domingo, 10 de marzo de 2013

Niley 16 - La mujer del sultan




Miley tardó menos de una hora en admitir que había sido una estupidez aventurarse sola en el desierto. El camino muy pronto desapareció bajo la arena y se vio obligada a confiar en el aparato de orientación con el que no estaba familiarizada.
Aferrada al volante, Miley intentó subir una duna bastante empinada. Si lograba llegar a la cima, tal vez podría ver la carretera. Entonces apretó el acelerador, pero el todoterreno quedó atascado en el montículo. Automáticamente, giró a la derecha y las ruedas terminaron por hundirse del todo en la suavidad de la arena.
Incapaz de mover el vehículo, se reclinó en el asiento repitiéndose que tenía que conservar la calma. Pero era muy difícil lograrlo con el viento que empezaba a arreciar, la noche que se le caía encima y la imposibilidad de salir del agujero en que estaba metida.
Miley bajó del vehículo con la intención de buscar algo para meter bajo los neumáticos, y entonces vio el helicóptero. Como un amenazante insecto negro sobrevoló las dunas en dirección al vehículo y luego se posó en una explanada polvorienta. Envuelto en una nube de arena, el piloto saltó de la máquina y Miley reconoció de inmediato el cuerpo ágil y musculoso del hombre que se acercaba a ella.
Era Nick.
Con el corazón acelerado, se preguntó qué era peor, si perderse en el desierto o volver a Nazaar con el hombre del que había intentado escapar.
Miley alzó la barbilla al verlo junto a ella.
—No voy a volver contigo.
Con la túnica revoloteando al viento él la miró con severidad.
—Reconozco que he cometido muchos errores contigo, pero no es momento para discusiones. ¿Olvidaste que habían anunciado una tormenta?
—No —respondió al tiempo que se despejaba un mechón de la cara—. No lo había olvidado, pero pensé que no me seguirías en medio de una tormenta.
La confesión de la joven lo dejó perplejo.
—¿Tanto aborreces mi proposición de matrimonio?
—En mi país las personas suelen casarse por amor, Nick, y nosotros no estamos enamorados. No te quiero en mi vida. Ya lo intenté en el pasado y no funcionó —repuso mientras el viento impregnado de arena le azotaba la cara y alborotaba sus cabellos. Miley intentó protegerse con los brazos.
Con suave firmeza, Nick le cubrió la nariz y la boca con una bufanda de seda.
—Esto ayudará. Tenemos que salir de aquí mientras aún sea posible. Más tarde podremos hablar.
—No voy a volver contigo, Nick.
Él la miró con incredulidad mientras se defendía del azote del viento.
—¿Prefieres quedarte aquí, aun a riesgo de morir?
—Sí, no puedo soportar que me intimides con tu tiranía.
Nick le lanzó una mirada exasperada.
—Te doy mi palabra que yo mismo te llevaré a Londres si lo deseas, después de nuestra conversación. ¿Te parece bien?
—¿Y si es una mentira?
—¿Te atreves a cuestionar mi palabra?
El viento silbaba en los oídos de la joven y, a pesar de la bufanda, la arena se le pegaba a los ojos y se introducía en su cuerpo a través de la ropa. Repentinamente, Miley se dio cuenta del peligro que corrían.
