lunes, 3 de diciembre de 2012

Jemi 11 -Corazones heridos



-Yo hace años que decidí olvidarme por completo de las mujeres.
-¿Y no te sientes solo? -quiso saber ella. -¿Y tú? -le preguntó él a su vez.
Demi suspiró, escrutando soñadora sus recias facciones.
-Me asustan las relaciones serias -contestó con voz ronca-. Lo he intentado con dos o tres tipos que me pare­cieron buenas personas, pero ninguno de ellos estaba intere­sado de verdad en mí, ni querían conocerme mejor... sólo me querían en su cama.

Joe entornó los ojos.

-Después de lo que te pasó... ¿puedes?
Demi bajó la vista a su tórax, donde bajo el estrecho polo que llevaba, se dibujaba el relieve de los músculos.
-No lo sé -respondió con sinceridad-. Nunca lo he... intentado.
-¿Y querrías intentarlo?
Demi se mordió el labio inferior y frunció el entrecejo, mirando el dinosaurio que tenía delante sin verlo en abso­luto.
-Tengo veintiséis años, Joe, y no estoy dispuesta a arriesgar más veces mi corazón para que me lo rompan.Tengo a Rory, una carrera... y soy moderadamente feliz. No me hace falta más.
-No es verdad. La vida que llevas es una vida a medias.
-También lo es la tuya -le espetó ella, alzando la vista hacia él.
-Tengo una razón aún mejor que la tuya para vivir como vivo -contestó Joe con aspereza.
-Pero no vas a contármela -adivinó ella-. No confías lo bastante en mí como para hacerlo.
Joe hundió las manos en los bolsillos del pantalón y la miró irritado.
-Estuve casado una vez, hace años. Era la primera vez en mi vida que estaba enamorado de verdad. Incluso íbamos a tener un hijo. El día que me dijo que estaba embarazada me puse loco de contento. Yo no quería que hubiese secretos entre nosotros, y pensé que debía hablarle de lo que había sido mi vida antes de que nos casáramos -el brillo que ha­bía en sus ojos se tornó frío-.Y así lo hice. Se sentó y me escuchó. Estaba muy calmada, y se limitó a escucharme sin decir nada, como si lo comprendiera. Se había puesto algo pálida, pero no era de extrañar, porque algunas de las cosas que le relaté, cosas que tuve que hacer por mi trabajo, eran terribles, realmente terribles -le explicó dándole la es­palda-. Tuve que salir unos días de la ciudad por negocios, y se despidió de mí con total normalidad, como si nada hu­biese pasado. Regresé con regalos para ella y también con alguna cosa que había comprado para el bebé, aunque sólo estaba de unas semanas. Estaba esperándome en la puerta, con las maletas hechas.

Se inclinó hacia delante, apoyándose en la baranda que se asomaba a la planta inferior, y siguió hablando sin mirar a Demi.

-Me dijo que había ido a una clínica para abortar mien­tras estaba fuera, y que también se había puesto en contacto con un abogado para tramitar nuestro divorcio. Justo antes de salir por la puerta me dijo que no iba a traer al mundo al hijo de un hombre capaz de asesinar a sangre fría.

Demi había intuido desde el momento en que se habían conocido que había algo traumático en su pasado. De pronto todo encajaba, como los celos que destilaban sus pa­labras cada vez que mencionaba a los mellizos de Nick y Miley. Debía haber sido terrible para él, pensó, sintiendo su dolor como propio. La halagaba hondamente que le hubiera confiado algo tan personal.

-¿No vas a decir nada? -inquirió él, sin volverse, en un tono sarcástico.
-¿Era muy joven? -le preguntó Demi. -Tenía mi misma edad.
La joven bajó la vista a las manos de Joe. Su rostro no reflejaba emoción alguna, pero tenía los nudillos blancos por la presión que estaba ejerciendo sobre la baranda de acero.
-Soy de la clase de personas que no pisan a un insecto si pueden evitarlo -le dijo quedamente-, igual que sería inca­paz de acostarme con un hombre sin usar algún método anticonceptivo a menos que lo amase. Creo que los hijos deben ser concebidos por amor, no por error.

