jueves, 19 de septiembre de 2013

Niley 24 - La mujer del sultan


Miley se acomodó silenciosamente en el asiento trasero del vehículo con un mal presentimiento que aumentaba a medida que el chófer los conducía a la capital, al palacio del sultán.
Como si la naturaleza quisiera solidarizar con su humor sombrío, se desató una tormenta de truenos y relámpagos y ella contempló el cielo oscuro al tiempo que se preguntaba si no sería un presagio.
Miley intentó olvidar su inquietud mientras se repetía que era una ridiculez. Y de pronto se descubrió recordando detalladamente su primera visita a Fallouk, la antigua ciudad y capital de Tazkash.
Tras un mes en el campamento de Nazaar, Nick tuvo que regresar a Fallouk debido a la mala salud de su padre e insistió en que lo acompañara.
Locamente enamorada y convencida de que muy pronto le pediría que se casara con él, Miley accedió de inmediato; pero más tarde se sintió bastante intimidada ante la opulencia y formalidad de la vida en palacio.
—No sé qué hacer ni qué decir —confesó a Nick, unos días más tarde.
Pero él calmó sus temores, repentinamente distraído y lejano, en nada parecido al hombre con el que había disfrutado tanto durante el mes que habían pasado en el desierto.
—Cualquier persona de la familia te ayudará. Si tienes alguna duda, sólo tienes que preguntar.
Miley se planteó si debía contarle que, tras las presentaciones iniciales, los innumerables primos, tíos y tías no habían vuelto a acercarse a ella. Había pasado los últimos días leyendo en su habitación.
—Apenas te veo...
—Mi padre no se encuentra bien. Tengo que atender importantes asuntos de Estado.
Ella sonrió sintiéndose culpable por presionarlo de esa manera.
—Desde luego, lo siento. No te preocupes, estaré bien.
—Esta noche hay una cena formal. Voy a enviar a alguien para que te ayude en tu arreglo personal —informó con los ojos puestos en un consejero que le hacía gestos, sin duda ansioso por escoltarlo a otra reunión.
Miley pasó toda la tarde dedicada a la tarea de elegir un vestido adecuado para su primera cena de etiqueta en el palacio. Se sentía muy insegura y anhelaba cinco minutos a solas con él para que le aconsejara cómo vestirse y conducirse durante la recepción.
Finalmente quedó satisfecha de su elección. Cuando escogía unas discretas joyas, una joven entró en su habitación.
—Soy Maya, la prima de Nick. Me pidió que viniera a ayudarte —dijo. Su leve aire de superioridad y su ligera sonrisa burlona sugerían que era lo último que le habría gustado hacer—. Vaya —exclamó, tras examinarla.
Miley se mordió el labio.
—¿No te gusta el vestido? —preguntó en tanto se volvía al espejo.
—Sí, estás maravillosa.
—Creo que es discreto —dijo. Había elegido el vestido con mucho cuidado y por fin había optado por uno de mangas largas y cuello alto—. Quiero causar una buena impresión.
—Desde luego que sí. Aunque Nick es un hombre habituado a la compañía de mujeres extremadamente hermosas. Nunca lo vas a conquistar si te vistes como una monja —murmuró con una mirada parecida a la compasión.
Miley se mordió el labio ante el cruel recordatorio de la reputación de Nick con las mujeres. Sintió que se le encogía el estómago y en un segundo todas sus inseguridades afloraron a la superficie. ¿Por qué podría interesarse por ella? Nick se relacionaba con mujeres maduras y sofisticadas que sabían cómo atraer su interés. En cambio ella...
Se reía cuando no venía al caso, hablaba cuando no debía hacerlo y se vestía de forma inadecuada. Llegaba a desesperar hasta a su propia madre. ¿Qué veía Nick en ella?
Entonces recordó el beso en las Cuevas de Zatua. La amaba, sabía que la amaba. Y ella aprendería todo lo que había que saber de la vida de palacio. Aprendería a ser la esposa que él quería y necesitaba.
Con la barbilla alzada, Miley dio la espalda al espejo.
—De acuerdo, dime qué debo ponerme, Maya. Necesito tu ayuda.
