viernes, 22 de noviembre de 2013

Jemi 34 - Corazones heridos




Demi todavía estaba algo aturdida aquella tarde, pero al menos su mente había empezado a funcionar de nuevo, la medicación le aliviaba los dolores, y también le habían dado algo para las náuseas. No podía pensar aún con claridad, pero estaba mejor que hacía unas horas.

La presencia de Joe en el hospital, después de lo que había pasado, estaba siendo un auténtico suplicio para ella. No había olvidado sus duras palabras, ni cómo se había ne­gado a escucharla. Tampoco había olvidado el terror que la había invadido cuando se había percatado de la desaparición de Rory, y se le había quedado grabada en la cabeza la lla­mada de Sam, dándole instrucciones para la liberación de Rory..., la misma llamada en la que ella se había ofrecido a cambiarse por él.

Pero lo peor habían sido las horas que había pasado en el almacén, cuando Sam y sus secuaces, tras dejar ir a su her­mano, se habían dado cuenta de que no iban a conseguir ningún dinero. Sam se había puesto furioso, y se había vuelto amenazador hacia ella, diciéndole que aunque no consiguieran el rescate, iba a pagar...

La puerta de la habitación se abrió en ese momento y alzó el rostro, dejando por un instante a un lado aquellos horribles recuerdos. Joe había vuelto hacía un par de ho­ras con Rory, con su tarjeta del seguro y las otras cosas que le había pedido, y el chiquillo se había despedido de ella llo­rando antes de que Joe lo llevase al aeropuerto para que tomase el avión que lo llevaría de regreso a Maryland.

Demi había perdido por completo la noción del tiempo mientras habían estado fuera.
-Volví hace ya un rato, pero estabas dormida y no he querido despertarte -le dijo Joe quedamente-. He estado en la cafetería.
-He estado durmiendo mucho rato -contestó ella lenta­mente-, pero me siento un poco mejor.
-Me alegra oír eso. Acabo de hablar con el comandante Marist -le dijo Joe, acercándose a la cama-. Fue a recoger a Rory al aeropuerto y lo ha llevado a la academia en co­che. No dejarán que nadie a excepción de ti o de mí lo sa­que de allí. Estará seguro.
Demi dejó escapar un pesado suspiro.
-Gracias a Dios que no le hicieron daño. ¡Tenía tanto miedo de lo que Sam pudiera hacerle...!
-Y te cambiaste por él -murmuró Joe-. Podría haberte matado, Demi.
-Si Rory quedaba libre, me daba igual lo que me ocurriera.

Joe se metió las manos en los bolsillos, y se quedó ob­servándola con los labios apretados, mientras se esforzaba por contener la ira que sentía hacia sí mismo por no haberla escuchado cuando le había pedido ayuda.
Demi no quería mirarlo.

-Sabes que no puedes quedarte sola, ¿verdad? No con ese otro lunático suelto por ahí. Seguramente Stanton le dijo dónde vives.
La joven tragó saliva.
-Podría irme a un hotel...
-Te vienes a Brownsville conmigo.
-¡No! -exclamó ella irritada-. ¡No puedo irme contigo después de lo que publicaron los periódicos!
-Voy a contratar a una enfermera para que se ocupe de ti día y noche -continuó Joe, como si Demi no hubiese hablado-. Así nadie podrá decir nada.
-¿Vas... vas a hacer eso por mí? -inquirió ella, sorprendida. Joe asintió con la cabeza.
-Rory me dijo que no podíamos vivir los dos solos bajo el mismo el mismo techo. Soy el jefe de policía; tengo que pensar en mi reputación -le dijo Joe, como burlándose de sí mismo.
-Por la mía desde luego no tendrás que preocuparte -farfulló Demi con voz soñolienta-.Ya no queda nada de ella.
-Demi, no hables así -la increpó Joe con aspereza-; ¡nadie se cree lo que publican esa clase de periódicos!
-Nadie excepto tú -replicó ella, alzando el rostro desa­fiante.

Joe no podía negarlo, pero le había dolido oírselo de­cir. Jugueteó con las monedas que llevaba en el bolsillo, ha­ciéndolas tintinear.

-Le he dicho al personal del hospital que estamos com­prometidos.
-¿Con qué fin? -inquirió Demi en un tono frío, inten­tando disimular la emoción que esas palabras habían provo­cado en ella.
-Si no lo hubiera hecho no me habrían dejado entrar a verte cuando estabas en al unidad de cuidados intensivos. Estuviste allí mientras te hacían una veintena de pruebas y te curaban las heridas -contestó Joe-. No quería apar­tarme de tu lado sin asegurarme de que ibas a ponerte bien. De hecho, estaba pensando que cuando lleguemos a Brownsville también podríamos decirle a la gente que vamos a ca­sarnos -añadió estudiando el rostro azorado de Demi-. Así acallaríamos cualquier posible rumor.
-No hace falta que te sacrifiques por mí -le espetó ella en un arranque de orgullo-.Y además, tampoco pienso quedarme sin hacer nada mucho tiempo. Cuando tenga cu­rada la lesión de las costillas, los cortes podrán disimularse con un poco de maquillaje. Cuando Joel vuelva tendré que volver al rodaje para acabar la película.
Joe se acercó un poco más a la cama.
-Escucha, Demi, ya sé que hice una estupidez... -le dijo con los dientes apretados-, ...o dos. Creí lo que leí en los periódicos, y es por mi culpa que estás aquí en este estado. Aquel día... me llamaste para pedirme que te ayudara a res­catar a Rory, ¿no es cierto?

