domingo, 26 de mayo de 2013

Jemi 29 - Corazones Heridos




-¿Qué te hace falta? -respondió el otro hombre.
-Unos trescientos mililitros de C-4, un cuchillo K-Bar, cuerda, un revólver automático del cuarenta y cinco, un par de granadas cegadoras, y transporte para ir a Brooklyn.
El hombre al otro lado de la línea se echó a reír.
-Sin problema, amigo. Iré al supermercado de la esquina y te conseguiré todas esas cosas. ¿Dónde estás?

Media hora más tarde Joe se subía a un coche a dos manzanas de allí, y le estrechaba la mano a su protegido, Pe­ter Stone, un joven que ya se había convertido en mercena­rio profesional. Había estado en el grupo de Micah Steele, pero en ese momento estaba trabajando como experto en seguridad junto con Bojo, otro ex miembro del grupo, en Qawi, un país de Oriente Medio, para el jeque Philippe Sa­hon. Peter estaba en Estados Unidos sólo de visita, viendo a sus parientes, aprovechando un receso entre misión y mi­sión.

-Tío, todavía no puedo creerlo... Imagínate: ¡tú, jefe de policía en «Paletoville»! -le dijo Peter riéndose.
-Muy gracioso. Yo tampoco te imaginé nunca a ti lu­chando contra terroristas internacionales... -contestó Joe.
Peter se encogió de hombros.
-Bueno, a cada uno lo suyo -respondió. Luego, se puso serio-. ¿Cuál es tu problema?
-Una amiga mía ha sido secuestrada y voy a rescatarla.
-¿Una amiga? -repitió Peter-. ¿Quieres decir que hay una mujer sobre la faz de la tierra que te importa lo bas­tante como para ir a rescatarla? Debe ser muy especial.
-Lo es -respondió Joe escuetamente, apartando la vista-. Se cambió por su hermano pequeño y le dijo a los secuestradores que podrían conseguir el rescate pidiéndo­selo a la productora para la que trabaja... a sabiendas de que no lo pagarán porque no hay nadie en el país que pueda au­torizar y negociar el pago.
-Vaya, una chica con agallas -murmuró Peter admirado.
-Tú lo has dicho, tiene muchas agallas... pero morirá si no hago algo. El tipo que la ha raptado es de la peor calaña.
-Don Kincaid está en la ciudad -lo informó Peter-. Y puedo ponerme en contacto con Ed Bonner si es necesario. Estaba a las órdenes de Marcus Carrera antes de que se re­formase...
-Sólo recurriré a Carrera si no me queda más remedio -le dijo Joe-. Él y su gente sólo hacen favor por favor.
-Sí, sé a qué te refieres -contestó Peter sarcástico-.Yo le debo uno, y estoy temblando sólo de pensar qué se le ocu­rrirá pedirme.
-Quizá sólo esté buscando alguna tela exótica... -res­pondió Joe riéndose entre dientes.
-No deberías bromear sobre su afición al patchwork -le advirtió Peter-. Hay un tipo en el hospital que se lamentará siempre de haberlo hecho.
-En Texas hay un abogado que también tiene esa afi­ción... y además conoce a Carrera -le dijo Joe-. Salió en un programa en la televisión. De hecho, en la comisaría tene­mos a un tipo que trabajaba para él hasta que se le ocurrió hacer un comentario gracioso sobre los hombres que hacen labores. Pero ya está bien -añadió Joe-. De hecho, las pró­tesis dentales que le han puesto parecen casi reales.
Peter se rió mientras giraba el volante para meterse por un callejón.
-Bueno, ¿y a dónde vamos ahora?
-A un pequeño bar que se llama «La corrida».
-¡Conozco ese sitio! -exclamó Peter-. El tipo que lo re­genta, Álvaro Montes, es español. Su padre era torero, y mu­rió en la plaza, tal y como lo habría querido.
-¿Sabes si está metido en asuntos turbios?
-El no -respondió Peter sin dudarlo-, aunque tiene al­gunos parientes que no son muy de fiar... empezando por el inútil de su hijo -añadió con desdén-. Alguien tendría que meterlo en cintura.
-Tiene gracia que lo menciones -dijo Joe-, porque es detrás de quien vamos.
-¡No fastidies! -exclamó Peter sonriendo-. Genial, va­mos a ver a papá Montes. Quizá pueda decirnos si a su chico le ha dado ahora por el secuestro.
-Escucha, Peter, no estoy de humor para peleas de ta­berna...
-No vamos a pegarnos con nadie -le aseguró el joven-. Tranquilo, déjame hacer a mí.

Cuando entraron en el pequeño y mal iluminado local, un hombre alto de pelo rizado entrecano que estaba en la barra levantó la vista hacia ellos. A excepción de un viejo sentado en un rincón, el bar estaba vacío.

