lunes, 3 de diciembre de 2012

Jemi 10 -Corazones heridos



-Tienes una piel preciosa; incluso sin maquillaje -dijo Joe con voz ronca-. Parece de seda.
Cuando Demi giró la cabeza hacia él sus ojos se encon­traron, y sintió cómo el corazón le daba un vuelco. Dios, era tan sexy...
-¿En qué piensas? -inquirió él en un murmullo.
-Estaba pensando que seguramente sabes todo lo que hay que saber sobre las mujeres -le confesó ella queda­mente.
Joe entornó los ojos.
-Y tú, en cambio, no sabes casi nada sobre los hombres. Los ojos de Demi se llenaron de lágrimas.
-Tampoco es que haya querido -musitó, bajando la vista a los bien definidos labios de Joe.
-Ten cuidado, Demi: podrías quemarte -le advirtió él-; hace mucho que no he tenido relaciones con una mujer.
-Sé que tú nunca me harías daño -susurró ella, alzando el rostro y enfrentando su mirada inquisitiva-. Querría... ¡oh, Joe, querría...!
-¿Querrías... qué? -la instó él, apretando la mandíbula cuando inspiró y su fragancia le inundó las fosas nasales.

Demi estaba tan cerca de él, que podía ver latir la vena en su garganta. Quería estrecharla entre sus brazos y besar sus hermosos labios hasta dejarlos hinchados.
Aquel mismo deseo estaba apoderándose de Demi. Bajó la vista a la boca de Joe, y se preguntó qué sensación ex­perimentaría si lo besase apasionadamente, si se fundiese con él en un beso como el que había escenificado ante las cámaras con su compañero de rodaje para la película que habían hecho en el rancho Jonas.
Casi podía imaginar el sabor de los masculinos labios de Joe, y se notaba el cuerpo hinchado y dolorido por la ex­citación contenida. Era como una sed que ni toda el agua de un río podría llegar a saciar.
Sus carnosos labios se entreabrieron, y aspiró con brus­quedad.

-Querría que...

El ruido de la cisterna los hizo separarse. Olvidando el bollo de crema, Demi se fue al fregadero a lavarse las manos porque necesitaba algo que detuviera su temblor.
Rory volvió en ese momento, ignorante de haber inte­rrumpido un momento íntimo entre los adultos, y tomó un bollo. Al cabo de un rato Demi se puso café, le sirvió a su hermano zumo de naranja, y se sentó a la mesa como si nada hubiera ocurrido.

El primer lugar donde fueron aquella mañana fue el mu­seo de Historia Natural, para visitar la exposición ampliada sobre dinosaurios en la cuarta planta. Había una larga cola por las novedades en la programación del museo, entre las que había un documental sobre Albert Einstein y una tienda de regalos con el científico como tema, y tardaron más de una hora en llegar a la taquilla y comprar las entra­das.

Rory iba de un fósil a otro, y subió incluso a lo más alto de una escalera de caracol metálica que se alzaba junto al mayor de los esqueletos para poder ver desde arriba los enormes omóplatos y las articulaciones de las caderas.

-Le encantan los dinosaurios -le dijo Demi a Joe, mientras recorría junto a él la exposición.

Se había puesto una blusa de seda blanca, una falda larga de terciopelo verde, botas, y una chaqueta negra de cuero. El cabello se lo había dejado suelto, y aunque apenas llevaba maquillaje, atraía las miradas tanto de hombres como de mujeres.

Joe se sintió de pronto orgulloso a su lado. No se podía negar que era muy hermosa, pero para él su belleza no estri­baba tanto en su apariencia externa como en su corazón de oro, en lo que llevaba dentro... lo que verdaderamente contaba.

