domingo, 30 de diciembre de 2012

Niley 12 - La mujer del sultan




—Que has pasado todos estos días con el príncipe. ¿Pensaste que no merecía la pena contármelo? —preguntó. Ella no lo había hecho porque temía que su padre intentara impedírselo—. El príncipe Nick Jonas Miller está absolutamente fuera de tu alcance. No eres su tipo —añadió con el ceño fruncido.
Miley sintió que la inseguridad se apoderaba de ella, pero la ignoró. Su padre no había estado con ellos, no había presenciado lo que habían compartido.
—Estoy enamorada de él y él me ama. Estoy segura de eso, papá.
—Eres una ingenua, hija. El príncipe Nick es el hombre más codiciado del mundo, asediado por las mujeres.
—Te preguntas qué ha visto en mí, ¿no es verdad?
—La mujer que finalmente capture el corazón del Príncipe del Desierto tendrá que ser hermosa y sofisticada. Te quiero, Miley. Tal como eres. Ambos sabemos que tu madre intentó hacer de ti algo que no eres y tú cambiaste mucho para complacerla. Pero ella ya no está con nosotros, así que puedes dejar de fingir.
Los ojos de Miley se llenaron de lágrimas.
—Papá...
El padre negó con la cabeza, con la mirada vacía y fatigada.
—La frivolidad de la vida social no es lo tuyo, Miley. Tal vez sea para bien. Ese tipo de vida corrompió a tu madre. No podría soportar que también te estropeara a ti.
—No voy a corromperme y tampoco lo hará mi relación con Nick —rebatió con urgencia. De pronto necesitaba la comprensión de su padre, necesitaba que le diera esperanzas y la apoyara—. Nick se interesa por la Historia, la cultura, por las cosas que importan.
—Es un príncipe coronado. Se dedica a entretener a los líderes mundiales. Eso también importa.
Miley pensó en el mes que habían pasado juntos, en sus conversaciones, en las confidencias que habían compartido.
—Sé que él me ama.
—Entonces eres tonta, hija mía —murmuró su padre.
Su padre había tenido razón, pensó Miley mientras miraba por la ventanilla.
Había sido una tonta.
Durante un breve y bendito tiempo se las ingenió para convencerse a sí misma de que Nick la amaba y que le iba a proponer matrimonio.
Pero al igual que Nadia y el sultán, él mantuvo sus relaciones en secreto.
Los tiernos momentos que habían compartido no fueron nada más que una sofisticada seducción por parte de Nick.
Pero en esos momentos ya sabía exactamente quién era ese hombre.
Estaba claro que se había enterado de su celebridad en las esferas de la alta sociedad y había decidido que finalmente estaba a su altura. Sin embargo, sólo ella sabía que no había cambiado en absoluto. Todavía era la niña que prefería estudiar Historia y montar a caballo en lugar de ir a fiestas y a la peluquería. Aunque no tenía intención de contárselo a Nick.
Y tampoco la arrolladora atracción sexual que existía entre ambos la volvería a cegar. Al margen de los dictados de su cuerpo, no tenía intención de volver a hacer el idiota por segunda vez.


El avión aterrizó en el aeropuerto de Tazkash en la madrugada. Poco más tarde, Nick y Miley subieron a una limusina que se internó por una carretera a través del desierto. Aunque habían pasado cinco años, Miley reconoció el camino de inmediato.
—¿Vamos a Nazaar?
En el pasado, había sido un importante centro comercial en la ruta del incienso.
—¿Qué otro lugar podría ser más adecuado para reanudar nuestras relaciones?
Exasperada, Miley se volvió a él. Había dormitado un poco, pero se sentía cansada y confusa y Nick era el último hombre con el que quería estar en ese momento.
—No quiero reanudar nuestra relación, Nick. ¡Y no quiero ir allí!
—Nazaar es hermoso. Siempre dijiste que te encantaba —replicó, imperturbable.
—Sí, me encantó; pero eso no significa que ahora quiera volver. Lo único que deseo es regresar a casa —replicó al tiempo que pensaba en su empleo en la escuela de equitación. Odiaba la idea de abandonar a las personas que la necesitaban—. Tengo compromisos en Inglaterra.