Demi asintió sin mirarlo, y Joe volvió a juguetear con las monedas de su bolsillo. Hacía años de la última vez que le había pedido disculpas a alguien.

-La estúpida fui yo -replicó la joven con pesadumbre-. Desde un principio fuiste sincero conmigo; me dijiste lo que sentías... y yo te empujé a hacer lo que hicimos. Ni si­quiera sé por qué lo hice, pero si alguien tiene la culpa de lo ocurrido, soy yo.
Joe frunció el ceño.
-Rory me dijo que querías tener el bebé.
Demi apartó el rostro; no quería que Joe viese las lá­grimas que había en sus ojos.
-Eso ya no importa.
Sí que importaba, se dijo Joe, sintiendo en sus propias carnes el dolor que emanaba de ella.
-Lo único que importa ahora es conseguir que te re­pongas lo antes posible -le dijo Joe-, y mantenerte a salvo para que puedas testificar en el juicio de Stanton.
-Creí que recibiría alguna llamada de mi madre -dijo Demi sarcástica-, pero supongo que Sam todavía no habrá podido ponerse en contacto con ella. Me echará a mí la culpa de que su novio esté en la cárcel, como si lo viera...
-De eso no hay duda -asintió Joe-. El FBI está investi­gando la posibilidad de que ella tuviera también parte en la organización del secuestro, y si consiguen hallar pruebas su­ficientes de ello, la llevaran ante los tribunales por confabu­lación delictiva. El secuestro es un delito federal.
-No lo había pensado -dijo Demi abruptamente-. Y además todavía hay uno de los secuestradores huido.
-Ésa es la razón por la que tienes que venirte a Texas conmigo. Nick y yo estaremos pendientes de ti todo el tiempo para que no te ocurra nada.
Demi lo miró incómoda.
-Pero, ¿no se molestará Miley... después de lo que pasó con Nick? -inquirió preocupada.
-Miley y Nick viven en un perpetuo estado de feli­cidad desde que se casaron... y más desde que llegaron los mellizos -contestó Joe-. Por supuesto que Miley no se molestará. a no tiene celos de ti.

Demi suspiró, y al hacerlo sintió un pinchazo en las cos­tillas que contrajo sus facciones de dolor.

-¿Llevas mejor lo de vivir en una pequeña ciudad rural? -le preguntó-. Cuando estuve allí por el rodaje me recordabas a un pez fuera del agua.
Joe vaciló.
-No estoy seguro. Lo de irme allí al principio fue una broma. Mi primo Chet necesitaba ayuda, y me convenció, aunque estaba seguro de que detestaría el sitio y el trabajo. Claro que también estaba cansado de dedicarme sólo a los ciberdelitos, y un poco harto de mi vida -confesó con un suspiro-. No es que me haya integrado plenamente en la comunidad..., pero el trabajo es interesante. Y variado; nunca te aburres. Y tengo la sensación de estar haciendo algo bueno de verdad. Por ejemplo, hemos arrinconado a los traficantes de drogas. Chet no quería problemas, así que hacía la vista gorda con los de arriba, pero cuando yo entré me puse en contacto con el Departamento Antidrogas y he­mos empezado a vigilar los bares.
-Puedes buscarte enemigos -apuntó Demi.
-Ya tengo unos cuantos, así que otros pocos... ¿qué más da? Tenemos a un alcalde en funciones y al menos a dos concejales que darían lo que fuera por verme fuera del puesto -replicó Joe. Acercó una silla a la cama y se sentó-. Aunque, ¿quién sabe?, si consigo mantener a una secretaria sin que renuncie a los dos días, quizá me quede un año más.
-Tendrás que buscar a una que no le tenga miedo a las serpientes y que no te vacíe papeleras encima -apuntó Demi.
-Pues sí, eso cambiaría las cosas.
Demi se pasó los dedos por la boca.
-Dios, tengo una sed terrible...
Joe le sirvió agua en un vaso y le levantó la cabeza para que pudiera beber.
-Mmm... hasta hoy no sabía lo bien que sabía el agua... -dijo Demi riéndose suavemente.
Con cuidado, Joe volvió a dejarle caer la cabeza sobre la almohada, y dejó el vaso en la mesilla.
-Tuviste mucho valor; cambiarte por Rory...
-Tú habrías hecho lo mismo en mi lugar -replicó ella, cerrando los ojos.
-Cierto, pero habría llevado un cuchillo escondido en una bota, y una pistola en la otra -apuntó Joe.
Demi se quedó adormilada unos segundos.
-He tenido que pedir que me pusieran algo un poco más fuerte para el dolor -le dijo-. Tengo miedo de que­darme dormida y tener pesadillas, pero me está entrando sueño.
Joe acercó la silla un poco más y tomó los finos dedos de Demi entre los suyos.
-Yo estaré aquí a tu lado -le dijo en un tono reconfor­tante-. Anda, duérmete.
Demi intentó sonreír, pero parecía que hubiera olvidado cómo. Al poco rato se quedó dormida.

1 comentario:

  1. no no noooooo! no me puedes dejar asi! no kazzie no lo hagas!!! noooo! siguela!!!!!!!

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Hola chicas, no se olviden de dejar sus comentarios sugerencias y demas, asi sabre si les gusta y publicare pronto los capis, por fis comenten, incluso los anonimos, las quiero chicas..