—De acuerdo. Vamos al helicóptero.
—No podremos. Las condiciones son demasiado peligrosas. La visibilidad se reduce cada vez más y no podré despegar. Tendremos que ir en el todoterreno.
Ella le dirigió una mirada culpable.
—Tenemos un problema. Justamente había bajado del vehículo para ver cómo podía sacarlo de la arena.
Nick miró los pies de la joven.
—¿Llevas sandalias? Esto no es Londres, laeela. ¿No sabes que en el desierto abundan las serpientes y escorpiones?
Muy asustada, tuvo que reconocer que no había pensado más que en la manera de escapar de él.
—El vehículo se ha atascado —dijo.
—Entonces tendremos que sacarlo como sea.
Miley miró a su alrededor.
—¿Dónde están tus guardaespaldas?
—Nadie se atrevería a acercarse aquí con una tormenta como la que se nos viene encima.
—Pero tú te atreviste a pilotar el helicóptero.
—Soy responsable de ti. No puedo permitir que otros arriesguen su vida para salvar la tuya.
Miley no pudo ocultar su sorpresa. ¿Había ido a buscarla solo?
Nick se cubrió la boca y luego se sentó tras el volante y echó a andar el motor.
Con los ojos clavados en las fuertes manos que maniobraban el volante con seguridad y confianza, Miley pensó que la maniobra sería fácil para él.
—Fue una tontería intentar conducir en estas condiciones. Nunca habría podido salir de estas dunas por mí misma —reconoció cuando el todoterreno finalmente ascendió hasta la cima del montículo—. Pero tú haces que no parezca tan difícil.
—No olvides que nací aquí.
—Nick, ahora no podrás bajar por la ladera, es muy empinada.
—¿Tienes miedo? —preguntó al tiempo que la miraba divertido—. Agárrate bien —añadió, desafiante.
Concentrado en el volante, no se volvió a mirarla, pero ella notó su sonrisa mientras maniobraba el vehículo con seguridad y maestría.
Finalmente pudieron descender por la ladera y de pronto ella percibió que los neumáticos rodaban en una superficie bastante más sólida.
—Lo has logrado, Nick.
Él le dirigió una sonrisa traviesa.
—Lo hice muchas veces cuando era más joven.
—Entonces no me sorprende —dijo al tiempo que miraba por la ventanilla—. La tormenta está empeorando.
—Estamos a menos de veinte minutos de Nazaar. Así que ya puedes relajarte, laeela.
—Eso no es posible. He conducido más de dos horas.
—En círculos. Te habías perdido —dijo con los ojos clavados en la carretera.
Ella estudió su fuerte y apuesto perfil y se preguntó si alguna vez Nick había sufrido una crisis de inseguridad en su vida.
—¿Cómo podías saberlo si no estabas allí?
—Porque el vehículo está equipado con un aparato de búsqueda. Por eso supe exactamente dónde te encontrabas.
—¿Por qué me has elegido a mí? ¿Por qué de repente has decidido que quieres casarte? —preguntó, impulsivamente.
—Porque es lo que hay que hacer —respondió mientras detenía el vehículo en medio de una nube de arena. Inmediatamente un grupo de gente se acercó a ellos—. Más tarde cenaremos juntos y podremos conversar con tranquilidad.

