domingo, 26 de mayo de 2013

Niley 22 - La mujer del sultan




Ataviada con su vestido de boda, Miley intentó recordar otro momento de su vida en el que se hubiera sentido más feliz. Acababa de casarse con el hombre amado en un lugar que siempre había sido especial para ella. Y había sido increíblemente romántico.
Habían pronunciado los votos matrimoniales ante los escasos testigos presentes y él le había puesto el anillo de boda.
Rebosante de felicidad, se volvió a Nick y lo abrazó estrechamente.
—Te quiero tanto —exclamó, pero al instante lo sintió rígido en sus brazos—. Te sientes incómodo cuando te abrazo, ¿no es así? —preguntó con inseguridad.
—No, puedes hacerlo cuando quieras. Entiendo que las mujeres necesitan más afecto que los hombres.
—No creo que sea cierto. Lo que pasa es que a los hombres a veces les incomoda expresar sus emociones.
Miley decidió que le haría cambiar a fuerza de cariño.
Nick la estudió con una curiosa expresión en la mirada.
—Nunca he conocido a alguien como tú. Eres muy cariñosa, no ocultas tu personalidad. A decir verdad, eres transparente.
Miley se sintió culpable, consciente de que ocultaba una gran parte de su personalidad.
Tan acostumbrada estaba a no mostrarse como era en realidad, que lo que enseñaba se había convertido en una segunda naturaleza para ella. Y aun en esos momentos de tanta felicidad no se sentía capaz de sincerarse con él.
Aunque tampoco había prisa. Nick necesitaba una esposa preparada para actuar en sociedad. No hacía falta confesarle que ése no era su pasatiempo favorito. ¿No se había acercado a ella por segunda vez porque había demostrado su capacidad para desenvolverse en las esferas sociales que él frecuentaba?
—Creo que también es importante expresar el amor con palabras —observó sonriendo.
Y, aunque un tanto desilusionada por la incapacidad de Nick para decirle que la quería, Miley decidió apartar el detalle de su mente. Después de todo lo que le había contado sobre su infancia, no le sorprendía su dificultad para manifestar sus emociones.
El sol empezaba a ocultarse tras las dunas cuando sirvieron la cena. Miley no tenía apetito. Sentía mariposas en el estómago, totalmente consciente de la cercanía de Nick, sentado en una alfombra junto a ella. Entonces él llenó un plato con toda clase de exquisiteces y se lo tendió.
—No comes nada, laeela —le reprochó más tarde, en un tono grave y seductor—. ¿Has perdido el apetito?
Miley fue consciente de las sensaciones de su cuerpo al notar su mirada cargada de sensualidad.
—No tengo hambre de comida —murmuró con una sonrisa temblorosa.
No estaban solos, pero era como si lo estuvieran, tan discreta era la presencia de los sirvientes que los rodeaban.
Nick despidió al personal con un imperioso ademán.
—¿Por qué los has despedido? —preguntó sorprendida al ver que los sirvientes se dirigían a los vehículos—. Tenemos que volver al campamento.
—No esta noche. Nos quedaremos en las cuevas. Como Nadia y su Sultán —dijo al tiempo que le soltaba los cabellos—. Estoy más que dispuesto a complacer tus fantasías románticas.
—Nick...
Entonces él la llevó de la mano hasta la segunda cueva a través de una estrecha galería entre las rocas. Estaba profusamente iluminada con velas y sobre las alfombras habían puesto almohadones y mantas de terciopelo. El ambiente era íntimo y seductor.
—¡Qué maravilla! —exclamó mirando a su alrededor—. ¿Tú organizaste todo esto?
—Por supuesto. Recordé que la primera vez que estuvimos aquí te atemorizó la oscuridad. Y ahora basta de charla. Durante dos semanas no hemos hecho otra cosa que hablar —dijo al tiempo que la abrazaba—. ¿Sabes cuánto he tenido que esperar para desvestirte?
Miley sintió que los nervios le mordían el estómago.
—¿Te has casado conmigo sólo para desvestirme?
—Habría hecho cualquier cosa para ganarme el derecho de quitarte la ropa —confesó, rodeando las caderas con el brazo.
Ella sintió que le flaqueaban las piernas.
—¿Vamos a apagar las velas?
—No, quiero contemplar tu cuerpo —dijo con la voz enronquecida al tiempo que sus labios se deslizaban por el cuello de la joven—. Quiero ver tu cara cuando hagamos el amor.
Temblando y casi sin aliento, Miley se dijo que no importaba que Nick aún no fuera capaz de decir las palabras que tanto deseaba oír. Se había casado con ella en una ceremonia llena de gestos románticos. Sí, le había demostrado que la amaba. Y eso era suficiente. Finalmente había encontrado un hombre que la quería por sí misma y no por su dinero ni por la influencia de su padre. Ella le enseñaría a sentirse cómodo con sus emociones.
