domingo, 26 de mayo de 2013

Jemi 28 - Corazones Heridos




Cuando llegó al aeropuerto, Joe tomó un taxi para ir a casa de Demi. No había querido viajar en coche porque ha­bría tardado mucho más, y la frenética llamada de la joven lo había dejado preocupado. No sabía qué podía haber ocu­rrido, pero tenía una sensación extraña en la boca del estó­mago, como un presentimiento de que algo iba mal. Tenía que averiguar qué era.

El recuerdo de la atormentada voz de Demi lo había perseguido desde aquella llamada, y no podía sacárselo de la cabeza. Al final había acabado telefoneándola, simplemente para asegurarse de que estaba bien. El número de teléfono que había marcado era el de Demi, pero no fue Demi quien contestó.

De hecho, lo que lo había llevado a Nueva York era la voz que había contestado. Era la voz de un hombre, seria y áspera, y al preguntar por Demi, se había hecho un frío silencio al otro lado de la línea. El hombre le preguntó qué quería. Joe, cada vez más inquieto, le dijo que lo que que­ría era hablar con Demi Lovato. Se había producido un nuevo silencio, y el hombre le dijo que no podía ponerse en ese momento, y que llamara el día siguiente, para colgarle a continuación.

Joe se había quedado con el auricular en la mano largo rato después de que la comunicación se cortara. Un miedo cerval se apoderó de él. A Demi le había ocurrido algo. Ha­bía hombres en su piso controlando las llamadas... gente de la policía. Lo sabía por el tono que había empleado su inter­locutor... la clase de tono que se usaba en los casos de secuestro, y que él mismo había utilizado en aquellos que ha­bía ayudado a resolver.

No podía llegar al fondo de la cuestión por teléfono, así que le dijo a todo el mundo que se había producido una emergencia familiar, se tomó un permiso, dejó a Nick al mando, y tomó el primer avión para Nueva York.

Desde entonces le había dado vueltas y más vueltas a esa llamada. Había policía en el piso de Demi y estaban contro­lando las llamadas, como si estuviesen esperando la de al­guien en particular. Joe pensó en la madre de Demi y el padre de Rory, y en las amenazas que la joven le había di­cho que le habían hecho. ¿Y si habían raptado a Rory? Aquello explicaría por qué Demi casi se había puesto histé­rica cuando le había dicho que no quería hablar con ella. Lo había llamado para pedirle ayuda, y él le había contestado de malos modos y le había colgado. Cerró los ojos, sin­tiendo una punzada de culpabilidad en el pecho. Si le pasase algo a Rory o a Demi por haberle negado esa ayuda, no po­dría seguir viviendo. Sin embargo, había algo que no le cua­draba: si era Rory quien estaba en peligro, ¿por qué no ha­bía contestado Demi el teléfono en vez de un agente de policía?

Pagó al taxista, añadiendo una propina, se bajó del ve­hículo, y en un par de zancadas estaba en la entrada de la casa de Demi. Llamó al timbre del portero automático.

-¿Quién es? -contestó una voz de hombre, la misma que había respondido a su llamada esa mañana.
-Soy un viejo amigo de Demi Lovato... un compañero suyo de trabajo -mintió Joe.
Hubo una pausa, y de pronto se oyó la voz angustiada de un chico:
-¡Déjenle subir!, ¡por favor!

¡Rory! Joe apretó los dientes en un intento por mante­ner la calma. Rory estaba allí, no lo habían secuestrado... Sin embargo, parecía muy alterado. Tenía que haberle ocurrido algo a Demi.

Hubo otra pausa.

-Está bien, suba.

Le abrieron desde arriba, y Joe entró. Subió las escale­ras a toda prisa, pero trató de controlarse un poco cuando llegó a la puerta de Demi. Rory se abrió paso entre los hombres que estaban esperándolo, y se lanzó a sus brazos, llorando.

-¿Qué pasa?, ¿qué ha ocurrido? -le preguntó suave­mente, abrazándolo con fuerza.
-¿Conoce al chico? -le preguntó uno de los hombres.

Joe se quedó observándolo. Le resultaba familiar, pero no podía recordar de qué lo conocía... hasta que cayó en la cuenta: era un agente del FBI con el que había trabajado años atrás.

-¿Qué le ha pasado a Demi? -inquirió Joe sin decirle nada al tipo, ya que no parecía haberlo reconocido.
-Eso no es asunto suyo.
-¿No puede pasar y tomar un café? -le pidió Rory al hombre-. Es un buen amigo de mi hermana.
-¿Sabe dónde está? -le preguntó el agente a Joe con una mirada suspicaz.
-Estará trabajando, supongo -mintió Joe-. ¿No es así? -le preguntó a Rory.
El chico lo miró con ojos angustiados, pero no respon­dió; no estaba autorizado a contestarle a eso.
-Sí, eso es, está trabajando. Tiene cinco minutos; luego lo quiero fuera de aquí -le dijo el hombre a Joe-. Estamos esperando una llamada.
Joe siguió a Rory hasta la cocina, y abrió el grifo para que no pudieran oírlos hablar. Se volvió hacia Rory con una mirada implacable.

