cabeza para mirar a Rory, que estaba char­lando con el gaitero. La expresión de su rostro era de auténtico tormento.
-Según mi madre es el padre de Rory -dijo cuando lo­gró recobrar el habla.
Joe aspiró bruscamente.
-Y a pesar de eso... tú lo quieres.

Demi se volvió hacia él.

-Con toda mi alma -se reafirmó-. Mi madre sigue con ese bastardo, Sam Stanton, o más bien lo dejan y vuelven, lo dejan y vuelven... una y otra vez. Discuten, él la golpea, y ella llama a la policía, pero al final siempre vuelven. Los dos son drogadictos.
-¿Y cómo acabaste haciéndote cargo de Rory? -inqui­rió Joe.
-El policía que me salvó la última noche que pasé en casa de mi madre, cuando Sam me violó, me llamó un día, cuando Rory sólo tenía cuatro años. Su padre le había dado una paliza, y estaba en el hospital.Yo todavía estaba viviendo con Cullen, y me acompañó a verlo. Mi madre se quedó muy impresionada con Cullen -recordó con ironía-, y des­pués de que le dieran el alta a Rory vino con él al hotel donde estábamos alojados, en busca de dinero. Cullen se ofreció a comprar a mi hermano, y nos lo vendió -añadió en un tono gélido-; por cincuenta mil dólares.

1 comentario:

Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..