domingo, 10 de marzo de 2013

Niley 13 - La mujer del sultan




—Ya no es así. Esta vez estarás junto a mí cuando regresemos a Fallouk.
Miley se puso rígida al oír esa palabra.
—No quiero ir a Fallouk. Odio esa ciudad.
—Es la capital del país. No hace falta recordarte que mi residencia oficial se encuentra allí.
La frialdad con que se expresaba le recordó que Nick Jonas Miller había nacido príncipe y moriría como tal. Cinco años atrás se había enamorado del hombre que creía que era. Pero se equivocó.
—En tu palacio todo es política e intrigas. Francamente tengo cosas mejores que hacer en lugar de vigilar mis espaldas todo el tiempo.
—Había olvidado que tiendes a dramatizar. Siempre que un grupo de personas se reúne se hace política. Es parte del rico tapiz de la vida. Y pecas de ingenua al esperar otra cosa.
—La atmósfera del palacio me parece sofocante.
—¿Por qué las mujeres sois tan contradictorias? Te ofrezco un palacio donde podrás lucirte ataviada como una princesa, y sin embargo me miras como si prometiera mantenerte prisionera en un calabozo sin pan ni agua.
Ella pensó que sería mejor vivir en una prisión que pasar una hora en compañía de las tías y primos del sultán Nick.
—Bueno, puede ser que no me conozcas tan bien como dices. Nunca te tomaste la molestia de preguntar qué cosas me interesaban. Nunca supiste lo que me gustaba y lo que me disgustaba. Seamos sinceros, ¿quieres? Lo único que te interesaba era el sexo.
Nick estudió su rostro cuidadosamente.
—Eres una mujer extremadamente hermosa. Ahora me queda claro que eras demasiado joven para vivir una pasión tan explosiva. Interpretaste mal tus propios sentimientos, pero eso suele suceder.
Era un hombre tan cínico respecto a las mujeres que no había sido capaz de darse cuenta de la verdad. No valía la pena intentar explicarle que los hombres que se habían acercado a ella primero lo habían hecho por dinero y más tarde por su físico.
Le había costado convencerse de que Nick tampoco se había interesado realmente en ella. Su conversación y aparente interés habían sido una parte de su técnica de seducción.
—Bueno, no importa lo que opine sobre tu palacio, porque no voy a ir allí. Quiero que ordenes a tus hombres que me lleven al aeropuerto ahora mismo —dijo con fría decisión.
Nick le dirigió una mirada benévola.
—Es natural que te haya sorprendido mi oferta de matrimonio. Necesitas tiempo para acostumbrarte a la idea e intento darte ese tiempo. No habrá boda hasta que estés segura.
—¡No habrá boda! Y no cambiaré de opinión aunque me lleves a Nazaar —replicó con los dientes apretados y una mirada llameante—. Podríamos pasar juntos un siglo entero, Nick, y todavía insistiría en no casarme contigo.
—En un tiempo no muy lejano era lo único que deseabas, sin embargo.
Era humillante el modo en que conocía sus secretos más íntimos.
—Eso fue antes de darme cuenta de la clase de bastardo que eres.
—Como ya te he dicho, ten cuidado, Miley. Mi paciencia es limitada y nunca has aprendido el arte de la diplomacia. Tu deseo de impresionar y flirtear arriesgadamente no avalan tu buen crédito.
—Eso te demuestra que no sería una esposa adecuada para ti. Así que haz lo que te digo, Nick.
—Al contrario, he decidido que tienes todas las cualidades que necesito en una esposa.
—¿Quieres casarte con una mujer escandalosa? —preguntó con el corazón martilleándole en el pecho.
—No dejo de admirar una cierta independencia de espíritu. El fuego y la pasión siempre son buenos incentivos en la cama —replicó con una sonrisa.
—El único lugar donde la mujer cumple alguna función, según tu criterio. Cuida de no apropiarte de más de lo que puedas manejar, Nick —le advirtió con el rostro ardiendo al tiempo que apartaba la vista de él.
—Nunca he tenido problemas para manejar a una mujer.
—Sí, has tenido una práctica más que suficiente —murmuró, incapaz de ocultar su dolor.
—No tienes por qué sentirte celosa. No olvides que es contigo con quien me voy a casar.
—No estoy celosa, Nick. Uno siente celos cuando le interesa una persona y tú no me interesas para nada.
Su movimiento fue rápido y llegó sin aviso. Con despiadada decisión y fuerza masculina, la echó hacia atrás en el asiento y se apoderó de su boca con tal pasión que el grito ahogado de Miley se transformó al instante en un suspiro de aceptación.
Una ola ardiente recorrió el interior de la joven y cada centímetro de su cuerpo tembloroso gritó de deseo.
Miley sintió su peso y el muslo poderoso entre sus piernas mientras la presionaba con su cuerpo y con el calor de su boca. Entonces notó su excitada virilidad y arqueó el cuerpo para unirse a él. Ardía de deseo y anhelaba más y más. El corazón le latía atropelladamente y sus sentidos le exigían que hiciera algo para aliviar la tensión de la pelvis. La frustración y la anticipación la impulsaban a moverse contra el cuerpo de Nick, una invitación instintiva, enteramente femenina.
Entonces apartó la boca y murmuró su nombre al tiempo que le rodeaba el cuello con los brazos mientras la punta de la lengua dibujaba el firme mentón masculino.
La lengua de Nick se introdujo entre sus labios entreabiertos al tiempo que deslizaba una mano por la cadera de la joven para ceñirla más a él.
Con un grito ahogado, Miley lo envolvió con sus piernas, pero al sentir que la fina tela de seda del pantalón todavía los separaba, dejó escapar un sollozo de frustración.
Entonces extendió una mano para acariciarlo, pero él se separó de su boca y de los dedos que intentaban explorar su cuerpo. Con los ojos brillantes de deseo en su rostro increíblemente apuesto, la miró con el ceño fruncido.
—Éste no es el momento oportuno...
—Nick...
—Calma, pronto te entregarás a mí y ambos disfrutaremos. Pero ese momento aún no ha llegado —dijo al tiempo que se reclinaba en el asiento intentando relajarse.

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