—¿Más bailes de caridad para aparecer casi desnuda en una presentación de modelos? —inquirió con una mirada sardónica—. Si te aflige perder la oportunidad de desfilar en las pasarelas, puedes vestirte y desvestirte para mí. Te aseguro que seré un espectador muy atento. Y además, te encantará saber que vas a disponer de un armario lleno de vestidos que servirán para distraerte.
—Es posible que tamaña generosidad haya sido suficiente para garantizar tu éxito con todas las mujeres del planeta —replicó con fingida dulzura—. Pero no funciona conmigo.
—No creo que éste sea el momento adecuado para hablar de nuestras experiencias pasadas.
—Yo no tengo un pasado. Lo bueno de haber mantenido una relación a tan temprana edad con un tipo como tú es que fue una lección imposible de olvidar.
—Pierdes el tiempo si intentas sugerir que has vivido como una monja desde nuestro último encuentro. Nadie que te haya visto en una pasarela con un bañador como el que luciste esta noche te acusaría de inocencia sexual, laeela,
Con el ceño fruncido, Miley se dio cuenta de que era víctima de su propia estratagema.
—Nick...
—Déjalo ya —ordenó con una chispa amenazante en los ojos oscuros—. Soy lo suficientemente moderno para aceptar que tienes un pasado, pero no estoy dispuesto a hablar de ello.
—No hay nada moderno en ti, Nick. Te quedaste estancado en la Edad de Piedra. Y en lo que se refiere a las mujeres, te aseguro que la mentalidad de un camello es más avanzada que la tuya.
—Veo que aún no eres capaz de superar la incontrolable necesidad de verbalizar todos los pensamientos que pasan por tu cabeza —observó amablemente.
Miley apretó los dientes.
—En mi país las mujeres tienen derecho a hablar.
—En el mío también, sólo que las que tienen sentido común aprenden a medir sus palabras. Deberías intentarlo alguna vez.
—Si no te gusta mi modo de ser, hay una solución muy sencilla. Llévame de vuelta al aeropuerto.
Nick le lanzó una mirada divertida.
—Me gusta cómo eres —dijo con suavidad—. Si no fuera así, no me casaría contigo.
—¡No te casarás conmigo! Ya te dije que no va a funcionar, así que llévame al aeropuerto antes de que vuelva a trastornar tu vida.
—Dejemos de discutir, Miley. Necesitamos pasar un tiempo juntos antes de la boda. Por eso iremos a Nazaar y no a mi palacio de Fallouk. Así tendremos tiempo de reanudar nuestra relación sin interferencias de los demás.
—¿Reanudar la relación? Nunca me conociste, Nick. ¡Y no necesito unas vacaciones contigo! Tengo cosas que hacer. Debo... —Miley se paró en seco al darse cuenta de que había estado a punto de confesar que tenía un trabajo estable. Pero ese secreto nunca lo compartiría con un hombre que le había hecho tanto daño. No le importaba que pensara que no era más que una mujer frívola adicta a las fiestas—. Tengo mi vida en Inglaterra.
Él la miró con expresión divertida.
—Cuando seas mi esposa, tendrás muchas oportunidades de ir lujosamente ataviada a las numerosas reuniones sociales a las que tendremos que asistir.
—¿Eso es todo lo que deseas de tu esposa?
No había cambiado. Todavía pensaba en una esposa como un objeto decorativo, se dijo la joven al tiempo que luchaba por no mostrar el desprecio que sentía en ese momento.
Nick volvió el rostro para ocultar su mirada y se encogió de hombros.
—Necesito una reina que sepa comportarse en sociedad, que sepa alternar y divertir a los invitados. Es importante elegir a alguien que conozca su trabajo y que esté a la altura de las circunstancias.
¿Trabajo? ¿Cómo podía ser tan poco romántico?
—¿Y de pronto has decidido que yo soy la mujer adecuada? —preguntó con sarcasmo.
—Has aprendido a desenvolverte en público.