Niley 15 - La mujer del sultan




Mujeres.
¿Por qué siempre tenían que ser tan complejas e incomprensibles?
Exasperado, Nick se paseaba por la tienda, sus cabellos oscuros todavía mojados tras la ducha.
Estaba claro que ella correspondía a su ardiente deseo y, sin embargo, insistía en su ridícula decisión de no casarse con él.
El matrimonio era lo que Miley siempre había deseado. Como todas las mujeres.
El pasado todavía estaba vivo en ellos. Hacía cinco años se había negado a proponerle matrimonio y no cabía duda que había herido su orgullo.
Sí, estaba jugando su juego, pero desgraciadamente para ella, Nick conocía muy bien el juego de las mujeres. Y Miley no era diferente a las demás.
Desde luego que en condiciones ideales no la habría elegido como esposa, pero dado lo que obtendría con esa unión, se sentía más que preparado para el sacrificio, especialmente en esos momentos en que se había vuelto a familiarizar con sus encantos.
Con una sonrisa, Nick recordó la respuesta desinhibida de Miley en la limusina. Sí, sabía exactamente lo que tenía que hacer y en Nazaar tendría todas las oportunidades para conseguir lo que quería.



Cansada por el viaje y enfadada con Nick, Miley siguió a las criadas a la tienda dispuesta para ella.
Mientras la conducían entre pliegues de lona de color crema y mullidas alfombras, su rabia comenzó a disiparse.
La estancia era deliciosa, exótica y ricamente decorada. Un sueño oriental.
La inmensa cama, adornada con un baldaquín de telas transparentes, estaba cubierta de sedas y terciopelos con muchos cojines mullidos que invitaban al reposo y a la intimidad. Junto a la cama había una mesa baja cubierta de libros selectos.
Se avecinaba la tormenta. Fuera, el viento silbaba con fuerza y Miley pudo oír el débil arañazo de la arena en la lona de la tienda.
Ansiosa por descansar mientras fuera posible, despidió a las criadas, se tendió en la cama y de inmediato se quedó dormida.
Cuando despertó se sentía mucho más relajada.
—Su Alteza Real le envía sus disculpas. Tiene que atender unos negocios urgentes y no podrá comer con usted. Pero dice que la acompañará a la hora de la cena —informó una bonita joven con una tímida sonrisa.
No, no cenarían juntos porque ya no se encontraría allí, pensó Miley. A la hora de la cena estaría en el aeropuerto del vecino Kazban negociando su pasaje de vuelta a Londres.
No tenía hambre, pero era importante que comiera algo. Iba a necesitar toda su energía, y además tendría que llevar algo de comida para el viaje.
—No importa. Comeré aquí. Tengo sed, ¿podría traerme más agua, por favor?
El agua era vital. Nadie en su sano juicio se arriesgaría a cruzar el desierto sin una provisión de agua.
Durante el almuerzo se las arregló para guardar la comida y el agua que necesitaba. Y luego no tuvo más que esperar que las criadas la dejaran sola en la tienda.
Aunque se había levantado el viento, Miley comprobó que aún no había signos de la anunciada tormenta mientras se dirigía al estacionamiento de los vehículos bajo la luz del sol.
Con el corazón acelerado, se acercó a un todoterreno que tenía la llave puesta. Entonces abrió la puerta y se instaló tras el volante.
Temerosa de que la descubrieran, puso en marcha el motor y enfiló rápidamente hacia la carretera.