Joe giró la cabeza lentamente hacia ella, y la miró con curiosidad.

-Tenía razón, Demi: soy un asesino -le dijo en un tono inexpresivo.
Ella escrutó su rostro con ojos amables. -No lo creo.
Joe frunció el ceño.
-¿Cómo dices?
-El comandante Marist me contó que formaste parte de una unidad de élite de las Fuerzas de Operaciones Especia­les -respondió Demi-, que te enviaban cuando las negocia­ciones fallaban, cuando había vidas en juego. Por mucho que digas no voy a creer que fueras un sicario, que mataras a gente por dinero. No eres esa clase de persona.

Joe parecía estar conteniendo el aliento.

-No sabes nada de mí -le dijo abruptamente.
-Mi abuela era irlandesa, y tenía un sexto sentido para intuir lo que otras personas no pueden -le explicó Demi, toda­vía con esa expresión compasiva en la mirada-.Todas las mu­jeres de nuestra familia lo tienen... excepto mi madre.
-Yo misma sé cosas que no debería saber. Presiento las cosas antes de que ocurran. De hecho, estoy muy preocupada  por Rory, porque tengo un mal presagio; tengo la sensa­ción de que nos acecha un peligro que tiene relación con él.
-No creo en esas cosas -le espetó Joe-; no son más que supersticiones.

Rory estaba en medio de un grupo de personas obser­vando un celacanto disecado que colgaba del alto techo de la sala.
Joe tenía la impresión de que Demi podía ver en su in­terior, de que se había vuelto transparente ante sus ojos, y era una sensación que no le gustaba. Era un hombre reser­vado, un hombre con secretos, y no quería que nadie escu­driñase en su mente.

-Te he enfadado. Lo siento -le dijo Demi suavemente, sin mirarlo a los ojos-.Voy a la tienda de Einstein. Rory quiere una camiseta. Me reuniré con vosotros en el vestí­bulo dentro de una hora.
Joe le agarró la mano y la hizo volver junto a él.
-Ni hablar. Iremos juntos -la tomó por la barbilla para poder mirarla a los ojos-. Como le dije a Rory una vez, sí hay algo que valoro, es la honestidad.
-No es verdad, no cuando alguien hace conjeturas sobre tu vida privada.
-Te he hablado sobre mi vida privada -le contestó él. Inspiró lentamente-. Nunca le había hablado a nadie de eso
-Supongo que tengo la clase de cara que hace que la gente se sincere -le dijo Demi con una tierna sonrisa.
-Sí que la tienes -murmuró él, acariciándole levemente la mejilla-. Escucha, Demi, tengo más secuelas psicológicas que tú por las cosas que he vivido, y eso ya es decir algo. Creo que no sería sensato que, siendo dos personas marca­das por experiencias tan terribles, iniciáramos una relación, así que sencillamente no va a suceder, y ya está.

Demi lo miró entre tímida y curiosa.

-¿Te... te habías planteado la posibilidad... de tener una relación conmigo? -inquirió, como si no pudiera creerlo.
Era obvio que la mera idea la halagaba, y aquello sor­prendió a Joe. No había imaginado que Demi pudiese sentirse atraída por él. Tenía que ser dificil para ella, con lo que le había pasado.
-Pero, después de lo que te ocurrió... -murmuró Joe. Demi dio un paso hacia él y sintió que le faltaba el aliento. -Olvidas algo: tú eres policía.
-¿Y por eso no me tienes miedo? -inquirió él, notán­dose sin aliento como ella por su proximidad y el embriaga­dor aroma floral de su perfume.
Demi encogió nerviosa uno de sus perfectos hombros. -Nick estuvo en los Texas Rangers y me sentía segura con él.
-¿Adónde quieres llegar,Demi?

La joven se mordió el labio inferior, y sus mejillas se ti­ñeron de un ligero rubor.

-No me siento exactamente... segura contigo. Haces que sienta nerviosa... temblorosa. Es como si estuviese ardiendo por dentro. No hago más que pensar todo el tiempo en cuánto me gustaría tocarte, y me pregunto... me preguntó qué sentiría si me besaras -susurró

1 comentario:

Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..