Ruborizada, Miley recordó que la última vez que habían estado juntos se había comportado de modo muy inconveniente.
—Te avergonzabas de mostrarme en público.
 

Niley 11 - La mujer del sultan




Y así fue.
Al amanecer del día siguiente, una doncella se presentó en la tienda con una vestimenta adecuada para viajar, y tras ayudarla a vestirse, la escoltó hasta un todoterreno.
Tras el volante se encontraba el hombre que había conocido en la playa, aunque esa mañana llevaba vaqueros y una camisa abierta en el cuello.
—Espero que haya dormido bien, señorita Cyrus —saludó con una sonrisa.
—¿Usted va a conducir? —preguntó al instalarse junto a él—. Creía que un príncipe siempre estaba rodeado de guardaespaldas.
—Cuando es necesario —repuso enfilando hacia el camino que se adentraba en el desierto—. Tardaremos dos horas en llegar al fuerte de Giga. Allí desayunaremos.
Miley se volvió hacia él, tan emocionada por la perspectiva de visitar un lugar histórico que olvidó completamente su decisión de tener cuidado con lo que decía.
—Usted da muchas órdenes, ¿no es así? Un poco como mi padre. También sufre de un exceso de autoritarismo. Siempre le digo que en lugar de dar órdenes se acostumbre a pedir lo que desea.
—Si los negocios se hicieran de esa manera se conseguiría muy poco.
—¡Eso es una tontería! —exclamó al tiempo que se abrochaba el cinturón de seguridad—. A la gente le molesta recibir órdenes.
—¿La estoy molestando, señorita Cyrus?
—No, yo... yo estoy muy contenta de que me enseñe lugares interesantes.
—Intentaré recordar que debo pedir antes de ordenar y usted pondrá más atención a las palabras que salen de su boca —dijo con una sonrisa.
—Ni siquiera sé cómo llamarlo, ¿Su Excelencia?
La mirada del príncipe se posó en la boca de la joven y luego volvió al camino.
—Puedes llamarme Nick.
Y así fue cómo cambió la vida de Miley.
Todas las mañanas se vestía rápidamente y luego se acomodaba en el todoterreno, ansiosa por descubrir dónde la llevaría Nick ese día.
A finales de la primera semana dejó de soñar con Nadia y su sultán y sus noches se llenaron de cálidos sueños eróticos con Nick, su hombre del desierto.
Cuando el mes llegaba a su fin, se había enamorado de él.
Hablaban de todo y ella se olvidó de no mostrarse tan franca y abierta. Bajo la fascinante mirada oscura de Nick, reveló todo lo que sentía y pensaba.
Y finalmente, él la llevó a las Cuevas de Zatua.
—Es un extraño lugar para vivir una relación amorosa, ¿verdad? —comentó Nick con la voz enronquecida mientras se adentraban en la semipenumbra de la caverna.
—Creo que es un lugar terriblemente romántico. Me pregunto si a Nadia le asustaba esperar a su amante en este lugar oscuro y vacío...
—¿Estás asustada? —preguntó con voz aterciopelada y ella se estremeció.
—No.
—¿Entonces por qué estás temblando? —preguntó al tiempo que le tomaba la mano.
Con el corazón latiendo aceleradamente en el pecho, Miley tragó saliva, consciente de la firmeza de la mano en la suya.
—¿Crees que se reunían en este mismo sitio?
—Este es el lugar más profundo de la caverna. El único sitio en que podrían haber asegurado la intimidad que necesitaban. Aquí estaban absolutamente solos y ya no eran el sultán y su amante; tan sólo un hombre y una mujer.
—Nadia debió haber sabido que el sultán la iba a rechazar.
—No la rechazó. Le ofreció convertirse en su amante.
—El verdadero amor merece algo más que sexo —protestó Miley, casi sin aliento.
—El poder del sexo no se debe subestimar, Miley —dijo al tiempo que la volvía hacia él y luego colocaba las manos sobre sus hombros—. Los sentimientos entre un hombre y una mujer a veces son tan poderosos que trascienden el sentido común. Llegan a ser lo único importante en la vida.