Más tarde, Miley conducía con los ojos fijos en el camino polvoriento que la llevaría a la frontera con Kazban, el país vecino. Y a la seguridad.

 
—La señorita Cyrus se ha marchado, Su Excelencia.
—¿Marchado?
Louis lo miró con la expresión de un hombre que preferiría estar en cualquier otro lugar.
—Parece que partió al desierto en un todoterreno que sacó del estacionamiento. Viaja sola. Es más que probable que la proposición de matrimonio no le hubiera emocionado tanto como aseguraste.
Por primera vez en su vida de adulto, Nick se quedó sin palabras y presa de una nueva emoción. La sorpresa. Y también conmoción. Nunca antes una mujer había decidido alejarse de él. Siempre había sido al contrario.
No se le había pasado por la mente que ella pudiera hacer algo así para poner distancia entre ellos. Con el ceño fruncido, tuvo que reconocer que había interpretado muy mal la situación.
Sin embargo, ¿cómo era posible ese rechazo cuando se sentía tan fuertemente atraída hacia él?
Nick intentó recordar las conversaciones que habían sostenido en el pasado, y al fin se detuvo ante una palabra. Amor. ¿Es que no recordaba que una vez ella había insistido en que no la amaba? ¿Era eso lo que le impedía aceptarlo como marido?
Con sorprendente claridad, comprendió el punto de vista de la joven y se maldijo por su propia estupidez y falta de visión.
A los dieciocho años, Miley Cyrus había sido una romántica soñadora y era indudable que nada había cambiado. Siempre había amado la leyenda de Nadia y su Sultán.
Nick volvió a maldecirse al recordar que le había propuesto matrimonio sin el menor adorno romántico. Sabía demasiado bien que algunas mujeres necesitaban embellecer sus relaciones sentimentales con muchas emociones, y Miley era una de ellas.
¿Cómo pudo haber cometido tamaño error? Después de todo, no era más que un asunto de negocios y él era un experto en la materia.
Entonces se aseguró a sí mismo que la situación no era irreversible, siempre y cuando la encontrara antes de que cayera en un agujero de arena o volcara el vehículo.
Al pensarlo, un escalofrío le recorrió la espalda. Repentinamente, la necesidad de alcanzarla antes de que sufriera un accidente se volvió acuciante.
—¿Cuál es la previsión del tiempo? —preguntó a su consejero.
—Las previsiones no son buenas, Excelencia. El viento sopla con mucha fuerza.
—De todos modos es lo mismo porque la señorita Cyrus no sabe conducir en un terreno arenoso. Ni siquiera con buen tiempo.
—Voy a organizar una partida de rescate.
—No, yo mismo iré a buscarla. «Y espero que piense que ha sido un gesto muy romántico por mi parte», pensó con irritación.
Louis no ocultó su consternación.
—No es una buena idea...
—Mis planes respecto a Miley Cyrus no incluyen su muerte en el desierto —replicó con un duro rictus en la boca—. Iré en helicóptero.
—Sé que te apasionan los deportes de alto riesgo, Excelencia, pero es muy arriesgado volar en estas condiciones y...
—La vida no siempre es segura. Hace muchas horas que partió, así que será la única manera de alcanzarla.
—Si insistes en volar, por lo menos hazlo acompañado —insistió Louis.
—No deseo arriesgar más vidas en la empresa. Con suerte, podré encontrarla antes de que sufra un accidente irreparable. Y si no es así...
Entonces tendría mucho tiempo para lamentar haber subestimado a la heredera de los Cyrus.
 

