lunes, 3 de diciembre de 2012

Jemi 09 -Corazones heridos



Aquel día de turismo por la ciudad con Joe estaba siendo uno de los mejores de toda su vida, se diría Demi más tarde. Parecía que conociese la ciudad como la palma de su mano, y mientras caminaban les iba relatando hechos históricos poco conocidos sobre ella.

-¿Cómo sabes tanto de Nueva York? -inquirió Rory cuando estuvieron de regreso en el piso de Demi esa noche.
-El mejor amigo que tuve en mi época de instrucción era de aquí -le confesó Joe-. ¡Era una mina de información!

Demi se rió.

-Yo tengo una amiga a la que le pasa igual, sólo que con Nassau -dijo-. Es modelo, y ahora está haciendo unos posa­dos... ¡en Rusia nada menos!
-¿Y con qué ropa posa?
Demi le lanzó una mirada maliciosa.
-Con trajes de baño.
-¡Me tomas el pelo!
-¡No! Parece que a algún cerebro pensante se le ha ocu­rrido que resultaría sexy que posara con el Kremlin de fondo en bañador... con botas y un abrigo de pieles.
-¿No será porque, si posara con pieles aquí, los defenso­res de los animales se le echarían encima? -inquirió Joe.
-Es piel sintética -le explicó ella riéndose-. Aunque es muy cara, y parece auténtica.
-¿Te apetece un sándwich, Joe? -le preguntó Rory desde la puerta de la cocina.
-No, gracias, Rory. Me marcho ya a mi hotel a descansar -contestó él con una sonrisa-. Pero lo he pasado muy bien.
-Yo también, Joe -le dijo Rory con sinceridad-. ¿Te veremos mañana?
-Sí, ¿te veremos? -lo secundó Demi.

Joe miró primero a Rory, que estaba observándolo ex­pectante, y luego a Demi, que estaba sonriéndole.

-Claro, ¿por qué no? -murmuró Joe, sonriendo tam­bién-. Si os atrevéis podemos hacer un tour por los museos de la ciudad.
-¡Genial!, ¡me encantan los museos! -exclamó Rory en­tusiasmado.
-Bueno, mientras no tenga que posar, contad conmigo -dijo Demi con un suspiro-. Todavía no me he repuesto de aquella vez que tuve que posar en uno, recostada contra una estatua de Rodin, durante cuatro horas, y con una pierna levantada.
-¿No será la estatua que creo? -inquirió Joe malicioso, riéndose suavemente al ver que Demi enrojecía.
-Estoy segura de que era una en la que las figuras esta­ban completamente vestidas -mintió ella. Joe sacudió la cabeza.
-Ya, ya... -farfulló-. Bueno, ¿a qué hora soléis levantaros en vacaciones?
-A las ocho -respondió Rory.

Demi asintió con la cabeza.

-No somos trasnochadores -le dijo a Joe-. Rory está acostumbrado a la rutina militar, que comienza al alba, y yo tengo que levantarme incluso antes para llegar a mi hora a los estudios de rodaje.
-Ya veo -respondió él-. Conozco una panadería cerca de aquí, donde venden bollos de canela, pasteles de almen­dra, donuts rellenos... y todo hecho por ellos.
-No podemos tomar bollería -le dijo Rory apenado. Se­ñaló a su hermana-.Demi no tiene un ápice de fuerza de vo­luntad. Cuando entra en casa algo dulce, no puede resistirse.

Ella se echó a reír.

-Tiene razón. Mi vida es una lucha constante contra los kilos de más. Para desayunar tomamos beicon y huevos; sólo proteínas; nada de harinas.
-Eso también me recuerda a mis años de instrucción... -suspiró Joe-. En fin, ¿qué se le va a hacer? ¿Desayunamos aquí, entonces? Pero tendrás que hacer café, porque soy in­capaz de empezar el día sin una buena taza -le advirtió a Demi con un sonrisa sincera.

Era la primera vez en mucho tiempo que sonreía a una mujer de esa manera... a excepción de Miley Cyrus, claro, pero ahora estaba casada con su mejor amigo.

-Bueno, pues yo me voy a tomar un sándwich antes de irme a la cama -dijo Rory-. ¡Buenas noches, Joe, nos ve­mos mañana!
-Cuenta con ello -respondió él.
Tomó la mano de Demi y la llevó al vestíbulo con él.
-Miraré la cartelera para ver si hay algo interesante de ópera o ballet, por si quisieras...
-Cualquiera de las dos cosas me encantaría -exclamó Demi.
-¿Y la música clásica, te gusta también? -inquirió Joe.