Ella lo miró, conmocionada por la intensidad de las sensaciones que recoman su cuerpo.
La boca de Nick estaba peligrosamente próxima a la suya y la joven sintió una desconocida y cálida sensación en el vientre.
Con el pulso acelerado, Miley alzó la mirada hacia él.
—Nick —musitó con los ojos cerrados.
Cuando sus labios se encontraron, perdió la capacidad de pensar.
Fue el beso que siempre había soñado.
La boca de Nick era cálida y exigente mientras ceñía el cuerpo de la joven contra el suyo.
Luego Miley sintió que le abría el pasador con que se recogía el pelo y que hundía las manos en sus largos cabellos mientras exploraba su boca con erótica pasión.
Los dedos se deslizaron por el cuello y luego rozaron el pezón endurecido de uno de sus pechos.
Miley sintió el agudo aguijonazo del deseo mientras la boca de Nick seducía la suya ordenándole una respuesta. Y Miley le dio lo que pedía. El mundo dejó de existir para ella, anidada en la calidez del deseo que acababa de despertar, dispuesta a darle todo lo que pidiera.
Abrumada por la emoción, le rodeó el cuello con los brazos.
—Te amo —murmuró contra su boca—. Ha sido el mes más hermoso de mi vida.
Nick alzó la cabeza y sus ojos oscuros escrutaron el rostro de la joven.
—Eres muy joven, laeela, y extremadamente hermosa —comentó pensativamente al tiempo que le acariciaba los cabellos—. Me gustas.
—¿De veras?
Miley intentó ocultar su desilusión.
«Me gustas» no era exactamente «te amo», pero al menos era un comienzo.
Nick se volvió al oír que llamaban en la entrada de la cueva.
—Desgraciadamente, parece que tendremos que regresar a Nazaar —dijo con los hombros tensos y una chispa de irritación en la mirada—. Se hace tarde y me necesitan.
—¿Por qué no les ordenas que se marchen? —pidió ciñendo su cuerpo contra él.
—Desgraciadamente no es posible —repuso Nick con un toque de humor en la mirada—. Hay un tiempo para los negocios y un tiempo para el placer. Tenemos que regresar.
Miley le asió el brazo.
—¿Volveré a verte?
—Confía en mí, laeela —murmuró poniendo un dedo en los labios—. Te prometo que estaremos juntos. Y el placer será mucho mayor tras la espera.
Ella no quería esperar, pero al no tener más alternativa, se consoló pensando que él sentía lo mismo que ella.
No cabía duda de que él también la amaba.
Hizo todo el camino de regreso al campamento ensimismada en su ensoñación. Todavía soñaba cuando su padre fue a buscarla a la hora de la cena.
—¡No puedo creer que no me lo dijeras, Miley!
—¿Decirte qué, papá?

Niley 10 - La mujer del sultan




—¿Conoce al príncipe?
—No, pero tal vez sea mejor —afirmó al tiempo que se encogía de hombros—. No sabría qué decirle a un príncipe. Mi padre teme que pueda decir algo inconveniente y ofender a alguien. Es un don especial que tengo. No quiero estropearle sus negocios, así que desde que llegamos al país me he mantenido callada y me limito a dar cortos paseos en soledad.
—Eso parece muy aburrido. Tal vez para el príncipe sería una agradable novedad departir con una mujer que dice lo que piensa.
—Bueno, mi padre siempre alega que mi boca se mueve antes que mi cerebro. La verdad es que la coordinación verbal y mental no es mi fuerte.
Nick se echó a reír.
—¿Le interesa conocer nuestro país, señorita Cyrus?
—Por supuesto, pero desgraciadamente no es tan sencillo.
—¿Por qué no?
—Porque no me puedo internar en el desierto por mi cuenta.
—Si de verdad lo desea, todo se puede solucionar. ¿Hay algo que le gustaría ver en particular? —preguntó con suavidad. Su voz era grave y ella se preguntó dónde había aprendido a hablar inglés tan correctamente.
