lunes, 30 de diciembre de 2013

Jemi 35 - Corazones heridos




Un olor a pollo y patatas arrancó finalmente a Demi del sueño. Abrió los ojos, y vio que Joe estaba destapando una bandeja de metal que había colocado en el soporte extensi­ble de la mesilla.
-No tiene mala pinta para ser comida de hospital -mur­muró, girando el rostro hacia ella-.Y de postre tienes helado.
Demi intentó alcanzar con la mano el cable con el inte­rruptor que elevaba la cabecera de la cama, y Joe, viendo que no podía, lo hizo por ella, y giró luego la mesilla de modo que la bandeja quedara frente a la joven.
-Tú también deberías comer algo -le dijo Demi.
-He tomado algo en la cafetería mientras dormías -res­pondió Joe-. He hablado con el médico. Me ha dicho que no sabe con exactitud cuántos días tendrás que permanecer ingresada. Quieren ir despacio, y ver cómo progresas. Sólo te darán el alta cuando estés fuera de peligro, por supuesto, pero alguien tendrá que hacerte un seguimiento cuando hayas salido del hospital, y como nos vamos a Texas, le he preguntado si sabe de alguien de confianza allí que pudiera ocuparse. Me ha recomendado a un compañero de San An­tonio, y me ha dicho que se pondrá en contacto con él.

Demi lo miró boquiabierta y sacudió la cabeza.

-Eres increíble.
-No quería que tuvieras que volar otra vez dentro de dos semanas para venir aquí a la revisión -le explicó Joe-. En tu estado es arriesgado.
-Está bien, está bien... lo entiendo.
-¿No vas a protestar? -murmuró él.
-No, estoy demasiado cansada.
-Anda, tómate la cena -le dijo Joe, tendiéndole el te­nedor.

Demi inspiró lentamente, y lo tomó. No tenía mucho apetito, pero al menos la comida era decente.

-Por cierto, he llamado a Joel Harper -añadió Joe, omitiendo que había tenido que hacer varias llamadas in­ternacionales, y hasta amenazar a un par de personas para conseguir dar con él-. Ha tenido un contratiempo con la película en la que está trabajando ahora, así que tardará por lo menos tres meses en volver. Me dijo que no te preocupa­ras por el seguro, que él te pagará lo que no te cubra... como adelanto de tu salario.

Demi se sintió tan aliviada al oír aquello que estuvo a punto de salir llorando.

-Gracias a Dios -murmuró-. Estaba tan preocupada...
-No dejes que se enfríe el pollo -le dijo Joe-.Yo lo he tomado en la cafetería y está bueno.
Demi se llevó un trozo a la boca.
-Es una receta italiana. Yo sé prepararlo así, aunque no suelo hacerlo a menudo porque es bastante entretenido.
-Y Rory sabe hacer una barbacoa.

Demi alzó la vista hacia él.

-¿Cómo lo sabes?
-Me lo dijo él -respondió Joe, jugueteando con la manga de su camisa-. Es un gran chico.
-Sí que lo es.
-Le he dicho que puede venirse con nosotros a Texas cuando acabe las clases.
Demi vaciló.
-No debiste decirle eso. Puede que se ilusione con la idea, y para entonces probablemente yo ya estaré trabajando de nuevo.
-Me temo que no -replicó él-. Estamos a principios de abril, y Joel no volverá hasta julio, o primeros de agosto. Demi suspiró mientras acababa el pollo.
-Creía que no te gustaban las ataduras.
-¿Por qué lo dices? No llevo puesta corbata.
-Sabes a qué me refiero.

Joe cruzó una de sus largas piernas sobre la otra.

-Vas a tener la oportunidad de ver una campaña política de cerca -dijo cambiando de tema-. Edward  Cullen se presenta por los demócratas, como oponente a uno de los senadores que llevan más tiempo en el cargo en nuestro es­tado. La primera vuelta se celebrará el primer martes de mayo, y la cosa se presenta muy reñida.
-No entiendo demasiado de política.
-Bueno, te resultará divertido aprender -replicó él con una sonrisa.
-¿Tú crees? -inquirió Demi abriendo la tarrina del he­lado.
-No te has tomado los guisantes -apuntó Joe. 
-Odio los guisantes.
-Las hortalizas son buenas para el organismo.
-A mi organismo sólo le vienen bien las que me gustan -se obstinó Demi, metiéndose una cucharada de helado en la boca.

Como le molestaba bastante al masticar por los cardena­les que tenía en la cara además de los cortes, el helado, que se le deshizo en la lengua, le pareció una verdadera bendi­ción.

-En Brownsville hay una heladería artesanal -le dijo Joe-, y tienen sabores de todo tipo, aunque a mí el que más me gusta es el de fresa.
-A mí también.

Cuando hubo terminado la tarrina la dejó en la bandeja junto con la cucharilla. Intentó ponerse un poco más có­moda, y volvió a sentir un pinchazo en el pecho que la hizo contraer el rostro.

