sábado, 11 de mayo de 2013

Jemi 24 - Corazones heridos




     
 Ese tipo de prensa se vendía en todos los supermercados del país, y Brownsville, Texas, no era una excepción. Joe había ido después de su turno de servicio al supermercado Jensen para comprar un cartón de huevos, y se encontró al llegar a la caja con un periódico que tenía en su portada una foto grande de Demi, en la que aparecía con un aspecto muy sofisticado, sobre la que destacaba en letras rojas un ti­tular que decía que sólo le preocupaba el éxito, y que su ambición la había llevado a sacrificar al bebé que llevaba en su vientre.

Joe se quedó aturdido. Demi había estado embarazada, y con toda probabilidad el padre era él. Según el periódico sólo estaba de seis semanas cuando ocurrió el accidente, y ése era exactamente el tiempo que había pasado desde que se despidieran el uno del otro en Nueva York.

-Qué espanto, ¿eh? -le dijo una mujer mayor, al verlo con los ojos pegados al periódico-. Estuvo aquí el año pa­sado, haciendo una película. Una chica muy guapa... Su­pongo que hoy día a las mujeres no les importa demasiado formar una familia, ni construir un hogar. Pobre criatura... seis semanas... En fin, quizá sea lo mejor. ¿Qué clase de ma­dre podría haber sido una mujer así?

Joe apenas oyó una palabra. Pagó su compra, con el rostro lívido, y se fue a casa. Ni siquiera encendió la luz. Simplemente se sentó en la oscuridad, con la sensación de que la historia volvía a repetirse.


Demi estaba tan destrozada por la pérdida del bebé, que se sintió incapaz de volver al trabajo a pesar de que en me­nos de veinticuatro horas estuvo fuera del hospital sin nin­gún otro daño físico.

Joel Harper le había dicho que pospondrían el rodaje de las escenas que faltaban hasta que se sintiera con fuerzas para volver a trabajar, que contratarían a una doble, y se ha­bía disculpado una y otra vez por lo que había hecho su ayudante. De hecho, él mismo había entablado una de­manda, y había insistido a Demi para que iniciara también acciones judiciales.

A Demi aquello era lo que menos le importaba. Estaba desolada, y ni siquiera podía llamar a Joe y decirle lo mal que se sentía, porque estaba segura de que ya habría leído lo que la prensa amarilla había escrito sobre el asunto. Pensaría que era cierto, que lo había hecho deliberada­mente, igual que su ex esposa, que no había querido tener un hijo suyo. Quizá incluso pensaría que con ello había pretendido vengarse de él porque la hubiera dejado. Y eso no era cierto, no lo era. Había querido tener aquel hijo... con toda su alma.

Joel Harper estaba tan preocupado por ella, que llamó a la academia militar de Rory y le explicó la situación al co­mandante Marist. Éste puso al chiquillo en el primer avión que salía el sábado para el aeropuerto de Newark, en Nueva York y Joel, que había pagado el billete, fue a reco­gerlo.

-¿Cómo está mi hermana? -le preguntó Rory.
-¿Has leído los periódicos? -contestó Joel mientras lo conducía a una limusina negra que estaba esperándolos en el aparcamiento.
-Sí -respondió el chico con tristeza-. En realidad más bien me lo han contado mis compañeros.
Joel contrajo el rostro.
-No pensaba hacerte venir, Rory, pero últimamente Demi no es la misma.
-Lo sé -le dijo Rory-. Ayer fue mi cumpleaños y no me llamó, y eso es muy raro en ella. Siempre me envía alguna cosa, y siempre llama.

Joel suspiró mientras el chico entraba en el vehículo.

-Está muy deprimida, y no hay nada que la saque de su estado. Necesita tener a alguien con ella.
Rory estaba intentando contener sus emociones, pero los ojos se le habían llenado de lágrimas.
-Sabes quién es el padre, ¿no es verdad? -le preguntó Joel-. ¿Crees que vendría a verla si lo llamáramos?
-Tal vez -respondió el chico-, pero antes de llamarlo quiero hablar con Demi.
Joel no pudo menos sentirse impresionado con la sensi­bilidad del muchacho, que parecía muy maduro para su edad.
-De acuerdo -dijo-, esperaremos.

Demi estaba en el piso, sentada en camiseta y pantalones de chándal frente al televisor, viendo una película antigua, cuando sonó el timbre del portero automático. Se levantó sin ganas para contestar, pero al oír la voz de Rory le faltó tiempo en dejarlo subir, y en cuanto cruzó el umbral lo es­trechó con fuerza entre sus brazos.

Lloraba como una niña, mientras Rory le daba palmadi­tas en la espalda y trataba de consolarla. Joel se quedó sólo unos minutos, y luego los dejó solos, prometiendo regresar el día siguiente por la tarde para llevar a Rory al aeropuerto, de regreso a Maryland.

Rory se sentó en el sofá junto a su hermana, más preo­cupado que antes al ver por sí mismo lo ojerosa que estaba, y lo tensa que parecía. En sus ojos había tanto dolor, que apenas podía soportar mirarla a la cara.

-Joel quiere que llame a Joe -comenzó vacilante.
-¡No!
-Pero, Demi... -le rogó él.
-No, por favor, escúchame -lo cortó su hermana-: tie­nes que prometerme que no te pondrás en contacto con él. ¡Prométemelo, Rory!
-Pero ha salido en todos los periódicos -insistió el chico-. A estas horas ya lo sabrá...
-Rory, puede que te cueste un poco entender esto -le dijo Demi con voz ronca-, pero Joe estuvo casado, y su esposa... abortó... porque no quería tener un hijo suyo. No lo ha superado todavía. No quiere volver a casarse, y en rea­lidad tampoco quiere un hijo, pero me culpará de todos modos por haberlo perdido. Me... me odiará -sintió una fuerte punzada de dolor, y cerró los ojos-.Yo quería tener ese bebé... ¡Lo deseaba tanto! Pero Joe nunca lo creerá. Me odiará toda la vida, Rory; me odiará porque no me ne­gué a hacer aquella escena. Pensará que lo hice deliberada­mente, no lo ves. Además -añadió con un suspiro-, si se ha enterado, supongo que ahora mismo estará pasándolo muy mal, incluso peor que yo, así que no creo que debamos ha­cerle más daño.


Rory no creía que Joe fuera capaz de culparla por lo ocurrido. Quizá no lo conociera muy bien, pero estaba convencido de que nunca haría algo así. No, por supuesto que no.

Esa misma fe ciega, sin embargo, hizo que el golpe fuese aún peor cuando, mientras Demi se daba una ducha, llamó a la comisaría de Brownsville y Joe se negó a ponerse. Colgó el teléfono sintiéndose solo y asustado, pero no le dijo a Demi una palabra sobre esa llamada.
 

1 comentario:

Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..