martes, 2 de abril de 2013

Jemi 22 - Corazones Heridos





Joe se tomó la porción de pastel sintiéndose como un miserable. Demi se estaba echando la culpa de todo, y cuando él se hubiese marchado sería aún peor, porque segu­ramente acabaría convenciéndose de que no era mucho mejor que una prostituta, y no volvería a acercarse a él.
Parpadeó, sorprendido ante el hecho de que la cono­ciese tan bien. Había acusado a Demi de leerle la mente, pero él mismo parecía poder leer también en la suya como si fuese un libro abierto. Resultaba inquietante. Era como si estuvieran... conectados de alguna manera.

-Estaba buenísimo, Demi -le dijo Rory cuando hubo dejado limpio su plato-. ¿Quieres que friegue yo?
-No hace falta -respondió ella de inmediato-. No me importa hacerlo.
-Deja que se ocupe Rory -le dijo Joe con firmeza, poniéndose de pie-. Quiero hablar contigo.
-Pero si no me importa, de verdad... -protestó ella.
Pero Joe ya la había agarrado de la mano y estaba sa­cándola de la cocina. Cuando estuvieron a solas en el salón la miró muy solemne.
-No debes culparte por lo de anoche, Demi -le dijo con firmeza-; simplemente ocurrió. No te reproches por ello. Pase lo que pase, asumiré mi responsabilidad.

Demi tragó saliva. No quería mirarlo. Cada vez que lo hacía no podía evitar volver a oír en su mente las cosas que le había susurrado al oído la noche anterior, en la oscuri­dad, mientras hacían el amor.

Joe tomó la barbilla de Demi y la alzó para que lo mi­rara, pero al ver la expresión que había en sus ojos el rostro se le contrajo.

-Suéltame, por favor -murmuró Demi, apartándose de él-. No soy una niña. No tienes que preocuparte de que vaya... de que vaya a perseguirte, ni nada parecido.
Joe sintió repugnancia de sí mismo. Había hecho mu­cho más daño del que había creído.
-No he pensado eso,Demi; ni lo pensaría nunca -replicó.
Demi dio otro paso atrás, forzando una sonrisa.
-Espero que tengas un buen viaje de regreso. Por favor, saluda a Nick y a Miley de mi parte. Supongo que ahora Miley estará muy feliz, con un marido que la adora, y dos bebés que criar. Seguro que será una madre es­tupenda.
-Lo es -dijo Joe, sin poder reprimir una nota de ter­nura en su voz.

Demi, que sabía que Miley había sido muy especial para él, la envidiaba, y se odiaba a sí misma por ello. Miró un instante a Joe, y luego apartó la vista.

-Voy a ayudar a Rory con los platos, y le diré que salga a decirte adiós. Gracias por ir a recogerlo, y por la cena y el ballet.

Joe se estaba enfadando, y se le notaba. Sus ojos negros llameaban furiosos por la situación en la que se encontraba. Estaba seguro de que cualquier cosa que hiciese o dijese sólo empeoraría más las cosas. Antes de que pudiera ocu­rrírsele algo,Demi se había marchado y Rory salía de la co­cina y se plantaba ante él con una mirada curiosa.

-Ojalá pudieras quedarte más tiempo -le dijo-. Éstas han sido las mejores navidades que he tenido.
Las palabras del chico, con el que Joe se había encari­ñado aún más esos días, lo emocionaron. Le tendió la mano, y Rory le dio un firme apretón.
-Si necesitarais algo, Demi tiene mi número -le dijo-.Y si ella no estuviera, llama a la comisaría de policía de Brownsville y ya se encargará alguien de buscarme, ¿de acuerdo?
Rory le sonrió.
-No creo que necesitemos nada, pero gracias, Joe.
-Nunca se sabe -respondió él. Lanzó una mirada en di­rección a la cocina-. Cuida de ella. Es más frágil de lo que parece.
-No te preocupes por ella; estará bien -replicó Rory-. Es sólo que, hasta ahora, cada vez que se le ha acercado un hombre era porque quería algo de ella, así que es normal que se haya dejado llevar un poco al haber encontrado a uno que no busca nada, y al que le cae bien simplemente por ser quien es, ¿sabes? -contrajo el rostro-. Me parece que sólo estoy liándolo más, pero es que no sé explicarlo mejor.
-Entiendo lo que quieres decir, Rory -le dijo Joe, po­niéndole una mano en el hombro-. Lo superará.
-Claro. Seguro.

Ninguno de los dos lo creía, por supuesto. -Cuídate.Ya nos veremos -le prometió Joe. Rory le sonrió.

-Tú también. No te metas en ninguna pelea. Joe enarcó ambas cejas.
-Lo haré si tú tampoco lo haces.
Rory sonrió vergonzoso.
-Lo intentaré.
-Y yo también. Hasta luego.
-Hasta luego.
-¡Adiós,Demi! -se despidió Joe desde el vestíbulo. -¡Adiós, que tengas buen viaje! -le contestó ella desde la cocina. No dijo nada más.

Joe abrió la puerta y salió del piso. Cuando la cerró tras de sí, tuvo la sensación de que había dejado dentro parte de sí.

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