-¿Te duelen las costillas? -inquirió Joe.
Demi asintió, recostándose sobre la almohada.
-Ojalá tuviera una pistola y cinco minutos a solas con Sam -farfulló-. ¿Sabes?, cuando se dio cuenta de que no iba a conseguir ningún dinero gracias a mí y se puso furioso, intenté hacerle una de esas patadas giratorias que me ense­ñaron para la película, y hasta bloqueé su primer puñetazo, pero cuando empezó a pegarme con la botella ya no pude hacer nada. Me encantaría enseñarle lo que se siente cuando te machacan las costillas y te dan con una botella en la ca­beza.
-Si te sirve de consuelo, se llevó una bala de recuerdo en la pierna -le dijo Joe.
Demi frunció el entrecejo.
-¿Recibió un disparo?
-Eso he dicho.Y porque resbalé... si no no habría salido únicamente herido.
Demi entreabrió los labios y lo miró con los ojos como platos.
-Tú me sacaste de allí. A eso se refería el agente del FBI cuando me dijo que alguien había interferido... ¡Fuiste a rescatarme!
-No tenía mucha fe en los agentes a los que les habían asignado tu caso -confesó Joe-. Estaban sentados en tu piso con Rory, esperando una llamada de teléfono que quizá nunca hubiera llegado. Así que les seguí la pista a Stanton y sus secuaces con la ayuda de un antiguo compa­ñero.
-Yo... me preguntaba por qué nadie podía decirme qué fue exactamente lo que pasó.
-No podían decírtelo porque no lo sabían -respondió Joe llanamente-. Dado que no hay prueba alguna que pueda inculparme de haber disparado a Stanton, los fede­rales y yo hemos llegado a un acuerdo. Uno de los de arriba me debía un favor, así que me ha cubierto las espal­das frente a la policía y los agentes que llevaban el caso. Si me descubrieran podría producirse un verdadero escán­dalo; imagínate: un jefe de policía yendo contra las leyes federales...
-Oh.
-Así que lo que dice en el informe de la policía es que Stanton se dio a sí mismo, que estaba demasiado borracho como para fijarse en la dirección en la que disparaba -aña­dió Joe, reclinándose en su silla-. Esa sabandija tiene suerte de estar aún con vida después de lo que te hizo.
-Estaba realmente furioso -recordó Demi estremecién­dose.
-¿Intentó forzarte?
-No, estaba demasiado ocupado pegándome como para pensar en el sexo -contestó Demi con un pesado suspiro-. Debo decir, en favor de uno de sus secuaces, que intentó detenerlo cuando empezó a pegarme, pero Sam estaba fuera de control. Además de estar borracho debía haberse metido algo, porque tenía los ojos vidriosos y estaba muy colocado.
-¿Quién fue el que intentó detenerlo? -inquirió Joe. -Era rubio -murmuró ella-; es todo lo que recuerdo. -El otro al que arrestaron era rubio -dijo Joe-. El que escapó me parece que era moreno.
-Puede ser -concedió Demi-. Mi madre tendrá que res­ponder unas cuantas preguntas después de esto -dijo-. Si fuera una persona vengativa iría a la prensa amarilla y les da­ría una historia que no olvidarían jamás.
-Si lo hicieras se pasarían el resto de tu vida persiguién­dote -replicó Joe-. Aleja ese pensamiento de tu mente.

Demi lo miró con ojos tristes.

-No creo que puedan hacerme más daño del que ya me han hecho.
Joe contrajo el rostro.
-Fui un estúpido al creer las mentiras que publicaron -dijo-. Lo que ha pasado es en gran parte culpa mía.
Demi sacudió la cabeza.
-De todos modos esto podría haber ocurrido igual­mente -replicó con pesadumbre-. Sé que mi madre está de­trás del secuestro. Me había llamado para amenazarme, pero nunca creí que fuera a poner en peligro la vida de su propio hijo por dinero. Qué ilusa...
-¿Siempre ha sido alcohólica?

Demi asintió con la cabeza.

-Desde que tengo uso de razón la recuerdo bebiendo.Y a la tierna edad de ocho años ya empecé a buscar fiadores para sacar a mi madre de la cárcel cada vez que se metía en líos. La arrestaban por prostitución, embriaguez, por condu­cir bebida, por robar... de todo lo imaginable. Se prostituía con clientes fijos para sacar dinero con el que malvivir, pero con el tiempo se emborrachaba con demasiada frecuencia incluso para eso.Yo tuve que ponerme a repartir periódicos para comprarme ropa -añadió contrayendo el rostro-. Pero todo eso fue antes de que Sam se viniera a vivir con noso­tros.
-Ese tipo es escoria, de la peor calaña -masculló Joe.
-Sí, pero por desgracia mi madre opina distinto.
-En fin, sobre gustos no hay nada escrito.
Demi se rió.
-Eso mismo he dicho yo siempre -murmuró cerrando los ojos-. Dios, estoy tan cansada...
-Es normal, después de lo que has pasado.
-No permitirás que le hagan daño a Rory, ¿verdad, Joe? -le preguntó Demi.
-No si puedo evitarlo -le aseguró él.

Sin embargo, había algo que preocupaba a Joe. Si a Stanton le tocara un juez poco honrado, gracias a los con­tactos que tenía esa sabandija, podía acabar dejándose con­vencer, y establecer una fianza razonable con lo que saldría de la cárcel si la pagaba. Y, si eso ocurría, sin duda iría di­recto a por Demi. Después de todo, no tenía nada que per­der.
No iba a ser tarea facil mantener a salvo a un tiempo a Demi y a Rory, pero iba a hacerlo. No permitiría que nada volviera a pasarles jamás.

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