domingo, 26 de mayo de 2013

Niley 21 - La mujer del sultan




Al día siguiente partieron en dirección a las Cuevas de Zatua a la hora de almuerzo.
Durante el trayecto Miley guardó silencio largo rato, penosamente consciente de la tensión entre ellos. ¿Por qué no podía dejar de pensar en el sexo cada vez que lo miraba? Tenía muchos amigos varones, pero nunca lo hacía cuando estaba con ellos.
La atracción que sentía hacia él se estaba convirtiendo en algo intolerable. Deseaba deslizar las manos a través de esos brillantes cabellos oscuros, acariciarle el mentón y hundir los dientes en el hombro musculoso. Deseaba quitarle la ropa y verlo desnudo.
Y ése era el último día.
¿Cuándo iba a pedir su respuesta?
¿Y cuál iba a ser su decisión?
Mientras se aproximaban a las cuevas, Miley pensó en Nadia.
Antes de entrar, Nick le tomó la mano con firmeza.
—Vamos —ordenó.
Y ella lo siguió a la entrada del laberinto de cuevas.
Decenas de velas iluminaban la primera caverna y el suelo estaba cubierto de alfombras. Nick miró a su alrededor con satisfacción.
Todo se había hecho exactamente según sus instrucciones.
Al oír la exclamación mezcla de deleite y confusión que Miley dejó escapar, supo que su esfuerzo producía la respuesta deseada.
—¡Qué hermoso! ¿Quién ha hecho esto?
—Yo. Intento demostrarte que también soy capaz de un gesto romántico —dijo como si se burlara de sí mismo—. Siempre te han gustado estas cavernas. Significan mucho para ti, por eso decidí traerte aquí para hacerte la pregunta que ha rondado nuestras mentes durante las dos últimas semanas. Cásate conmigo, Miley.
—Más parece una orden que una petición —observó ella, casi sin aliento al tiempo que le ponía una mano en el pecho.
—Quiero que seas mi esposa. He tenido paciencia todos estos días. Y ahora necesito oír tu respuesta. Si es afirmativa, te casarás conmigo aquí mismo.
—¿Una boda en las Cuevas de Zatua? ¿Ahora? —preguntó, consternada.
—¿Qué mejor lugar que éste donde Nadia y su sultán descubrieron su amor y donde nosotros descubrimos lo que sentíamos el uno por el otro?
El silencio reflexivo que siguió a sus palabras no fue lo que esperaba y, sorprendentemente, Nick sintió algo parecido al pánico. Entonces le rodeó la cintura con un brazo y la atrajo hacia su cuerpo.
—Di que sí. Y dilo rápido, porque mi paciencia se agota —ordenó.
—¿Qué clase de paciencia es ésa? Pienso que cada vez que quieres algo te limitas a dar una orden y tus deseos se cumplen de inmediato.
—Porque sé lo que quiero e intento conseguirlo. ¿Qué tiene de malo? —declaró alzando la cabeza con arrogancia—. Te quiero en mi cama y en mi vida. He demostrado una gran paciencia. Ninguna mujer me ha hecho esperar así como tú lo has hecho.
Ella alzó una ceja.
—Tal vez el hecho de aprender a esperar ha sido bueno para tu desarrollo emocional.
—Mis emociones gozan de excelente salud, gracias —gruñó al tiempo que le besaba el cuello. Olía de maravilla—. Te agradecería que me dieras una respuesta cuando estés en disposición de hacerlo. Y asegúrate de que sea en menos de tres segundos.
—Me siento como si estuviera en la cima de una duna de arena. No sé si retroceder o seguir adelante, a riesgo de una caída —confesó con suavidad.
—El peligro es lo que convierte a la vida en un precioso milagro, laeela.
—Antes de responder, necesito hacerte una pregunta, Nick. Y necesito una respuesta sincera.
—Te escucho —dijo, a la defensiva.
—¿Por qué quieres casarte conmigo?
Nick se relajó al instante.
—La respuesta es muy sencilla. Eres hermosa y una buena compañía. Disfruto conversando contigo y me diviertes. Incluso me gusta tu modo de hablar sin restricciones.
—Acabas de describir una buena amistad, Nick. Tiene que haber algo más que amistad entre nosotros.
—Sí, existe una asombrosa atracción entre nosotros —dijo al tiempo que deslizaba las manos hasta los redondos glúteos de la joven.
Con las manos sobre su pecho, lo empujó suavemente para mantenerlo a distancia.
—Eso es sexo, Nick. Hasta aquí has mencionado la amistad y el sexo. No son razones para contraer matrimonio. Falta el ingrediente más importante.
Nick sintió que sonaban las alarmas en su mente y el pánico se apoderó de él. Estaba claro que ella quería oírle decir: «Te amo». Dos palabras que había evitado toda su vida.
Tras aspirar una gran bocanada de aire, se mordió el labio.
—Yo... —murmuró al tiempo que se pasaba la mano por la nuca.
Miley le rodeó el cuello con los brazos y rió suavemente.
—Sólo dos palabras, Nick. ¿Tan difícil es para ti? —preguntó. Al notar su rigidez, se puso de puntillas y le besó la mejilla—. Nunca antes has dicho esas palabras, ¿no es así, Nick? —inquirió. El negó con la cabeza. Pero la joven sonreía. ¿Por qué?—. Sé que me amas, aunque voy a necesitar oírlas con frecuencia. Así que tendrás que empezar a practicar. Sí, me casaré contigo.
¿Miley sabía que la amaba? Pero, ¿cómo podía saberlo?
Tan ocupado estaba preguntándose qué le había hecho pensar que estaba enamorado de ella, que tardó un instante en caer en la cuenta de que le había dado la respuesta que esperaba.
—¿Te casarás conmigo? ¿Has dicho que sí? —preguntó, finalmente.
El placer que experimentó le causó sorpresa e inquietud. Y de pronto recordó que el matrimonio era la conclusión de un negocio importante para él. Desde luego que tenía razones para sentirse complacido. Sería el dueño de la empresa del padre y al fin se podría realizar el proyecto del oleoducto. El futuro de Tazkash estaba asegurado.
—He dicho que sí porque veo que al fin me comprendes — respondió suavemente, con una expresión soñadora—. No has organizado una boda fastuosa con cientos de aburridos invitados. Has hecho esto —añadió al tiempo que indicaba la cueva iluminada—. Y es lo más romántico que pudiste haber hecho. Se trata de nosotros y de nadie más. Algo entre tú y yo solamente. Por eso sé que me amas.
—Miley...
Nick sonrió, ligeramente asombrado de su interpretación sobre lo que él consideraba un elaborado plan estratégico y nada más.
—Y como te conozco —lo interrumpió—, sé que en este momento tus servidores esperan una llamada tuya.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque nada escapa a tu control y sé que no lo habrías hecho sin antes haber organizado hasta el último detalle.
Nick encontró vagamente desconcertante que alguien lo conociera tan bien. Miley resultaba ser una mujer inquietantemente penetrante.
—Tienes razón.
—¿Has pensado en un vestido especial o he de casarme con este pantalón vaquero?
—Yasmina te ha traído un vestido.
—Muy bien —dijo antes de besarlo—. Entonces, adelante.

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