lunes, 3 de diciembre de 2012

Jemi 12 -Corazones heridos



Se habían quedado apartados del resto de los visitan­tes.
Joe no podía creer que Demi hubiese dicho lo que ha­hía dicho, pero en sus ojos podía leerse también. Parecía que estuviese en trance.
Sus fuertes manos la agarraron por la cintura, atrayéndola hacia sí, y la escuchó aspirar con brusquedad. Bajó la vista a los carnosos labios de la joven y le dijo con voz ronca:

-A mí también me gustaría tocarte, Demi. No sabes cuántas veces he imaginado el tacto sedoso de tu piel contra mi pecho -le confesó, acariciándole con los pulgares la curva exterior de los senos. Mientras hablaba, inclinó la ca­beza, dejando sus labios a sólo a unos centímetros de los de ella, y Demi pudo sentir su aliento cálido y mentolado-, o cuántas veces me he imaginado besándote, haciéndote abrir la boca, y saboreándote con la lengua.

Demi emitió un gemido ahogado. Temblorosa, apoyó la frente en su tórax mientras intentaba volver a respirar con normalidad.

-Joe... -jadeó, clavándole las uñas en el pecho.

Los pulgares de Joe se volvieron más insistentes. El de­seo estaba inundándolo como la repentina crecida de un río, y notó cómo su cuerpo se tensaba y empezaba a perder el control sobre sí mismo. Iba a dar un paso atrás, pero en ese instante Demi movió ligeramente las caderas, y sintió un latigazo de placer que lo hizo estremecer.

La joven alzó la vista, sorprendida por esa reacción in­mediata de su cuerpo. Sabía por qué a los hombres les ocu­rría aquello, pero hasta ese momento siempre le había resul­tado repugnante. En ese momento, en cambio, le pareció algo fascinante, maravilloso. Sus labios se entreabrieron mientras se miraba en sus ojos tormentosos. ¡La deseaba!

Se frotó contra él de nuevo, ansiosa por darle placer, pero las manos de Joe bajaron a sus caderas, agarrándolas con brusquedad.

-Si vuelves a hacer eso -masculló-, vamos a acabar con­virtiéndonos en el centro de las miradas de toda esta gente.
-¿Eh? ¡Oh! -murmuró ella, tragando saliva al com­prender.

Miró azorada en derredor, pero por fortuna nadie pare­cía estar observándolos.
Joe la apartó de sí y se irguió, recitando mentalmente las tablas de multiplicar para apartarla también de sus pensa­mientos. El estado de excitación en que Demi lo había puesto, por mucho tiempo que llevase sin tener relaciones, le resultaba inquietante.

La joven estaba igualmente confundida. En cuestión de segundos había pasado de la aprehensión a la más apasio­nada expectación y, de pronto, lo único en lo que podía pensar era en una cama, con Joe tumbado en ella. Casi podía imaginar su cuerpo musculoso completamente des­nudo...

Gimió levemente con la cabeza aún gacha. Se sentía in­capaz de mirarlo a los ojos.
Joe no pudo contenerse, y una suave risa escapó de su garganta, tensa todavía por el deseo. Demi era como un li­bro abierto. Era halagador saber que podía excitarla con unas caricias tan inocentes. Demi también lo excitaba, pero no se fiaba de ella. ¿0 sí? Hasta entonces nunca le había ha­blado a nadie de su esposa.

Manteniendo una discreta distancia entre ambos, Demi subió sus bonitas y cuidadas manos al frontal de la camisa de Joe, y apretó vacilante las palmas contra él. No se atrevía a alzar la vista. Nunca se había sentido tan insegura, tan tí­mida... y nunca se había sentido tan feliz, ni tan... excitada.

Las grandes manos de Joe le rodearon la estrecha cin­tura, y permanecieron así un buen rato. La gente a su alre­dedor se movía, hablaba, se reía... pero Demi y él estaban en su propio mundo. No recordaba haber experimentado nada similar en toda su vida.

-Podría acabar haciéndote daño -masculló irritado con­sigo mismo-.Y no me refiero a físicamente: soy demasiado independiente, no me abro... me he vuelto... casi incapaz de experimentar emoción alguna.

Parecía tan vulnerable... Fascinada, Demi alzó el rostro, y cuando sus ojos cafés se encontraron con los turbulentos ojos negros de él, se estremeció por dentro como si hubiese sido alcanzada por un rayo, dejando escapar un gemido ahogado.

