domingo, 26 de mayo de 2013

Jemi 27 - Corazones Heridos





Demi estaba temblando de miedo. Era Sam; sabía que era Sam, y también que hablaba en serio. Nunca había dej­ado de temerlo, ni siquiera con el paso de los años, después de haberse escapado de casa. No podía permitir que le hi­ciera daño a Rory... y estaba segura de que sería capaz de hacérselo aunque fuera su padre, porque aquella sabandija era incapaz de querer a nadie.

Con manos temblorosas agarró el bolso y buscó en su agenda el número de Joe. Probablemente no querría ha­blar con ella, pero tenía que intentarlo.
Cuando acabó el rodaje en Brownsville, Joe le había dado el número de su móvil. No estaba segura de que si­guiera teniendo ese número, pero aún así lo marcó.
Esperó un tono, dos, tres, cuatro... Sus labios pronuncia­ron una oración silenciosa: «por favor, Dios mío, haz que conteste; haz que conteste...». Cinco tonos... seis... A Demi se le cayó el alma a los pies. ¿Es que ni siquiera iba a contes­tar?

-¿Diga? -contestó una voz profunda al otro lado de la lí­nea.
-¡Joe! -exclamó Demi-. Tengo que hablar contigo; ¡necesito ayuda!
-¿Que necesitas ayuda? ¡Vete al infierno! -le gritó él, en un arranque de ira.
-Sólo te pido que me escuches -le dijo Demi con fir­meza-. Por favor... ¡Se trata de algo serio!
La voz de Joe sonó gélida cuando le contestó.
-No tengo nada que hablar con una mujer como tú, Demi. Y hazme un favor: no vuelvas a llamarme en lo que te queda de vida.
-¡Joe, por amor de Dios...! -gimió ella desesperada, pero la comunicación ya se había cortado.

Volvió a marcar, pero esperó varios tonos en vano. Sabía que Joe no iba a contestar, y sabía que tampoco tenía caso intentar contactar con él en otros números, como el de la comisaría.

Estaba segura de que Joe habría intentado ayudarla si hubiese sabido lo que le había ocurrido a Rory, pero, ¿cómo podía decírselo si se negaba a escucharla?

Maldijo entre dientes mientras se devanaba los sesos pensando qué podía hacer. ¡Tenía que salvar a Rory! En un impulso, probó con el número de la casa de Nick, pero na­die contestó, ni siquiera Miley.

Se sirvió una taza de café solo y se lo bebió de golpe con la esperanza de que le aclarara la mente. La única otra posi­bilidad que le quedaba era conseguir reunir el dinero del rescate. ¡Joel! ¡Joel Harper! ¡Si consiguiese ponerse en con­tacto con él...!

Marcó el número de su casa, pero le saltó el contestador. Probó con el del estudio, pero le dijeron que no estaban allí, ni él, ni nadie de su equipo; se habían ido a preparar las co­sas al lugar donde iban a rodar la nueva película, ya que en la que participaba ella estaba casi terminada. Y no era preci­samente cerca: en las selvas del Perú, nada menos, donde su móvil ni siquiera tendría cobertura.

Demi intentó llamar después a un directivo del estudio, pero le dijeron que también estaba fuera, y que no volvería en una semana. ¿Se podía tener peor suerte?, se preguntó desolada. No podía conseguir ayuda, y estaba sola en aque­llo. Pensó en llamar a la policía, pero temía que pusieran en peligro la vida de Rory, entrando con sus pistolas donde lo tuvieran retenido y que empezaran a disparar. No se le ocu­rría nada más.

Colgó el teléfono con un pesado suspiro. Le sería del todo imposible reunir para la mañana siguiente la cantidad de dinero que quería Sam. No tenía más que mil dólares en su cuenta corriente, había agotado el crédito de todas sus tarjetas de crédito, y había empeñado sus joyas para po­der pagar las mensualidades de la academia de Rory hasta el verano. No le quedaba nada más de lo que tirar, ni tenía nada que pudiese utilizar como aval para pedir un prés­tamo.

Sólo había una solución posible: ofrecerse a cambio de Rory, y decirle a Sam que se pusiera en contacto con la productora para pedir el rescate. No sabían que Joel estaba fuera del país, y si jugaba bien sus cartas podría convencer­los de que podía ser un rehén más valioso que Rory, y de que la productora estaría dispuesta a pagar lo que fuera por su liberación.
Sería una mentira colosal, por supuesto, porque la com­pañía no tendría más suerte que ella para encontrar a al­guien que pudiese reunir la suma que pedían, pero aquella treta podría salvar a Rory.

Se sirvió otro café, y permaneció toda la noche junto al teléfono, aguardando que Sam volviera a llamar. Mien­tras estaba allí sentada, desesperada, no pudo evitar pen­sar en lo que supondría para ella ponerse voluntariamente en las manos de Sam Stanton. Recordaba demasiado bien el miedo, el dolor, y la angustia que aquel hombre le ha­bía causado el día que la violó, años atrás. Todavía le tenía un miedo atroz. Era muy violento, y se volvería incontrolable cuando descubriese que no iba a sacarle ningún di­nero ni a ella ni a sus jefes. Con suerte únicamente la ma­taría. Tomó otro sorbo de café, y se preguntó si las cosas habrían sido distintas si no hubiese hecho el amor con Joe aquella noche, o si se hubiese negado a hacer aque­lla escena, o si...

Lo más importante para ella era la seguridad de Rory. Su hermano pequeño todavía era un niño, lo quería con toda su alma, y no merecía morir.

Tomó de nuevo la taza de café, y antes de apurar su con­tenido se dijo en voz alta:
-Puedes hacerlo, chica, puedes hacerlo.
Levantó la taza como si fuera un vaso de whisky, y brindó a su salud:
-Por los que tienen más agallas que cerebro, y cuando son derribados caen envueltos en las llamas de la gloria -murmuró.

Momentos después sonaba el teléfono. Con sangre fría y  aplomo fingido, le hizo a Sam la proposición de cam­biarse por Rory. Él lo consideró un momento, lo discutió con alguien a su lado, y finalmente accedió y le dio una di­rección.

-Toma un taxi, y no avises a nadie -la amenazó-. Si lo haces mataré al chico antes de que llegues. ¿Lo has enten­dido?
-Claro, encanto -contestó Demi, poniendo un tono lo mas sarcástico que pudo.
-Y no te entretengas -masculló Sam, colgando a continuación
.
Demi repasó mentalmente las clases de artes marciales une había recibido. Por si acaso, pensó, se llevaría la navaja  que había usado en la película. Lo cierto era que no sabía cómo usarla, pero tenía una hoja larga y afilada. Si tenía la oportunidad, por pequeña que fuera, le haría pagar a Sam Stanton todo lo que había hecho en su miserable vida. Joe lo leería en los periódicos, pensó fríamente, y esperaba que su conciencia lo torturase cada vez que se acordase de ella.

1 comentario:

  1. oh pobre demi joe no la quiere escuchar y se va entregar a cambio de su hermano

    ResponderEliminar

Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..