lunes, 19 de noviembre de 2012

Niley 03 - La mujer del Sultán



Una vez había amado esa voz. La había encontrado exótica y seductora.
En el pasado solían llamarlo Príncipe del Desierto y el nombre aún se mantenía, a pesar de que hacía cuatro años se había convertido en el sultán que gobernaba el Estado de Tazkash. Valiente y agresivo, había transformado un pequeño e insignificante país en uno de los Estados más relevantes del mercado mundial. Como sultán se había ganado el respeto de los políticos y del mundo de los negocios.
Miley sintió que el pánico se apoderaba de ella. Afortunadamente, había aprendido a ocultar sus verdaderos sentimientos, y su profesor había sido el mismo Nick. Era un hombre que no revelaba nada. Mientras ella actuaba gobernada por sus emociones, él seguía los dictados de su mente.
Sin dejar de recordar la dura lección, se volvió lentamente, decidida a comportarse como si su presencia no fuera más que una molestia para ella.
—Su Alteza —saludó, sin mirarlo. Su tono era seco, aunque ferozmente educado. Miley notó que estaban solos en la terraza, con excepción de los guardaespaldas que se encontraban a prudente distancia—. Hace mucho calor en el salón.
—Y sin embargo estás temblando —repuso al tiempo que se acercaba a ella.
Miley sintió que se le secaba la boca y aferró el pequeño bolso como si se enfrentara a un ladrón. Aunque era más que probable que no pensara robarle, sin duda era un ladrón. Una vez le había robado el corazón.
—No hagamos comedia, Su Excelencia. Nos hemos encontrado en la misma recepción y es una desgraciada coincidencia para ambos. Sin embargo, eso no significa que estemos obligados a compartir la velada. No hace falta fingir una amistad que sabemos que no existe.
Esa noche su aspecto era espectacular. El esmoquin le sentaba tan bien como la ropa tradicional que solía llevar, y ella no ignoraba que se sentía cómodo con cualquier prenda. El sultán se movía con envidiable soltura entre las diferentes culturas.
Nick estaba absolutamente fuera de su alcance, y el hecho de haber creído que podrían compartir un futuro era el recuerdo más humillante de su estúpida ingenuidad en el pasado.
Un vestido de diseño y un esmerado peinado no la convertían en candidata a esposa de un príncipe, como una vez le había dicho con crueldad.
Desgraciadamente, Nick no había conocido a su madre. Tenían mucho en común y lo más notable era la creencia de que la joven Miley no encajaba en la brillante sociedad que ambos frecuentaban.
La joven se dijo con firmeza que ya no importaba. En la actualidad tenía su propia vida. Una vida que le encantaba, apropiada a su modo de ser. Había aprendido a ser una mujer socialmente brillante porque era lo que se esperaba de ella, aunque ésa era sólo una pequeña parte de su existencia. Y no era la que más le interesaba. Pero eso era algo que no tenía intención de compartir con Nick. Su breve relación con él le había enseñado que ser abierta y sincera sólo conducía al dolor y a la angustia.
La música les llegaba desde las puertaventanas abiertas a la terraza. Miley sabía que en media hora empezaría el desfile de modelos al que la habían invitado a participar. ¿Cómo podría hacerlo? ¿Cómo podría desfilar en la pasarela a sabiendas de que él se encontraría entre los presentes?
Llamaría a Henry, el chófer de la familia y le pediría que fuera a buscarla. La mejor forma de protegerse a sí misma era marcharse de la recepción.
Decidida a hacerlo, dio un paso para retirarse, pero él le asió el brazo.
—Esta conversación aún no ha terminado. No te he dado permiso para marcharte.
—No necesito tu permiso, Nick —dijo con los ojos llameantes de ira y desafío al tiempo que sentía la excitación que recorría su cuerpo ante la cercanía física del hombre. Y también sintió rabia contra sí misma—. Vivo mi vida del modo que me apetece y afortunadamente no estás incluido en ella. Este ha sido un encuentro fortuito que haríamos bien en olvidar.
—¿Crees que este encuentro ha sido fortuito? —preguntó tan cerca, que ella pudo sentir el calor de su cuerpo a través de la fina tela del vestido rojo y, aunque luchó contra ello, notó que las piernas le flaqueaban.
A pesar de que llevaba unos tacones increíblemente altos, la estatura de Nick y sus amplios hombros la dominaban físicamente. La proximidad de ese hombre era una mezcla de excitante tormento y tentación que no podía impedir.
Por su respiración entrecortada, supo que a él le sucedía lo mismo. Siempre había sido así entre ellos. Desde el primer encuentro en la playa. Desde el primer beso en las Cuevas de Zatua, en pleno desierto.
Ésa fue la razón por la que hizo el tonto ante él. La ciega atracción física trascendió el sentido común y las diferencias culturales entre ellos.
Una intensa sensualidad se desprendía de Nick y Miley se vio atrapada en su propio deseo. Los pezones se endurecieron contra la tela del vestido junto a una ardiente sensación que se apoderó primero de su vientre y luego de todo su cuerpo.
—¿Esperas que crea que has venido por mí? —preguntó riendo al tiempo que echaba la cabeza hacia atrás—. Nick, hace cinco años tu único deseo era deshacerte de mí, así que no puedo creerte. ¿Recuerdas que dijiste que no era adecuada para ti? Te avergonzabas de mí.
—Eras muy joven. Pero te he estado observando durante todos estos años.
—¿A mí?
—Por supuesto —repuso con una sonrisa irónica—. Apareces continuamente en la prensa. Los diseñadores se pelean porque lleves sus creaciones. Si te pones uno de los modelos de esos creadores, de inmediato aumentan sus ventas. Has ganado en aplomo, confianza en ti misma, elegancia.
«Y duplicidad», pensó ella. ¿Por qué nadie se preocupaba de la persona que se escondía tras el brillo de los oropeles? ¿A nadie le interesaba saber quién era ella en realidad?
Durante un breve tiempo pensó que a Nick sí que le importaba. Pero se había equivocado.
Y su rechazo había sido el último estímulo que le hacía falta para reinventarse a sí misma. Para convertirse en la mujer que su madre siempre había deseado que fuera. Al menos una parte de ella, porque el resto del tiempo llevaba una vida absolutamente diferente, una vida que le gustaba y que muy pocos conocían.

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