domingo, 9 de diciembre de 2012

Niley 08 - La mujer del sultan




—Si fuera un cavernícola, me habría dejado llevar por mis instintos más básicos y te habría desnudado en el salón, porque eso era lo que pedías con la mirada. Y tu placer habría sido tan grande que hasta me habrías pedido que tuviera piedad de ti.
Ella dejó escapar una exclamación ahogada.
—Nunca te pediría nada —replicó con la voz enronquecida—. No quiero ir a ninguna parte contigo, así que llévame a casa, por favor —añadió mientras trataba de cubrirse con la chaqueta.
—Es un poco tarde para el recato, ¿no crees? Parece que los bailes de caridad han cambiado desde la última vez que estuve en Inglaterra. ¿Ahora es un requisito indispensable que los invitados se muestren casi desnudos?
—Todo fue por una buena causa —repuso, sin mirarlo.
—Si intentas convencerme de que realmente te interesan los actos benéficos, pierdes tu tiempo. Ambos sabemos que te aferras a cualquier excusa para lucirte en público.
«De tal madre, tal hija», pensó.
—Tienes razón —dijo al tiempo que se volvía a él, sus sorprendentes ojos verdes brillantes de ira y los suaves cabellos rubios sobre las solapas de la chaqueta—. Paso todo el día en la cama a fin de recuperar energías para pasar otra noche en una fiesta, bebiendo sin parar. ¿No es cierto que soy así, Nick?
—No intentes provocarme —le advirtió con suavidad—. La próxima vez que quieras hacer una obra de caridad, no tienes más que decírmelo y yo firmaré un cheque por una generosa suma de dinero. Así te ahorraré la molestia de desnudarte en público.
—Haré lo que me parezca —dijo mirándolo con la barbilla alzada—. Para ti la vida se reduce al dinero, ¿no es así? Al poder y a la influencia. Bueno, yo no necesito tu dinero. Tu poder y tu influencia no me interesan. No necesito nada de ti. Mis acciones y mi conducta no tienen nada que ver contigo. No me conoces. Nunca me conociste —declaró en un tono de cuidada indiferencia que a Nick no le pasó inadvertido.
—Si tú lo dices...
El coche avanzaba suave y silenciosamente en la oscuridad de la noche y la penumbra en el interior del vehículo aumentaba la intimidad entre ambos.
Con una sensación de ahogo, Nick se aflojó la corbata y abrió dos botones de la camisa. Los ojos de Miley siguieron el movimiento de los dedos largos y fuertes. En ese segundo sus miradas se encontraron y ella volvió la cabeza, pero Nick alcanzó a ver el rubor de la parte del rostro que no quedó oculta por los sedosos cabellos rubios.
La tensión sexual entre ellos se tornó casi insoportable.
—Deja de mirarme, Nick —murmuró.
Su ruego casi infantil le arrancó una sonrisa al tiempo que le confirmó que sufría igual que él.
—Tu indumentaria es una invitación para que un hombre no deje de mirarte. Fue diseñado con ese propósito —dijo con suavidad mientras su mirada se deslizaba por las largas piernas de la joven—. Posiblemente lo sabías cuando lo elegiste, ¿no?
—Me lo puse para enfadarte.
 Nick esbozó una leve sonrisa.
—Entonces no conoces a los hombres, laeela. En público me hubiera enfadado, pero en privado mis sentimientos son totalmente diferentes.
—No me interesan tus sentimientos.
—¿No? Nunca llegamos a averiguar cómo habría sido dormir juntos. Soñamos y bailamos al borde de la pasión. ¿Recuerdas los encuentros furtivos en la playa y nuestros besos en las Cuevas de Zatua? —preguntó al tiempo que le despejaba los cabellos del rostro con la mirada fija en sus labios—. He esperado conseguir la respuesta durante cinco años.
—Ojalá seas un hombre paciente, porque vas a esperar durante el resto de tu vida y todavía te quedarás esperando la respuesta —replicó con la respiración alterada—. No soy un juguete tuyo, Nick. No me puedes dar órdenes. No puedes poseerme porque así lo hayas decidido.
—Sí puedo. Sólo tengo que tocarte y serás mías. Y tú lo deseas tanto como yo.
Ella lo miro, hipnotizada.
—No es cierto. No es eso lo que deseo. Me enferma tu egolatría.
—Un gobernante que carece de confianza en sí mismo no puede inspirar la lealtad y devoción de su pueblo —declaró bruscamente al tiempo que se acercaba más a ella—. Y ambos sabemos que el problema no radica en mi ego, radica en tus sentimientos. O más bien en tu insistencia en negarlos. A pesar de que afirmes lo contrario, mentalmente me estás desnudando al tiempo que te preguntas cómo sería la unión sexual entre nosotros.
Conmocionada, Miley tragó saliva.
—Cállate, ahora mismo.
—¿Crees que entonces no me daba cuenta de tus sentimientos? A los dieciocho años no era fácil para ti ocultar tu curiosidad sexual. No has aprendido el juego, laeela. Tus ojos me seguían en todas partes y cuando me acercaba a ti no podías ocultar tu excitación.
—Eres tan arrogante —dijo ruborizada hasta la raíz de los cabellos.
—Soy sincero —repuso al tiempo que se reclinaba en el asiento con aire satisfecho—. Y mucho más que tú. Hace cinco años conocí a la niña y ahora estoy ansioso por conocer a la mujer.
—No iré contigo a ninguna parte, Nick.
—Odio tener que hacerte ver lo que es obvio, pero ya estás conmigo —replicó con suavidad.
—Un error que pienso corregir de inmediato —dijo al tiempo que miraba por la ventanilla. Entonces se volvió hacia él con el pánico reflejado en los ojos—. ¿Qué hacemos en el aeropuerto?
—Como ya te he dicho, te voy a llevar a casa. A mi casa. Vamos a Tazkash —respondió inclinándose hacia delante para hablar con el chófer. Luego se volvió a la joven que intentaba abrir la puerta—. Basta de juegos. Te vas a convertir en mi esposa, Miley. Y luego te llevaré a la cama y te mantendré allí durante el tiempo que me plazca.

3 comentarios:

  1. ahhh me encanto esta super
    ya muero por ver el que sigue se ve muy bueno
    besoooos cuidate :D

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  2. ahhhhhhhhhhhh me encanta esta super seguilaaa please

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  3. Aamoooo la noveee!!! me encantaa!!
    Esperooo el sgte ansiosisisimaaa!!!
    Beshos!!

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..