Niley 14 - La mujer del sultan




Dividida entre la frustración y la humillación, Miley se arregló la ropa y esperó que desapareciera el rubor de las mejillas antes de volverse a él.
Los exóticos rasgos angulosos no revelaban la menor emoción, como si el tórrido encuentro no le hubiera afectado en absoluto. Por contraste, la joven sentía los labios hinchados y ardientes. Todo su cuerpo sufría los efectos del erótico interludio.
—¿Por qué lo hiciste? —preguntó con la voz enronquecida.
Nick se volvió a ella con una mirada ligeramente burlona.
—Porque sabes que nos une algo muy poderoso, pero insistes en negarlo. Eres una mujer compleja. Por una parte eres muy sincera, pero cuando se trata de nuestra relación, disfrutas engañándote a ti misma. Quise probar algo y lo conseguí. Cuando decida que es el momento oportuno, irás a mi cama gustosamente.
—Tendrías que arrastrarme —dijo alejándose de él.
—Creo que ambos sabemos que no será necesario —replicó con una sonrisa.
—¿Te han dicho alguna vez que tienes un ego muy desarrollado?
—No, sólo es un sano aprecio por mis logros y habilidades. Al contrario de los ingleses, no considero el éxito como algo desagradable.
Y había tenido un enorme éxito.
Educado en Eton, Cambridge y Harvard, había asumido el gobierno del país tras el infarto de su padre, el Sultán. Todo el mundo coincidía en que gracias a su excepcional talento para los negocios, el país, rico en petróleo, había alcanzado un período de paz y prosperidad. Miley se mordió el labio.
—¿A qué se debe tu repentina necesidad de casarte?
—Ha llegado la hora de elegir una esposa.
—¡Qué anticuado eres! Nadie se casa por motivos de oportunidad, la gente se casa por amor. Aunque de eso no sabes nada, Nick. Y ahora dime, ¿por qué me has elegido? No soy tan estúpida para creer que te interesas por mí.
—Eso no es cierto, me interesas mucho. Los lazos que nos unen son muy fuertes. Estaremos bien juntos. Y ambos lo sabemos.
—No es verdad, sería una pesadilla.
Nick esbozó una sonrisa.
—¿Todavía eres tan ingenua para no reconocer la química poderosa entre un hombre y una mujer?
Algo oscuro y peligroso se apoderó de ella. La tentación. Una deliciosa tentación. Sí, reconocía la química. Y por esa misma razón sabía que tenía que alejarse de él.
—Nunca podría ser feliz contigo, Nick.
—Te equivocas, y creo habértelo probado.
—Vuelves a hablar de sexo y se supone que el matrimonio es algo más que eso. Por primera vez en tu vida tendrás que aceptar una negativa, Nick.
Miley se reclinó en el asiento, todavía aturdida y confusa por el beso, y exhausta tras las largas horas expuesta a su autocrática y fuerte personalidad. Nunca podría haber momentos apacibles con Nick, pensó desesperada mientras intentaba dominar las sensaciones que todavía recorrían su cuerpo sensibilizado y vulnerable.
Nada había cambiado. Sólo tenía que tocarla para que perdiera la cordura. Sin embargo, ya sabía que sólo era una reacción física. Y cuando se alejara de él, esa sensación en el vientre desaparecería por completo y podría olvidarlo.
Sí, tenía que marcharse de allí.
Como estaba claro que no la llevaría al aeropuerto, habría que encontrar otra manera de volver a casa.
Aunque el aeropuerto no era una opción, porque la detendrían en el momento en que apareciera por allí.
No, tendría que salir a Kazban, el país vecino. Nazaar se encontraba a menos de cuatro horas de la frontera. Si pudiera llegar, al menos tendría una posibilidad de volver a casa.
Miley contempló las dunas mientras el sol se elevaba por el horizonte y su luz jugueteaba con la arena de tonalidades marrón, amarillo y naranja creando diseños extraños y fascinantes.
—Se aproxima una tormenta. Las predicciones meteorológicas dicen que se dejará caer en las próximas veinticuatro horas —dijo Nick.
Miley nunca había presenciado una tormenta, aunque sabía que podía ser muy peligrosa porque oscurecía los caminos, reducía la visibilidad a cero y convertía el desierto en una trampa mortal.
No podría viajar en medio de una tormenta, aunque, por otra parte, ¿quién se atrevería a seguirla o siquiera notar su ausencia en esas condiciones?
Seguro que se podría realizar el viaje en un todoterreno con navegación por satélite.
—¿Has estado en el desierto en medio de una tormenta? —preguntó con interés.
—Desde luego. Conozco el desierto tan bien como la ciudad. Puedo asegurarte, que lejos de ser romántica, es una experiencia que hay que evitar. Afortunadamente contamos con equipos sofisticados que pueden predecir el tiempo con bastante exactitud, lo que nos permite tomar las medidas necesarias. Nadie se aventuraría a internarse por el desierto en medio de una tormenta.
Nadie, salvo una mujer desesperada, pensó Miley.
Sí, estaba decidida a conseguir un todoterreno, cruzar la frontera y regresar a su hogar.
Y Su Alteza Real, el sultán Nick Jonas Miller tendría que buscarse otra novia. 


Mujeres.
¿Por qué siempre tenían que ser tan complejas e incomprensibles?
Exasperado, Nick se paseaba por la tienda, sus cabellos oscuros todavía mojados tras la ducha.
Estaba claro que ella correspondía a su ardiente deseo y, sin embargo, insistía en su ridícula decisión de no casarse con él.
El matrimonio era lo que Miley siempre había deseado. Como todas las mujeres.
El pasado todavía estaba vivo en ellos. Hacía cinco años se había negado a proponerle matrimonio y no cabía duda que había herido su orgullo.
Sí, estaba jugando su juego, pero desgraciadamente para ella, Nick conocía muy bien el juego de las mujeres. Y Miley no era diferente a las demás.
Desde luego que en condiciones ideales no la habría elegido como esposa, pero dado lo que obtendría con esa unión, se sentía más que preparado para el sacrificio, especialmente en esos momentos en que se había vuelto a familiarizar con sus encantos.
Con una sonrisa, Nick recordó la respuesta desinhibida de Miley en la limusina. Sí, sabía exactamente lo que tenía que hacer y en Nazaar tendría todas las oportunidades para conseguir lo que quería.