-Pero es que yo... estoy sintiendo cosas que no había imaginado que pudiera sentir jamás.
Las manos de Joe, aún en torno a su cintura, dieron una pequeña sacudida. Apretó los dientes.
-¿No te das cuenta de que permitir esto sería un suici­dio? -le dijo con aspereza.
Recordando una frase de un libro, los ojos de Demi se iluminaron, y le susurró divertida:
-Bueno, ¿acaso quieres vivir eternamente?

Aquello disipó la tensión, y Joe se echó a reír. El rostro rde la joven irradiaba felicidad.

-Hasta hace sólo unos días no sabía si podría tener una relación con un hombre después de lo que me pasó -le confesó quedamente-, pero estoy casi segura de que con­tigo sí que podría. ¡Sé que podría, Joe!
Él la miró con la misma fascinación con que lo había mirado ella un momento antes. Escrutó en silencio sus fac­ciones, y al cabo de un rato le preguntó:
-¿Con qué fin, Demi?
-¿Fin? -repitió ella sin comprender.
No podía pensar; se notaba todo el cuerpo dolorido de deseo.
El pecho de Joe subió y bajó en un profundo suspiro.
-No quiero volver a casarme -le dijo en un tono inex­presivo-.Y no hay vuelta de hoja.

Demi abrió mucho los ojos al darse cuenta de lo que, sin pretenderlo, habían insinuado sus palabras. Al menos fue capaz de reaccionar rápido y aplicar el ingenio para evitar ponerse aún más en evidencia.

-Oye, oye... Espera un momento, amiguito -le dijo-. Eso no era una proposición de matrimonio. ¡Si apenas te co­nozco! ¿Sabes cocinar y limpiar? , ¿sabes llevar las cuentas?, ¿y zurcir un calcetín? Por no hablar de hacer la compra..., ¡porque sería incapaz de considerar seriamente la posibilidad de casarme con un hombre que no sepa hacer la compra!
Joe parpadeó a propósito dos veces, y se puso una mano tras la oreja a modo de bocina.
-¿Podrías repetir lo que has dicho? -le pidió muy edu­cado-. Tenía la cabeza en otra parte.
-Y aparte de todo eso -continuó ella sin echarle cuenta-, si algún día me caso, mi futuro marido tendrá que cumplir muchos otros requisitos, y siento decirlo, pero me temo que tú no tendrías ni la más mínima posibilidad. Así que no seas tan presuntuoso, Miller. Como mucho puedes considerarte en periodo de prueba.

Los ojos de Joe brillaron maliciosos.

-Bien -dijo insolente, encogiéndose de hombros. Demi se apartó de él, sacudiendo la cabeza.
-Te lo digo en serio: no vayas a pensarte que me tienes en el bote sólo porque haya accedido a salir contigo.Y re­cuerda que no estamos solos, así que más te vale no intentar nada.
Joe esbozó una sonrisa traviesa.
-Bien.
Demi frunció el entrecejo.
-¿No sabes ninguna palabra de al menos dos sílabas?
La sonrisa maliciosa de Joe se hizo aún más amplia.
Abrió la boca para contestar, pero Demi lo interrumpió. -¡Ni se te ocurra decirlo!
Joe enarcó las cejas.
-Seguramente tampoco creerás en el poder de leer la mente de las personas, pero acabo de leer la tuya, y si fuera tu madre te lavaría la boca con jabón.

Esa referencia a su madre borró la sonrisa de los labios de Joe, y se le mudó la expresión.

-Lo siento -murmuró Demi, contrayendo el rostro-. Lo siento mucho, Joe. No debería haber dicho eso.
Él frunció el ceño.
-¿Por qué?
Demi rehuyó su mirada y fue junto a un esqueleto pe­queño que había expuesto en una vitrina.
-Sé... lo de tu madre. Miley me lo contó.
Joe se quedó callado un buen rato antes de volver a hablar.
-¿Cuándo?
-Aquel día... después de que me hicieras llorar -le con­fesó ella, no queriendo recordar aquello-. Me dijo que no era nada personal, que simplemente no te gustaban las mo­delos... y me explicó el porqué.

3 comentarios:

  1. hay no demi es una ternurita me encantaaaaaaaa

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  2. me encantaron todo los capítulos que subiste esa Demi ya se esta soltando con Joe siguellllllllllllllllla pronto

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  3. la nove esta super interesante....
    SIGUELA POR FAVOR.....
    no me hagas esperar tanto tiempo.....
    no seas mala que me muero de la impaciencia.....
    espero q subas pronto mas capis de esta nove....no nos tengas tan abandonadas.....

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..