domingo, 10 de marzo de 2013

Niley 14 - La mujer del sultan




Dividida entre la frustración y la humillación, Miley se arregló la ropa y esperó que desapareciera el rubor de las mejillas antes de volverse a él.
Los exóticos rasgos angulosos no revelaban la menor emoción, como si el tórrido encuentro no le hubiera afectado en absoluto. Por contraste, la joven sentía los labios hinchados y ardientes. Todo su cuerpo sufría los efectos del erótico interludio.
—¿Por qué lo hiciste? —preguntó con la voz enronquecida.
Nick se volvió a ella con una mirada ligeramente burlona.
—Porque sabes que nos une algo muy poderoso, pero insistes en negarlo. Eres una mujer compleja. Por una parte eres muy sincera, pero cuando se trata de nuestra relación, disfrutas engañándote a ti misma. Quise probar algo y lo conseguí. Cuando decida que es el momento oportuno, irás a mi cama gustosamente.
—Tendrías que arrastrarme —dijo alejándose de él.
—Creo que ambos sabemos que no será necesario —replicó con una sonrisa.
—¿Te han dicho alguna vez que tienes un ego muy desarrollado?
—No, sólo es un sano aprecio por mis logros y habilidades. Al contrario de los ingleses, no considero el éxito como algo desagradable.
Y había tenido un enorme éxito.
Educado en Eton, Cambridge y Harvard, había asumido el gobierno del país tras el infarto de su padre, el Sultán. Todo el mundo coincidía en que gracias a su excepcional talento para los negocios, el país, rico en petróleo, había alcanzado un período de paz y prosperidad. Miley se mordió el labio.
—¿A qué se debe tu repentina necesidad de casarte?
—Ha llegado la hora de elegir una esposa.
—¡Qué anticuado eres! Nadie se casa por motivos de oportunidad, la gente se casa por amor. Aunque de eso no sabes nada, Nick. Y ahora dime, ¿por qué me has elegido? No soy tan estúpida para creer que te interesas por mí.
—Eso no es cierto, me interesas mucho. Los lazos que nos unen son muy fuertes. Estaremos bien juntos. Y ambos lo sabemos.
—No es verdad, sería una pesadilla.
Nick esbozó una sonrisa.
—¿Todavía eres tan ingenua para no reconocer la química poderosa entre un hombre y una mujer?
Algo oscuro y peligroso se apoderó de ella. La tentación. Una deliciosa tentación. Sí, reconocía la química. Y por esa misma razón sabía que tenía que alejarse de él.
—Nunca podría ser feliz contigo, Nick.
—Te equivocas, y creo habértelo probado.
—Vuelves a hablar de sexo y se supone que el matrimonio es algo más que eso. Por primera vez en tu vida tendrás que aceptar una negativa, Nick.
Miley se reclinó en el asiento, todavía aturdida y confusa por el beso, y exhausta tras las largas horas expuesta a su autocrática y fuerte personalidad. Nunca podría haber momentos apacibles con Nick, pensó desesperada mientras intentaba dominar las sensaciones que todavía recorrían su cuerpo sensibilizado y vulnerable.
Nada había cambiado. Sólo tenía que tocarla para que perdiera la cordura. Sin embargo, ya sabía que sólo era una reacción física. Y cuando se alejara de él, esa sensación en el vientre desaparecería por completo y podría olvidarlo.
Sí, tenía que marcharse de allí.
Como estaba claro que no la llevaría al aeropuerto, habría que encontrar otra manera de volver a casa.
Aunque el aeropuerto no era una opción, porque la detendrían en el momento en que apareciera por allí.
No, tendría que salir a Kazban, el país vecino. Nazaar se encontraba a menos de cuatro horas de la frontera. Si pudiera llegar, al menos tendría una posibilidad de volver a casa.
Miley contempló las dunas mientras el sol se elevaba por el horizonte y su luz jugueteaba con la arena de tonalidades marrón, amarillo y naranja creando diseños extraños y fascinantes.
—Se aproxima una tormenta. Las predicciones meteorológicas dicen que se dejará caer en las próximas veinticuatro horas —dijo Nick.
Miley nunca había presenciado una tormenta, aunque sabía que podía ser muy peligrosa porque oscurecía los caminos, reducía la visibilidad a cero y convertía el desierto en una trampa mortal.
No podría viajar en medio de una tormenta, aunque, por otra parte, ¿quién se atrevería a seguirla o siquiera notar su ausencia en esas condiciones?
Seguro que se podría realizar el viaje en un todoterreno con navegación por satélite.
—¿Has estado en el desierto en medio de una tormenta? —preguntó con interés.
—Desde luego. Conozco el desierto tan bien como la ciudad. Puedo asegurarte, que lejos de ser romántica, es una experiencia que hay que evitar. Afortunadamente contamos con equipos sofisticados que pueden predecir el tiempo con bastante exactitud, lo que nos permite tomar las medidas necesarias. Nadie se aventuraría a internarse por el desierto en medio de una tormenta.
Nadie, salvo una mujer desesperada, pensó Miley.
Sí, estaba decidida a conseguir un todoterreno, cruzar la frontera y regresar a su hogar.
Y Su Alteza Real, el sultán Nick Jonas Miller tendría que buscarse otra novia. 


Mujeres.
¿Por qué siempre tenían que ser tan complejas e incomprensibles?
Exasperado, Nick se paseaba por la tienda, sus cabellos oscuros todavía mojados tras la ducha.
Estaba claro que ella correspondía a su ardiente deseo y, sin embargo, insistía en su ridícula decisión de no casarse con él.
El matrimonio era lo que Miley siempre había deseado. Como todas las mujeres.
El pasado todavía estaba vivo en ellos. Hacía cinco años se había negado a proponerle matrimonio y no cabía duda que había herido su orgullo.
Sí, estaba jugando su juego, pero desgraciadamente para ella, Nick conocía muy bien el juego de las mujeres. Y Miley no era diferente a las demás.
Desde luego que en condiciones ideales no la habría elegido como esposa, pero dado lo que obtendría con esa unión, se sentía más que preparado para el sacrificio, especialmente en esos momentos en que se había vuelto a familiarizar con sus encantos.
Con una sonrisa, Nick recordó la respuesta desinhibida de Miley en la limusina. Sí, sabía exactamente lo que tenía que hacer y en Nazaar tendría todas las oportunidades para conseguir lo que quería.

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