sábado, 11 de mayo de 2013

Jemi 26 - Corazones heridos




Pronto llegó el mes de abril, y con él las vacaciones de Semana Santa. Rory volvió a Nueva York en tren para pa­sarlas con su hermana, pero la Demi que fue a recogerlo a la estación era muy distinta de la que el chiquillo recordaba: había perdido mucho peso y se la veía débil. Le sonrió y lo abrazó, pero había una mirada vacía en sus ojos, y había sombras oscuras debajo de ellos. Parecía una muerta vi­viente.

-¿Has vuelto al trabajo? -le preguntó Rory preocupado.
Demi asintió con la cabeza.
-Acabamos el rodaje la semana que viene -le dijo muy apagada-. Joel me ha buscado una doble... un poco tarde, ¿no crees? -añadió con una risa nerviosa-, aunque, bueno, qué diablos, ya sabes lo que dicen: ¡más vale tarde que nunca!
-Demi... ¿estás bien? -inquirió Rory.
-¡Claro que estoy bien! -respondió ella, con un entu­siasmo claramente fingido-.Verás qué bien lo vamos a pa­sar... He hecho una tarta, y le he dibujado encima una cara sonriente.
-Ya me estoy haciendo un poco mayor para tartas con caras sonrientes -murmuró Rory.
-Bobadas -replicó ella-. Nos lo vamos a pasar muy bien. Seremos como... como una familia.

Cuando iban caminando hacia el taxi, Rory se dio cuenta de que se tambaleaba un poco.

-¡Has estado bebiendo! -la acusó en voz baja, con evi­dente asombro-. No deberías beber, Demi ¿Quieres acabar como nuestra madre?
Aquel comentario pareció incomodar a su hermana, pero luego se rió, como negando que aquello pudiera llegar a pasar.
-Te lo digo en serio, Demi, puedes acabar convirtiéndote en una alcohólica -insistió el chico.
Demi se rió de nuevo, esa vez de un modo un tanto es­candaloso.
-Rory, por amor de Dios... sólo me he tomado un par de copas para distenderme, eso es todo. Y no empieces a echarme sermones, ¿quieres? -dijo, dándole luego un abrazo-. Eres un encanto... y me alegra tanto tenerte otra vez conmigo...
-Yo también -respondió él, pero no sonrió.

Esa noche llamaron por teléfono, pero cuando Rory fue a contestar colgaron de inmediato. Demi tenía uno de esos aparatos de identificación de llamadas, pero en la pantalla sólo ponía: «número oculto». Quizá hubiera sido Joe, pensó el chico esperanzado. No había intentado volver a llamarlo, pero quizá él había estado pensando en Demi y en él y había decidido darles un toque.

-¿Has sabido algo de Joe? -le preguntó abruptamente a su hermana.
El rostro de Demi se contrajo.
-¡No! -contestó enfadada-, ¡y no quiero volver a saber nada más de él! Si le importara aunque sólo fuera un poco, me habría llamado hace semanas.
-¿Y tú no has intentado llamarlo? Demi lo miró irritada.
-¿Por qué iba a llamarlo? Me odia.
-Eso no lo sabes.
-Sí que lo sé -contestó ella con absoluta certeza, sirvién­dose un poco de whisky en un vaso y apurándolo de un trago-, y me da igual.

Rory sabía muy bien que aquello no era cierto. La indi­ferencia de Joe la estaba matando, se dijo observando an­gustiado su cara demacrada, la delgadez de su cuerpo... ¡Cómo le gustaría poder ser mayor y saber qué hacer...!
Justo cuando Demi se estaba sirviendo otro vaso llama­ron a la puerta. Al abrir, Rory se encontró con su amigo Don, que parecía contrariado.

-Hola, Rory. Acabamos de llegar de la compra y abajo hay un tipo que dice que te conoce. Me ha pedido que bajes porque quiere hablar contigo.
-¡Joe! -exclamó Rory-. ¿Es Joe?
El otro chico se encogió de hombros.
-¿El amigo de tu hermana? No estoy seguro. Sólo lo he visto una vez. El tipo que hay abajo tiene un sombrero ca­lado hasta los ojos, y un abrigo largo...
-¡Tiene que ser Joe! -dijo Rory muy excitado-.Voy a bajar a verlo. No le digas nada a mi hermana, ¿quieres? -añadió a toda prisa.
-Lo que tú digas. Oye, ¿querrás venir mañana a la pista de patinaje sobre hielo con mi madre y conmigo?
-Ya te diré. ¡Gracias, Don!
-De nada.
Rory iba a atravesar el umbral, pero vaciló un instante.
-¡Voy un minuto a casa de Don! -le gritó a Demi vol­viéndose-. ¡Vuelvo en seguida!
-De acuerdo. ¡Pero no vayas a irte luego a ningún sitio sin decírmelo antes! -le contestó ella, recordando las ame­nazas de su madre.
-¡Tranquila, no lo haré!
Rory salió, cerrando tras de sí, y bajó las escaleras.


Una hora más tarde Demi se dio cuenta de que el «mi­nuto» de Rory se estaba alargando demasiado. Soltó el vaso de whisky, y trató de poner su mente en funcionamiento. Rory le había dicho que iba a casa de Don. Fue a la mesita del teléfono, y marcó el número.
-No, Rory no ha venido por aquí -respondió sorpren­dida la madre de Don-. ¿Seguro que te dijo que venía aquí?
El corazón le dio un vuelco a Demi.
-Sí. Sí, estoy segura
-Espera un momento -le pidió la madre de Don. La oyó llamar a su hijo, y luego los oyó hablando-. Acabo de pre­guntarle a Don -le dijo en un tono preocupado-: dice que abajo había un hombre, y que le preguntó si podía pedirle a Rory que bajara. Rory creyó que era un amigo tuyo... Joe, ¿es así como se llama, no?, pero Don dice que él no lo reconoció. Dice que llevaba un sombrero y un abrigo, y que tenía un aspecto misterioso.

Demi le dio las gracias y colgó. El miedo le atenazaba la garganta. Estaba segura de que el despiadado novio de su madre tenía a Rory, estaba segura..., pero su mente estaba confusa por el alcohol, y no sabía qué hacer. De pronto sonó el teléfono. Levantó el auricular.

-Tenemos a Rory -dijo una voz familiar, que la hizo es­tremecer-. Tendrás que darnos cien de los grandes, o te en­viaremos su cadáver. No llames a los federales. Mañana por la mañana nos pondremos en contacto contigo para darte instrucciones. Que duermas bien, preciosa -añadió sarcásti­camente... y colgó.

1 comentario:

  1. Oh no puede ser tiene secuestrado al hermano de demi síguela me encanto

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..