-¡Peter! -saludó el propietario al joven, esbozando una amable sonrisa-. ¡No sabía que estabas de vuelta en la ciudad!
-Sólo por unos días, viejo -respondió Peter, sonriéndole también-. Éste es Miller, un amigo.
El dueño del bar se quedó callado mientras miraba a Joe con los ojos entornados.
-He oído hablar de usted -le dijo quedamente.
-Mucha gente ha oído hablar de él -intervino Peter-. Una amiga suya ha sido secuestrada.
-Y tú has venido aquí a verme... -farfulló el anciano, ce­rrando los ojos y suspirando con pesadez-. No me hace falta preguntarte por qué, por supuesto. Es ese sobrino mío del Sur, que no ha venido aquí más que para darnos proble­mas, ¿verdad? La última vez fue tráfico de armas. ¿Qué ha hecho ahora?
-Me temo que algo peor -contestó Peter-. Me parece que tú sabrías dónde llevaría a un rehén si hubiera secues­trado a alguien.
-Un rehén... -murmuró el hombre, cerrando los ojos-. Sí, sí sé dónde lo llevaría -añadió lentamente-: a un alma­cén donde guardo mis licores y mis mejores botellas de vino. Está a unas manzanas de aquí -explicó, dándole a Pe­ter la dirección-. ¿Intentarás mantener a mi hijo fuera de esto?
-Su hijo ya está metido -dijo Joe sin andarse con fine­zas-, y si le ocurre algo a la mujer que han secuestrado, se arrepentirá.

El anciano contrajo el rostro.

-Yo he sido un buen padre -murmuró con pesadum­bre-. He hecho todo lo que he podido por enseñarle a dis­tinguir lo que está bien de lo que está mal, a alejarse de la gente que va contra la ley, pero cuando se marchó de casa perdí el control sobre él, ya ve. ¿Tiene usted hijos? -le pre­guntó a Joe.
-No -contestó él en un tono que no invitaba a hacer comentarios-. ¿Cree que su hijo estará con alguien más además de su primo?
El hombre sacudió la cabeza.
-Su hermano es abogado, lo cual quizá nos acabe vi­niendo bien. No, mi otro hijo nunca me ha dado ningún quebradero de cabeza. Siempre ha sido un buen chico.
-No debe culparse usted -le dijo Joe-. He trabajado en la policía el suficiente tiempo como para saber que un hijo puede echarse a perder aunque sus padres le den la me­jor educación. Al final es cada uno quien decide qué clase de persona quiere ser.
-Gracias -le respondió el dueño del bar quedamente.
-Hasta luego, viejo -se despidió Peter-.Y gracias.

El hombre sólo hizo una inclinación de cabeza. Parecía muy triste.

-Es un buen hombre -le dijo Peter a Joe cuando estu­vieron de nuevo en el coche-, y ha sacrificado mucho para criar a esos chicos. Su madre murió cuando nació el pe­queño. Ella también era buena gente.
-También lo es Demi -gruñó Joe, impaciente por em­pezar a moverse.
No iba a ser nada fácil rescatar a Demi con vida, aunque contara con ayuda, y no quería ni pensar en las consecuen­cias si no llegaban a tiempo.
-Por cierto, te he traído tu antiguo «uniforme» -le dijo Peter-.Va a ser una noche memorable.
-No lo dudo -respondió Joe.

El almacén estaba en un callejón, y alguien había hecho añicos una de las farolas, probablemente de una pedrada. Había un grupo de adolescentes merodeando por allí y armando jaleo, pero cuando vieron a Joe y a Peter con su «ropa de trabajo» se fueron en la dirección contraria.

-No te preocupes por ellos -le dijo Peter-. Nadie de este barrio se atrevería a meterse con nosotros... ni por todo el oro del mundo. Bueno, ¿cómo entramos?
Ya habían inspeccionado los alrededores del edificio y localizado todas las salidas
-Por el tejado -respondió Joe-, y luego nos metere­mos por el sistema de ventilación para pasar al segundo piso. Allí ataremos la cuerda a la barandilla y nos descolgare­mos hasta la planta baja.
-Procura no romper muchas botellas, ¿de acuerdo? -le pidió Peter-. El viejo no tiene mucho dinero, y probable­mente lo que tiene aquí es su única fortuna.
-Lo intentaré.Vamos.
-¿Y qué hay de los federales? -le preguntó Peter. 
-Gracias por recordármelo -dijo Joe, sacando el telé­fono móvil y marcando un número.


Treparon al tejado con la ayuda de unos ganchos de es­calada y bajaron sigilosamente por el sistema de ventilación hasta el piso superior.