—Quisiera visitar el fuerte bizantino de Giga, pero lo que más me gustaría es ir a las Cuevas de Zatua.
—¿Conoce la leyenda de Zatua?
Pensando en ella, Miley paseó la mirada por el rico y exótico color de las dunas.
—Nadia, una joven de la localidad se enamoró locamente de un hombre y más tarde descubrió que era el sultán que, de incógnito, pasaba un tiempo con su tribu —empezó a narrar—. Él también se enamoró de la joven, pero había un abismo social entre ellos, por tanto decidieron mantener la relación en secreto y optaron por reunirse en las Cuevas de Zatua —dijo al tiempo que se volvía hacia él con los ojos nublados de emoción —. Sin embargo, el sultán no estaba preparado para desafiar las expectativas de su pueblo si se casaba con ella, así que cortó la relación. Nadia quedó tan desolada que se quitó la vida.
Nick la miró con expresión divertida.
—Creo que la leyenda se ha modificado ligeramente a lo largo de los años. El sultán bien pudo haberla llevado al Harén. No veo por qué tuvieron que vivir su romance en una cueva oscura. Y tampoco entiendo por qué ella se suicidó cuando pudo haber sido la favorita. Pero a los turistas les gusta oír la historia de un romance que acaba en tragedia.
Miley frunció el ceño.
—Nadia lo amaba. No quería ser sólo su amante, quería ser su esposa. Tal vez se negó a entrar en el Harén.
—Habría sido un gran honor ser la amante del sultán —observó suavemente, con los ojos fijos en el rostro de la joven.
—No creo que sea un gran honor para una mujer compartir la cama solamente. El harén es un lugar dónde sólo se practica el sexo, y.... —alcanzó a decir y se ruborizó, turbada por el humor indulgente que vio en sus ojos—. De acuerdo, tal vez digo disparates...
—Empiezo a comprender la preocupación de su padre, señorita Cyrus.
La joven se mordió el labio al tiempo que se despejaba un mechón de pelo de la cara.
—En realidad no sé en qué consiste el honor de compartir la cama con un hombre esperando el momento en que se canse de una. Es insultante. Una mujer desea mucho más que eso.
—Él era el sultán y no podía casarse con una mujer de clase inferior a la suya, simplemente porque ella no habría sido la esposa adecuada.
—Si estaban enamorados, no habría importado. Por último, el sultán pudo haber abdicado, si eso era lo que les impedía estar juntos.
—¿Y qué hay de la responsabilidad con su pueblo?
—Seguro que su pueblo habría deseado verle feliz.
Se produjo un largo silencio.
—¿Qué edad tiene?
—La semana pasada cumplí dieciocho años. Pero no sé qué tiene que ver con lo que estamos hablando.
—Usted es muy joven y tiene un concepto ingenuo y romántico de la vida. Y del amor. Ojalá que nunca pierda su idealismo, señorita Cyrus.
—¿Usted trabaja para el príncipe? ¿Lo conoce bien?
Un brillo irónico iluminó su mirada.
—Muy bien —respondió. Repentinamente, Miley se dio cuenta de quién era y cerró los ojos, mortificada—. No se preocupe, a pesar de lo que piensa no ha dicho nada que pueda avergonzarla, ni tampoco a su padre. Encuentro su franqueza inusitadamente estimulante.
Miley guardó silencio, consciente más que nunca de su ineptitud para alternar con la gente de la alta sociedad. Desde la muerte de su madre había luchado para sentirse más cómoda en el ámbito social en el que tenía que moverse, pero carecía de experiencia en el trato con la realeza.
—Ha venido aquí para negociar con mi padre sobre el oleoducto, ¿no es así? —observó, finalmente—. Su padre, el sultán, no desea su construcción. Prefiere que las cosas se mantengan como siempre han estado, pero el país necesita fomentar su economía.
—Parece experta en la política de Tazkash.
Miley se mordió el labio y luego le dirigió una leve sonrisa.
—Sería agradable conocer algo más mientras estoy aquí —murmuró.
—Para mí será un honor enseñarle los lugares de interés turístico, señorita Cyrus. Déjelo en mis manos.