—Ponte un vestido corto y escotado —dijo de inmediato mientras sacaba uno del colgador—. Éste me parece muy adecuado.
—No suelo llevar vestidos tan atrevidos —comentó, dudosa.
—¿Sueles salir con hombres como Nick? Él acostumbra a frecuentar a las mujeres más sofisticadas del mundo, princesas, actrices, modelos...
—De acuerdo, me lo probaré —interrumpió Miley, sin ningún deseo de escuchar sus comentarios.
Tras ponerse el vestido que le hizo sonrojarse, se miró al espejo.
—¿Estás segura de que éste es adecuado? —preguntó al tiempo que intentaba subirse el escote.
—Totalmente —replicó Maya suavemente—. Cuando te vea esta noche no podrá apartar los ojos de ti.
Y acertó en su predicción, pero no por las razones que Miley esperaba. Lejos de sentirse deslumbrado por su belleza, Nick frunció el ceño con una mirada de desaprobación que no intentó ocultar.
—Ese vestido no es adecuado para una cena formal. Deberías haberte dejado aconsejar por alguien de la familia —dijo con frialdad.
Miley apretó los dientes mientras intentaba ignorar las lágrimas que le quemaban los párpados.
Demasiado tarde se dio cuenta de que Maya no había asistido a la cena.
Se vio obligada a soportar una odiosa velada, muy consciente de haber dado un paso en falso que le había avergonzando tanto como a Nick.
Ignoraba por qué Maya la había puesto en esa posición. Furiosa consigo misma por haber sido tan ingenua y confiada, y sin dejar de comparar su aspecto con el de las otras mujeres formalmente vestidas, durante la cena Miley se mantuvo con la boca cerrada, temerosa de decir algo inadecuado. Así que los intentos de Nick por entablar conversación se vieron frustrados porque ella se limitó a responder con monosílabos. Al fin él se rindió y se dedicó a conversar con la hermosa pelirroja que tenía a su derecha.
Más tarde, apenas se presentó una oportunidad, Miley escapó a su habitación.
Nick se reunió con ella a la mañana siguiente.
—Pediré a una de mis tías que te aconseje sobre cómo hay que vestirse y desenvolverse en una reunión social.
—Si tu tía es como Maya, por favor no te molestes. Creo que he recibido toda la ayuda que tu familia puede proporcionarme —murmuró.
Nick la miró con frialdad.
—¿Qué quieres decir?
—Está claro que no están conformes con mi presencia aquí.
—Eso no tiene sentido. ¿Por qué habrían de tomarlo a mal?
—No tengo idea. A diferencia de ti, no tengo experiencia en las costumbres y formalidades de palacio. Pero no discutamos, Nick. Yo te quiero.
La mirada de Nick se suavizó ligeramente.
—Comprendo que las cosas no han sido fáciles desde que llegamos. Y supongo que son más difíciles porque ignoran cuál es tu cometido aquí. Quiero hablar contigo, y creo que ahora es el momento oportuno.
El corazón de Miley comenzó a latir atropelladamente. Era el momento que había esperado con tanta ansiedad. Nick iba a pedirle que se casara con él.
—Sí, Nick.
—Hoy te mudarás a mis dependencias. Lo anunciaré de inmediato —dijo al tiempo que le rodeaba la cintura con un brazo y la besaba ligeramente en los labios—. Después de todo, eres una amante perfecta.
Miley lo miró sin comprender.
—¿Una amante perfecta?
—Por supuesto —dijo con una sonrisa—. Sería una locura seguir esperando cuando sabemos muy bien lo que hay entre nosotros.
—¿Una amante perfecta? —repitió conmocionada—. ¿Eso es lo que piensas anunciar?
—Eres extremadamente hermosa y me divierte tu compañía. Ni siquiera tendrás que aparecer en público.
En otras palabras, Nick se avergonzaba de ella, pensó con profunda tristeza, todos sus sueños destrozados.
—Déjame entender —dijo con voz temblorosa—. ¿Has decidido que sólo quieres mantener relaciones sexuales conmigo?
Él frunció el ceño.
—Te estoy ofreciendo mucho más que eso.
Miley sintió que la cólera se apoderaba de ella.
—¿Qué exactamente?
—Un lugar junto a mí con todo lo que eso conlleva, y el acceso ocasional a la vida de palacio.