Gracias a los potentes pero ligeros cascos con micrófono integrado que llevaban podían comunicarse el uno con el otro aunque estuvieran lejos, y sin tener que gritarse. Joe iba delante, con una cuerda de nailon liada en torno a un hombro, un cuchillo K-Bar con su funda en la cintura, y un revólver automático del calibre cuarenta y cinco. Iba vestido todo de negro, igual que Peter, y un pasamontañas en la ca­beza.

Se detuvo en la pasarela, y miró hacia abajo, asomándose por encima de la barandilla. Entre los barriles y los botelle­ros distinguió a Demi echada boca abajo sobre unos carto­nes. Junto a ella, de pie, había tres hombres discutiendo. Uno de ellos tenía una botella rota en la mano, y estaba agi­tándola en dirección a uno de los otros. Demi no hacía nin­gún ruido, y a Joe el corazón se le encogió en el pecho mientras la miraba. Si le habían hecho algún daño los mataría. No podría controlarse.

Le hizo un gesto a Peter para que rodeara y cruzara al otro lado, y Peter asintió con la cabeza, señalando la cuerda que él llevaba. A Peter le llevó una eternidad avanzar por entre las cajas sin hacer ruido. No podían arriesgarse a aler­tar a los secuestradores, y su cautela era tal, que en un mo­mento dado, cuando le resultó imposible seguir sin evitar pasar sobre un gran trozo de plástico, esperó hasta que pasó un camión por la calle para que el ruido enmascarara sus pi­sadas.

Finalmente Peter llegó a la posición, y le hizo una señal a Joe con los pulgares levantados. Los dos ataron sus cuer­das de nailon en la barandilla de hierro, luego Joe sacó su revólver, y Peter hizo otro tanto. Joe se encaramó a la ba­randilla, poniéndose de pie sobre ella, observó a Peter mientras hacía lo mismo al otro lado, y se descolgaron con fuertes gritos que desconcertaron a los secuestradores.

-¿Qué diablos...? -exclamó el más alto de los tres hom­bres.
-¡Dispara!, ¡dispara! -le gritó el segundo.

El tipo alto sacó una pistola y pegó un par de tiros en di­rección a Joe, pero Joe ya estaba más que curtido en es­quivar balas. Se soltó de la cuerda, dio una voltereta, y dis­paró.

El segundo tipo cayó al suelo agarrándose la pierna y gi­miendo de dolor. Peter tenía al alto agarrado por el cuello desde detrás, y el tercero, comprendiendo que no tenía nada que hacer, salió corriendo hacia la salida. Por desgracia lo­gró salir del edificio antes de Joe pudiera verle bien la cara.

Guardó el arma en su funda, y corrió junto a Demi. Cuando llegó a su lado, vio que tenía el rostro bañado en sangre. Su blusa también estaba manchada, además de ras­gada, y tenía cardenales en los hombros y la espalda. No se movía. Ni siquiera parecía respirar.

Por un aterrador instante Joe recordó el momento, meses atrás, en que había visto a Miley Cyrus desplo­mada en el suelo después de ser disparada por uno de los enemigos de Nick. El mismo pánico que lo había invadido entonces volvió a invadirlo, pero esa vez fue aún mayor.

-Demi... -masculló, arrodillándose a su lado, y buscán­dole el pulso en el cuello con una mano temblorosa.

Durante unos segundos, los peores de su vida, pensó que estaba muerta porque no conseguía encontrarle el pulso, pero de pronto sintió la débil presión de la sangre que co­rría por la vena bajo sus dedos.

-¡Está viva! -le gritó a Peter.

Sacó su teléfono móvil y llamó a la policía.

^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^

Hola a tod@s

Gracias porseguir leyendo mi nove y a mis amigas por siempre estar ahi y comentar, sorry que me haya vuelto un poco ingrata pero la u y el trabajo me tienen full, gracias a Dios las cosas han ido bien, de salud estoy bien igual que mi familia.

Justo tengo que irme ha realizar un trabajo en grupo y preparme para mis exmanes de la u la proxima semana, asi k desenme suerte.

las quiero
 

3 comentarios:

  1. wow ya encontraron a demi ojala que no le hallan hecho nada los secuestradores me encanto síguela pronto y suerte en tus examenes

    ResponderEliminar
  2. Hola!! tu blog está genial, me encantaria afiliarlo en mis sitios webs y por mi parte te pediría un enlace hacia mis web y asi beneficiarnos ambos con mas visitas.

    me respondes a emitacat@gmail.com

    besoss!!
    Emilia

    ResponderEliminar
  3. ¡Holaa! Escribo novelas y me preguntaba si querrías pasarte por mi blog. stephtentacion.blogspot.com

    ResponderEliminar

Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..