domingo, 9 de diciembre de 2012

Niley 07 - La mujer del sultan




Mientras todavía intentaba hacerse a la idea del fracaso de su primera proposición matrimonial, Nick se acomodó en su asiento en reflexivo silencio, a la espera del desfile de modelos. Era muy propio de ella no perder la menor oportunidad de lucirse en público. Ésa había sido una de las razones por las que la relación había fracasado.
Había visto mucho de la madre en la hija. Los detalles exactos de la muerte de Tish Cyrus no habían salido a la luz pública, pero circulaban rumores de que la muerte de esa bella mujer que vivía vertiginosamente de fiesta en fiesta se debió al abuso del alcohol, de las drogas o a una mezcla de ambos.
Con los años, Miley había llegado a parecerse más a su madre. Todas las trazas de la niña inocente habían desaparecido. La joven que lo había cautivado no había sido nada más que una ilusión. Había disfrutado de su frescura juvenil, su sentido del humor y su inesperada inclinación hacia él. En ese entonces, Miley era totalmente inconsciente de su belleza. Era modesta e incluso un poco tímida. No le interesaban las cosas materiales ni los glamurosos eventos sociales.
Sin embargo, todo había cambiado cuando se trasladaron del desierto a su palacio.
De pronto, pareció que no le preocupaba nada más que su aspecto. Una mujer que le gustaba impresionar a todos lo que la rodeaban, y que su único interés era ir de fiesta en fiesta.
Desde otro punto de vista, le había sido más fácil tratar con ella puesto que casi toda su vida se había relacionado con mujeres que solían comerciar con su belleza buscando beneficios que iban desde ostentosos regalos hasta un excelente matrimonio.
Nick echó una mirada a las jóvenes que desfilaban por la pasarela, pero ninguna era Miley.
La conocía muy bien como para saber que su petición de que renunciara al desfile sería rechazada y, sin embargo, no esperaba esa entrada bajo los reflectores y una música estridente.
Sus largos cabellos flotaban sobre los hombros y era lo único decente de su aspecto.
Se produjo un murmullo apreciativo entre los hombres que la contemplaban con admiración. Nick se mantuvo rígido en su asiento, con un rostro inexpresivo. Un leve tic nervioso en la mejilla era el único indicio de la tensión que lo consumía.
La música se transformó en un ritmo hipnótico, desvergonzadamente sensual y ella empezó a moverse al compás de la música con una gracia seductora.
El bañador estaba hecho para dejar al descubierto sus larguísimas piernas y realzar la estrecha cintura y sus pechos tentadores. Una diáfana bata flotaba alrededor de su cuerpo. Era como si se moviera a través de la niebla.
Una visión de la perfección femenina, la fantasía de cualquier hombre y Nick sintió el súbito aguijón del deseo en el bajo vientre.
Entonces concluyó que un matrimonio temporal sería beneficioso desde todo punto de vista. No sólo sería el dueño de todas las acciones de la compañía, cruciales para el futuro de su país, sino que además tendría a Miley Cyrus desnuda y a su disposición durante cuarenta días y cuarenta noches. Por ser una pareja recién casada podría justificar el hecho de mantenerla atrapada en la cama y luego se divorciaría antes de que ella tuviera la oportunidad de avergonzarlo como lo hacía en ese momento.
En un extremo de la pasarela, un hombre se levantó del asiento con una mirada de abierto deseo.
Devorado por una creciente tensión, en el interior de Nick de pronto se desató un incontenible sentido de posesión.
Esos movimientos sugerentes eran una clara incitación a los hombres y ella lo hacía deliberadamente con el propósito de provocarlo. Estaba claro que intentaba vengarse por su rechazo de hacía cinco años. Sin embargo, en lugar de obligarle a retirarse del salón, la provocativa exhibición sólo sirvió para reconciliar a Nick con la idea del matrimonio.
Sí, estaba decidido a hacerla suya.
Con una ira creciente pensó que debió haberlo hecho hacía cinco años, pero se contuvo por respeto a su inocencia, porque valoraba su pureza.
Miley llegó al final de la pasarela, y con un provocativo movimiento de cadera para inflamar al público masculino, sus ojos verdes se posaron en Nick con abierta provocación.
Ciego de ira, el sultán se puso de pie ignorando a los guardaespaldas que intentaron interceptarlo. Sin decir una palabra, alzó a Miley en sus brazos y la sacó del salón apresuradamente.
—Nick, ¿qué haces? —jadeó la joven casi sin aliento al tiempo que forcejeaba entre sus brazos. Nick no lo sabía. Era la primera vez en su vida que actuaba irreflexivamente. Sólo sabía que había obedecido a un impulso salvaje, a la necesidad primitiva de sustraer a la mujer de la mirada lasciva de los hombres—. ¡Bájame ahora mismo!
—Tú elegiste llamar la atención, laeela, y lo has conseguido —dijo con la voz enronquecida de ira y celos al tiempo que sentía la tibieza de la carne femenina contra su cuerpo excitado.
Cuando llegaron a la calle, tras acomodarla bruscamente en el asiento trasero, dio una orden al chófer en voz baja.
—Nick, no voy a marcharme contigo.
—¡Silencio! —ordenó mientras se sentaba junto a ella y se quitaba la chaqueta—. Ponte esto.
—No.
—Cúbrete —dijo en un tono tan feroz que no pudo evitar sentirse impresionado. Su reacción le avergonzó porque, a pesar de sus defectos, nunca había tratado mal a una mujer, ni nunca lo haría. Era un hombre que se sentía orgulloso de su autocontrol—. Estás casi desnuda. Cuando lleguemos a casa podrás ponerte algo más apropiado —añadió inexpresivamente al tiempo que volvía la cabeza para no ver la confusión en los ojos de la joven.
—Te comportas como un hombre de las cavernas —replicó la joven con una mirada llena de rabia.

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