Ella asintió con entusiasmo.

-En fin, supongo que no me moriré por llevar traje por una noche -suspiró Joe.
-Si no recuerdo mal llevaste a Miley Cyrus a un ballet en Houston -le dijo Demi, con un atisbo de celos que no pudo disimular.
Sorprendido, Joe escrutó sus ojos con una mirada tan intensa que Demi enrojeció.
-Ahora se llama Miley Jonas -le recordó él-.Y sí, es verdad que la llevé. No había ido nunca a un ballet.
-Y yo que creía que era una niña mimada... -dijo Demi-. ¡Qué equivocada estuve respecto a ella desde el principio! Es una mujer muy especial. Nick es muy afortu­nado.
-Sí que lo es -admitió Joe a regañadientes. Todavía te­nía clavada en el corazón la espinita de que Miley hu­biera escogido a su amigo y no a él-.Y están los dos locos con sus mellizos.
-Los niños son un regalo del cielo -dijo Demi-. Cuando me hice cargo de Rory ya tenía cuatro años, pero era adorable -añadió con una sonrisa melancólica-. Con un niño cada día es una aventura.
-Supongo que sí.Yo no tuve la oportunidad de compro­barlo -murmuró Joe.
Demi alzó la vista sin comprender, y la expresión en las recias facciones de Joe la dejó aún más confundida.
-Tengo que irme -farfulló él, apartando la vista-. Te veré por la mañana.

Le soltó la mano y salió por la puerta, dejándola allí plantada. Tenía la sensación de que había algo en su pasado que le había hecho mucho daño, algo relacionado con los niños. Nick le había dicho que creía que había estado ca­sado, pero no sabía nada más. Joe Miller era un verdadero enigma, pero se sentía atraída por él como jamás se había sentido atraída por otro hombre.

A la mañana siguiente, Joe se presentó a las ocho en punto en el piso de Demi con una cafetera niquelada en una mano, y una bolsa de papel en la otra.

-Pero si he hecho café -le dijo Demi contrariada. Joe levantó la cafetera.
-Capuchino a la vainilla -le dijo pasándosela bajo la na­riz-: mi única debilidad... bueno, a excepción de esto -aña­dió agitando la bolsa de papel.
-¿Qué hay ahí? -inquirió ella, siguiéndolo a la cocina.
La mesa ya estaba preparada, y Rory estaba sentado, es­perándolos para empezar.
-Bollos rellenos de crema -contestó Joe-. Lo siento, pero no puedo renunciar al azúcar. Creo que es uno de los cuatro grupos de alimentos principales junto con el choco­late, los helados, y la pizza.

Rory se echó a reír, y Demi lo secundó.

-Es increíble -comentó ella, recorriendo con la vista su cuerpo musculoso-; viéndote nadie diría que hayas probado jamás nada de grasa ni de azúcar.
-Hago ejercicio cada día -le confesó Joe-. No tengo más remedio. Nos hacen los uniformes justos para que va­yamos marcando músculo -bromeó flemático, quitándose la chaqueta de cuero negra que llevaba.
La colgó sobre el respaldo de la silla, y los ojos de Demi se vieron atraídos como imanes por sus bíceps, que resalta­ban bajo el polo de manga larga.
-¿Y bien? -la picó Joe, sentándose.
Demi suspiró.
-Sólo miraba -farfulló lacónica.
Aprovechando que Rory se había ausentado para ir al servicio, Joe agarró la larga falda de Demi y la atrajo hacia su silla.
-Pues, si juegas bien tus cartas, quizá me quite la camisa algún día para ti -le susurró seductor.
Demi no supo si reírse o reprenderle por intentar ha­cerla sonrojar. Nunca sabía si hablaba en broma o en serio.
-Aunque tendrás que ganártelo, claro está -le advirtió Joe-. No soy un hombre fácil.
Esa vez Demi sí se rió, y, al hacerlo, sus ojos brillaron como esmeraldas.
Joe sonrió.
-Ten. Toma un bollo de crema. He traído suficientes para que podamos comer los tres.
Demi metió la mano en la bolsa, consciente de su mi­rada sobre su rostro.

1 comentario:

Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..