-A mí también me gustan -contestó-. Estuve aquí hace años, pero no pude verlos porque estaban remodelando esta exposición. Son impresionantes.
Demi se inclinó sobre un cartel para leerlo.
-¿Cómo no te has traído las gafas? -inquirió Joe.
-Porque soy un desastre andante cuando las llevo puestas -contestó ella, riéndose vergonzosa-. Las limpio con lo que tenga a mano, y siempre acabo rayando las lentes.Ya he te­nido que cambiarlas dos veces.
-Ahora venden unas lentes especiales que no se arañan con facilidad -comentó Joe.
-Lo sé, son las que tienen mis gafas. Por desgracia no son a prueba de personas descuidadas como yo -respondió ella, encogiendo uno de sus bonitos hombros-. Me pondría len­tillas si pudiera, pero mis ojos no las aguantan. Me producen infecciones.

Joe extendió una mano grande y fuerte y tomó entre sus dedos un mechón del cabello de Demi, comprobando su suavidad y dando un paso hacia ella.

-Da la impresión de que tu pelo esté vivo -murmuró-. Había visto este color en otras mujeres, pero nunca me ha­bía parecido tan natural.
-Es que es natural -contestó ella, notándose las rodillas temblorosas por la proximidad de Joe.

Olía a colonia y jabón, olores frescos y seductores. Puso las manos sobre el frontal del polo, regocijándose en su cali­dez, y en la sensación, como de almohadillado, del vello de su tórax bajo sus palmas.
Un deseo casi irrefrenable de subirle el polo y tocarlo la invadió de pronto, dejándola sin aliento. No se había sen­tido tan excitada en toda su vida.

-¿Y no hay nada artificial en ti? -la provocó Joe.
-Nada fisico -contestó ella.
Joe escrutó los ojos verdes de Demi durante más tiempo del que había pretendido, y notó cómo se le tensa­ban las facciones.
Ella estaba segura de que se estaba dando cuenta de lo nerviosa que estaba, pero no podía evitarlo. Era un hombre tan masculino que despertaba todo lo que había de feme­nino en ella.
-No me fio de las mujeres.
-Pero estuviste casado -apuntó ella.

Joe asintió con la cabeza, y enredó el mechón entre sus dedos con una expresión angustiada.

-Estaba muy enamorado de ella.Y creía que ella sentía lo mismo por mí -dijo-. Sólo después me daría cuenta de que el único motivo por el que estaba conmigo era mi dinero.
Un escalofrío recorrió la espalda de Demi.
-Hay tantas cosas en tu pasado de las que no quieres ha­blar... -murmuró-, tantas cosas que no sé de ti...
-Me cuesta confiar en la gente -respondió Joe-. Si te abres a los demás te vuelves vulnerable, y pueden acabar ha­ciéndote daño.
-¿Y para ti la solución es no dejar que se te acerque na­die? -inquirió Demi.
-¿Acaso no es lo mismo que haces tú? -le espetó Joe-.A excepción de Rory y de Nick te cierras a todo el mundo... especialmente a los hombres.
Demi tragó saliva.
-He tenido muy malas experiencias con los hombres... a excepción de Cullen -dijo-, y nunca hubo nada entre no­sotros. Le gustaban las mujeres como amigas, pero fisica­mente le producían rechazo.
-¿Lo amabas?
-A mi manera -respondió Demi, sorprendiéndolo-. En toda mi vida sólo él y otra persona se portaron bien con migo sin esperar nada a cambio. No puedes imaginarte cuántas proposiciones deshonestas me han hecho hombres de mi entorno laboral -añadió con una sonrisa cínica-. Me ha llevado años perfeccionar la manera de rechazarlas sin que tomaran represalias contra mí.
-No es que disculpe a esos tipos, pero en cierto modo es comprensible -farfulló Joe-; eres el sueño hecho realidad de cualquier hombre.
El corazón de Demi dio un brinco.
-¿También el tuyo? -le preguntó en un tono burlón. Sin embargo, la pregunta iba en serio. Quería que la de­seara, como jamás había querido nada en toda su vida. Joe soltó el mechón 
de Demi.
-Quizá lo sean para ti, pero para mí no -replicó ella, buscando con la mirada a su hermano.

1 comentario:

  1. dios este par me quieren matar o que ? aaaaaaaaaaaaaaa amo esta nove

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..