Acceso ocasional.
—Hasta que decidas que te has cansado de mí —replicó al tiempo que ocultaba su dolor bajo la ira—. Creo que soy más valiosa que eso, Nick.
—Te hago un honor.
—No, me estás insultando. Eres tan cruel como el Sultán de la leyenda. Él se avergonzaba de Nadia, como tú te avergüenzas de mí.
—Esperabas que te propusiera matrimonio, ¿no es así?
El hecho de que supiera sus expectativas no hizo más que aumentar su humillación y se volvió a él luchando contra las lágrimas.
—¡Nadia fue una estúpida! En lugar de suicidarse debería haber matado al Sultán por haber sido un bastardo tan egoísta.
—Nuestra leyenda ha retorcido tus pensamientos, Miley.
—¡Aquí el único retorcido eres tú! —gritó sin importarle que la oyeran en otras dependencias del palacio. Simplemente no podía dar crédito a lo que él decía. Ella lo amaba—. Eres un egoísta, incapaz de querer a nadie más que a ti mismo.
—Estás enfadada porque querías alcanzar el rango de esposa —dijo con frialdad.
—En tu boca suena como una solicitud de empleo. ¿Por qué crees que quería casarme contigo, Nick?
El príncipe se puso a la defensiva.
—Por la misma razón que una campesina como Nadia quería casarse con el Sultán. Para alcanzar el poder y una posición social elevada.
Ella giró sobre sus talones y se alejó rápidamente porque no deseaba revelar la profundidad de sus sentimientos.
Las semanas pasadas no habían significado nada para él. ¿Cómo pudo haberla malinterpretado de ese modo?
¿Y cómo pudo haber sido tan estúpida?
La respuesta era muy sencilla. Porque se había enamorado. Y el amor siempre era optimista y generoso. Había confiado en él. Había creído en él.
De vuelta al presente, Miley dejó escapar una risita.
Sí, había sido una inocente. Una chica tan confiada que no había visto la malicia en la actitud de Maya. Aunque la prima nunca habría podido sabotear la relación entre ellos sin la ayuda del mismo Nick, dispuesto a ver lo peor en la joven.
Pero esa vez sería diferente, se dijo Miley. Esa vez llegaría al palacio como su esposa.
Estarían juntos y disfrutarían de la mutua compañía.
—Tranquila, laeela —dijo Nick con una sonrisa divertida, como si leyera sus pensamientos—. Yo me haré cargo de todo. No habrá problemas. Mi familia aprobará nuestro matrimonio.
Cuando llegaron al palacio, la aprensión de Miley no hizo más que aumentar mientras la guiaban a una amplia suite con una terraza que miraba a un patio decorado con hermosas arcadas de piedra, arriates con plantas exóticas de ricos colores y una fuente con un surtidor de aguas cantarinas.
Miley se volvió a Nick que la había seguido a la terraza.
—¿Qué se supone que debo hacer durante el día?
—Eres mi esposa, puedes hacer lo que quieras. Durante el día, mientras estoy ocupado en reuniones de Estado, puedes disfrutar del palacio —dijo al tiempo que le rodeaba la cara con las manos y la besaba—. Eres mi reina. Ve donde te apetezca y ordena lo que quieras.
—¿Y en la noche?
—En las noches eres mía, y sólo mía.



2 comentarios:

  1. Espero que por fin AHORA las cosas funcionen para ellos y que no haya otra prima celosa que se encargue de lo contrario, aunque realmente me preocupa la tormenta, soy supersticiosa y eso me huele a problemas :/
    Hey!!!!!!! No subías de hace AÑOS!!! Okno, sólo meses, pero de verdad se te extrañó como si hubieses desaparecido por años, realmente me preguntaba si te habían comido los leones y si tenía que llamar a la policía xDD Me alegra saber que estas de vuelta :D
    Bien, ahora que se que estas viva, me puedo quedar tranquila, sube pronto y cuidate mucho, mucho!!! Besis, bye ♥

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  2. woooooow que increíbles capítulos
    que bueno que hayas subido nuevamente se te extrañaba
    y espero ansiosa mente los siguientes capis
    me encanto siguelaaa

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..