domingo, 30 de diciembre de 2012

Niley 11 - La mujer del sultan




Y así fue.
Al amanecer del día siguiente, una doncella se presentó en la tienda con una vestimenta adecuada para viajar, y tras ayudarla a vestirse, la escoltó hasta un todoterreno.
Tras el volante se encontraba el hombre que había conocido en la playa, aunque esa mañana llevaba vaqueros y una camisa abierta en el cuello.
—Espero que haya dormido bien, señorita Cyrus —saludó con una sonrisa.
—¿Usted va a conducir? —preguntó al instalarse junto a él—. Creía que un príncipe siempre estaba rodeado de guardaespaldas.
—Cuando es necesario —repuso enfilando hacia el camino que se adentraba en el desierto—. Tardaremos dos horas en llegar al fuerte de Giga. Allí desayunaremos.
Miley se volvió hacia él, tan emocionada por la perspectiva de visitar un lugar histórico que olvidó completamente su decisión de tener cuidado con lo que decía.
—Usted da muchas órdenes, ¿no es así? Un poco como mi padre. También sufre de un exceso de autoritarismo. Siempre le digo que en lugar de dar órdenes se acostumbre a pedir lo que desea.
—Si los negocios se hicieran de esa manera se conseguiría muy poco.
—¡Eso es una tontería! —exclamó al tiempo que se abrochaba el cinturón de seguridad—. A la gente le molesta recibir órdenes.
—¿La estoy molestando, señorita Cyrus?
—No, yo... yo estoy muy contenta de que me enseñe lugares interesantes.
—Intentaré recordar que debo pedir antes de ordenar y usted pondrá más atención a las palabras que salen de su boca —dijo con una sonrisa.
—Ni siquiera sé cómo llamarlo, ¿Su Excelencia?
La mirada del príncipe se posó en la boca de la joven y luego volvió al camino.
—Puedes llamarme Nick.
Y así fue cómo cambió la vida de Miley.
Todas las mañanas se vestía rápidamente y luego se acomodaba en el todoterreno, ansiosa por descubrir dónde la llevaría Nick ese día.
A finales de la primera semana dejó de soñar con Nadia y su sultán y sus noches se llenaron de cálidos sueños eróticos con Nick, su hombre del desierto.
Cuando el mes llegaba a su fin, se había enamorado de él.
Hablaban de todo y ella se olvidó de no mostrarse tan franca y abierta. Bajo la fascinante mirada oscura de Nick, reveló todo lo que sentía y pensaba.
Y finalmente, él la llevó a las Cuevas de Zatua.
—Es un extraño lugar para vivir una relación amorosa, ¿verdad? —comentó Nick con la voz enronquecida mientras se adentraban en la semipenumbra de la caverna.
—Creo que es un lugar terriblemente romántico. Me pregunto si a Nadia le asustaba esperar a su amante en este lugar oscuro y vacío...
—¿Estás asustada? —preguntó con voz aterciopelada y ella se estremeció.
—No.
—¿Entonces por qué estás temblando? —preguntó al tiempo que le tomaba la mano.
Con el corazón latiendo aceleradamente en el pecho, Miley tragó saliva, consciente de la firmeza de la mano en la suya.
—¿Crees que se reunían en este mismo sitio?
—Este es el lugar más profundo de la caverna. El único sitio en que podrían haber asegurado la intimidad que necesitaban. Aquí estaban absolutamente solos y ya no eran el sultán y su amante; tan sólo un hombre y una mujer.
—Nadia debió haber sabido que el sultán la iba a rechazar.
—No la rechazó. Le ofreció convertirse en su amante.
—El verdadero amor merece algo más que sexo —protestó Miley, casi sin aliento.
—El poder del sexo no se debe subestimar, Miley —dijo al tiempo que la volvía hacia él y luego colocaba las manos sobre sus hombros—. Los sentimientos entre un hombre y una mujer a veces son tan poderosos que trascienden el sentido común. Llegan a ser lo único importante en la vida.
Ella lo miró, conmocionada por la intensidad de las sensaciones que recoman su cuerpo.
La boca de Nick estaba peligrosamente próxima a la suya y la joven sintió una desconocida y cálida sensación en el vientre.
Con el pulso acelerado, Miley alzó la mirada hacia él.
—Nick —musitó con los ojos cerrados.
Cuando sus labios se encontraron, perdió la capacidad de pensar.
Fue el beso que siempre había soñado.
La boca de Nick era cálida y exigente mientras ceñía el cuerpo de la joven contra el suyo.
Luego Miley sintió que le abría el pasador con que se recogía el pelo y que hundía las manos en sus largos cabellos mientras exploraba su boca con erótica pasión.
Los dedos se deslizaron por el cuello y luego rozaron el pezón endurecido de uno de sus pechos.
Miley sintió el agudo aguijonazo del deseo mientras la boca de Nick seducía la suya ordenándole una respuesta. Y Miley le dio lo que pedía. El mundo dejó de existir para ella, anidada en la calidez del deseo que acababa de despertar, dispuesta a darle todo lo que pidiera.
Abrumada por la emoción, le rodeó el cuello con los brazos.
—Te amo —murmuró contra su boca—. Ha sido el mes más hermoso de mi vida.
Nick alzó la cabeza y sus ojos oscuros escrutaron el rostro de la joven.
—Eres muy joven, laeela, y extremadamente hermosa —comentó pensativamente al tiempo que le acariciaba los cabellos—. Me gustas.
—¿De veras?
Miley intentó ocultar su desilusión.
«Me gustas» no era exactamente «te amo», pero al menos era un comienzo.
Nick se volvió al oír que llamaban en la entrada de la cueva.
—Desgraciadamente, parece que tendremos que regresar a Nazaar —dijo con los hombros tensos y una chispa de irritación en la mirada—. Se hace tarde y me necesitan.
—¿Por qué no les ordenas que se marchen? —pidió ciñendo su cuerpo contra él.
—Desgraciadamente no es posible —repuso Nick con un toque de humor en la mirada—. Hay un tiempo para los negocios y un tiempo para el placer. Tenemos que regresar.
Miley le asió el brazo.
—¿Volveré a verte?
—Confía en mí, laeela —murmuró poniendo un dedo en los labios—. Te prometo que estaremos juntos. Y el placer será mucho mayor tras la espera.
Ella no quería esperar, pero al no tener más alternativa, se consoló pensando que él sentía lo mismo que ella.
No cabía duda de que él también la amaba.
Hizo todo el camino de regreso al campamento ensimismada en su ensoñación. Todavía soñaba cuando su padre fue a buscarla a la hora de la cena.
—¡No puedo creer que no me lo dijeras, Miley!
—¿Decirte qué, papá?

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