—No me has tocado en todos estos días.
—Porque no quise que me acusaras de que te deseaba para mí sólo por el sexo —susurró con la boca sobre la de ella—. Me he dado tantas duchas frías que mi personal empieza a dudar de mi cordura. Dime, ¿qué crees que hizo el Sultán a continuación? —preguntó mientras le acariciaba los cabellos, su hambrienta mirada fija en el rostro de la joven.
—Espero que haya empezado a desnudarla lentamente —susurró ella, con el corazón acelerado.
Nick alzó una ceja.
—¿Lentamente? —inquirió con una mirada sardónica al tiempo que daba un paso atrás. Luego buscó entre su ropa, sacó una daga y con un movimiento rápido y preciso cortó la tela del vestido desde el cuello hasta la cintura.
La finísima seda blanca cayó a los pies de la joven.
—Nick... —exclamó, ahogada por la sorpresa.
Él apartó la daga y se encogió de hombros.
—Está claro que no soy tan paciente como tu Sultán de la leyenda —confesó con una expresión abrumada, más divertida que sincera—. En lo que se refiere a ti, no puedo hacer nada con lentitud. He esperado este momento durante cinco años y me parece que ya es suficiente.
Sus ojos brillaban de deseo y ella contuvo la respiración.
Tras quitarse la ropa con su acostumbrada arrogancia, la tomó en brazos y la tendió suavemente sobre los cojines, sus ojos fijos en los de ella.
—Por fin eres mía.
Sus palabras fueron una clara declaración posesiva y ella dejó escapar un suspiro de anhelo.
—Bésame —murmuró contra la boca masculina—. Por favor, bésame.
Y él lo hizo.
—Voy a descubrir cada centímetro de tu cuerpo —susurró antes de recorrer con la boca y la lengua la piel de la joven, como un íntimo preludio erótico de lo que sucedería a continuación.
Miley se sintió al borde de un peligro, de algo que cambiaría su vida para siempre e instintivamente le rodeó el cuello con los brazos en busca de protección.
Nick la cubrió con su cuerpo delgado y poderoso mientras se posesionaba de su boca. Su beso era posesivo y urgente. Casi sin aliento, ella notó el calor de su cuerpo y se arqueó involuntariamente mientras él alzaba la cabeza para contemplar sus pechos.
La caricia de la punta de la lengua en el pezón de un pecho envió una corriente de sensaciones hasta la pelvis y ella se ciñó a él para suavizar el dolor que se adueñaba de su cuerpo totalmente desnudo.
Nick besó y acarició todo su cuerpo, excepto donde ella más anhelaba. Miley se removió bajo el peso de Nick con una dolorosa necesidad, casi intolerable.
¿Tenía idea de lo que le estaba haciendo?
En ese mismo instante, Nick alzó la cabeza y ella notó el brillo satisfecho de sus ojos. Sí, lo sabía.
—Nick, por favor...
Miley olvidó sus inhibiciones, y su mano acarició la íntima virilidad del hombre. Con un estremecimiento de excitación, sintió en sus dedos el poder de la excitación masculina. Entonces los dedos de Nick por fin acariciaron su sedoso y húmedo secreto. Sus dedos se movían con hábil sabiduría hasta que la mente de la joven quedó vacía de todo pensamiento, centrada sólo en su desesperada necesidad de él. Las piernas de Miley rodearon la cintura de Nick y él la alzó con las manos bajo sus caderas.
—Mírame —ordenó con urgencia y ella lo miró con conmocionado abandono mientras él penetraba en su cuerpo y quedaban unidos de la manera más íntima que era posible.
Ante la fuerza de la embestida, el cuerpo de la joven instintivamente se puso rígido. Nick se detuvo y la miró.
—¿Miley?
—¡No pares! No te detengas ahora.
Y Nick volvió a moverse dentro de su cuerpo, aunque con más suavidad.
Una ardiente sensación de placer estalló en su interior y Miley dejó escapar un gritó ahogado que él malinterpretó.
—No quiero hacerte daño —murmuró, con extraña inseguridad.
—No, no me haces daño. Yo quiero... necesito... —Miley cerró los ojos, incapaz de expresar con palabras qué era lo que deseaba, pero con la esperanza de que él lo comprendiera.
Y él lo hizo.
Mientras Nick se movía con un ritmo cada vez más rápido, ella comenzó a sentir una sensación tan salvaje que no pudo evitar gritar su nombre, y ambos alcanzaron la plenitud del clímax. La sensación fue tan intensa que Miley se aferró a él como si fuera el único que pudiera salvarla de la locura. Tal vez Nick sintió lo mismo, porque sin apartarse, la estrechó con fuerza entre sus brazos.

2 comentarios:

  1. Omg estuvo genial! Continuala no la dejes ahí!!! Amo esta novelaaa♥

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  2. hjkasghsajk me he leído los 22 caps y estoy desesperada por otro capituloo linda xx

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..