-Habla; deprisa -le dijo.
-Sam me raptó para sacarle dinero a Demi -le explicó Rory en voz baja-, pero ella no tenía la cantidad que le pe­día porque no cobrará hasta que no se estrene la nueva pelí­cula, así que se cambió por mí -añadió, al borde de las lágri­mas-. Le dijo a Sam que le pidiera el rescate a la productora para la que trabaja.
El corazón le dio un vuelco a Joe.
-La matarán -dijo antes de poder contener su lengua.
-Ella lo sabe. Me dio un beso para despedirse de mí cuando me dejaron marcharme, y me dijo que sabía lo que estaba haciendo, que su vida no importaba -contestó Rory, tragando saliva-. Desde que perdió el bebé ya no le importa nada. Me dijo que volviera a casa y que no pensara en ella, que no le importaba que la matasen, porque así acabarían con su dolor... ¡Joe! -exclamó dolorido cuando lo agarró bruscamente por los brazos.
Joe farfulló una disculpa.
-Pero... en los periódicos decía que había hecho aquella es­cena aun sabiendo que era peligroso en su estado... -masculló.
-Eso es mentira. El ayudante de dirección le juró que no le pasaría nada -replicó Rory-, y cuando el señor Harper se enteró de lo que había hecho lo despidió... pero ya era demasiado tarde.

Joe cerró los ojos atormentado, recordando las cosas tan duras que le había dicho a la joven. Demi iba a morir, y era todo culpa suya. Lo había llamado para pedirle ayuda, pero él se la había negado, y no había visto otro remedio más que cambiarse por Rory... entregándose a un hombre al que tenía verdaderas razones para temer.

-¡Joe, por favor, reacciona! -le siseó Rory de pronto, zarandeándolo-. ¡Tenemos que salvarla!
Joe se había puesto lívido, y estaba intentando contro­lar su agitada respiración al tiempo que se esforzaba por no pensar en lo que Demi podría estar pasando en ese mismo instante.
-¡Joe! -le insistió Rory.
En ese momento él parecía el adulto y Joe el niño asustado.
-Está bien -dijo Joe finalmente-.Yo me ocuparé.
-No creo que estos tipos sepan lo que están haciendo -le dijo Rory preocupado-. Están ahí sentados, esperando a que suene el teléfono, pero dudo que Sam esté tan loco como para llamar aquí. Iba a llamar a la productora, pero Joel Harper está fuera del país y no hay forma de ponerse en contacto con él, y ninguna de las personas que quedan aquí puede autorizar el pago del rescate sin su consenti­miento. Van a matarla, Joe, sé que lo harán.
-¿Cómo consiguió Stanton llegar hasta ti? -se apresuró a preguntarle Joe. Los hombres en la habitación contigua se habían quedado de pronto muy callados.
-Le dijo a mi amigo, el que vive aquí al lado, que quería que bajara, pero yo creí que se trataba de ti -contestó Rory, apartando la vista-. Sam tiene un primo que vive en los ba­rrios bajos de la zona este, no muy lejos de aquí. Su padre tiene un bar. Pertenece a una banda, y tiene contactos con la mafia.
-¿Cómo se llama?
-Alvaro no sé qué. Montes, creo. El bar se llama «La co­rrida» y está cerca de la calle dos.

Joe miró hacia la puerta, adonde se habían asomado los agentes, que estaban mirándolo suspicaces. Uno de ellos era moreno, y sólo algo mayor que Joe. El otro, al que Joe conocía, era más alto, de pelo canoso, y tenía unos cin­cuenta años. Las facciones de su rostro parecían de acero.

-Se le han acabado los cinco minutos -le dijo el alto a Joe-. ¿Sabe? Su cara me suena de algo... -añadió.
Joe sonrió.
-Quizá me haya visto en alguna película. ¿Ha visto La bailarina? Yo hacía el papel de camarero... El hombre lo miró con desdén.
-No me gustan los musicales.
Joe bajó la vista hacia Rory, teniendo cuidado de que su rostro no dejara entrever nada.
-Cuando vuelva tu hermana jugaremos esa partida de ajedrez que te prometí -le dijo para despistar-. ¿No te irá a dejar mucho tiempo aquí solo, verdad?
-No estará solo -farfulló el tipo alto con aspereza-; no­sotros nos quedaremos con él hasta que regrese su hermana.
Joe sacó una tarjeta visita y se la entregó a Rory.
-Regento un pequeño negocio cerca de aquí -le ex­plicó a los hombres con una sonrisa-, para tener algo con lo que poder comer entre película y película... Así el chico podrá llamarme si necesita algo cuando Demi no esté en casa.
Los agentes lo miraron aún con mayor recelo.
-Déjame ver esa tarjeta -le dijo el más bajo a Rory.
El chiquillo miró a Joe, que volvió a tomar la tarjeta de sus manos y se la entregó a los agentes. En ella ponía: «Para que te sientas como en casa cuando estás lejos de casa, La guarida de Smith, Brooklyn, N.Y », y debajo había un nú­mero de teléfono.
-¿Ése es su nombre?, ¿Smith? -le preguntó uno de los hombres a Joe.
-Ése soy yo. Un nombre fácil de recordar, ¿verdad? -añadió con una sonrisa encantadora. Era una suerte que llevase una de esas viejas tarjetas de pega encima.
El agente se la devolvió a Rory.
-Si le hace falta ya se pondrá en contacto con usted -le dijo a Joe-. Ahora lárguese de aquí.
-Cuídate, Rory -se despidió él con una inclinación de cabeza, como para indicarle que todo iría bien.
Rory imitó su gesto, pero no se sintió más calmado. No sabía cómo podría Joe rescatar a Demi él solo. Aquello no iba a ser nada fácil.
Joe estaba pensando lo mismo mientras salía del piso. Sacó el teléfono móvil que reservaba para las emergencias, y marcó un número.
-¿Peter? -inquirió cuando alguien contestó al otro lado de la línea-. Soy Miller. ... Bien, ¿y tú? ... Necesito que me hagas un favor.

1 comentario:

  1. ohhhhhhhh joe ya sabe que demi fue secuestrada y como fue que perdió el bb y el se ciente culpable siguela

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..