lunes, 31 de marzo de 2014

Niley 31 - La mujer del sultan - Cap. Final




—No, porque quiero pasar el resto de mis días contigo.
—Te avergüenzas de mí...
—Eso no es cierto. Hace cinco años quedé fascinado contigo, y cuando volvimos al palacio te convertiste en una persona totalmente diferente. Esto no habla bien de mí, pero debo confesarte que me preocupaba que te parecieras a tu madre, una preocupación que mi familia utilizó en su provecho cuando te aconsejaron sobre el modo de vestirte y conducirte en el palacio.
A pesar del dolor que sintió al oír la confesión, una llama de esperanza se encendió en el interior de la joven. Nick nunca deseó que se pareciera a su madre.
—Así que cuando supiste que tendrías que casarte conmigo debiste de haber odiado la idea.
Nick se pasó la mano por la nuca.
—El matrimonio nunca fue mi primera prioridad. Ni contigo ni con nadie. Confieso que decidí casarme porque sabía que existía una posibilidad de divorciarse. Sólo pensé en mí. Me doy cuenta de que esta confesión me resta crédito ante ti, aunque debes comprender que me había hecho una idea muy equivocada de tu persona. Ni siquiera se me ocurrió que el divorcio podría causarte dolor.
—Así que me cortejaste movido por intereses comerciales.
—Suena muy mal, pero ya es parte del pasado. Ahora es el futuro lo que importa, y estoy decidido a compartirlo contigo.
—No me conoces, Nick. En realidad no sabes quién soy yo.
—¿Y de quién es la culpa? Me acusas de todos los errores de nuestra relación, aunque tuviste mucho cuidado de ocultar tu verdadera personalidad. Piensa en ello, Miley. Nunca me has dado una razón para cuestionar mis prejuicios contra ti. De hecho, siempre has insistido en mantener la imagen de una mujer frívola y mundana. ¿Por qué lo has hecho?
Miley tragó saliva.
—Porque siempre fui una desilusión para mi madre. Ella deseaba una hija muy femenina y yo era una chica con exceso de kilos, desmañada y que disfrutaba de la vida al aire libre. El ballet se me daba muy mal, pero amaba los caballos. Me pasé la vida intentando complacer a mi madre y al mismo tiempo hacer lo que me gustaba de verdad. Y también cambié mi imagen a causa de ti. Cuando me dijiste que no era lo suficientemente buena para ser tu esposa, decidí terminar de reinventarme a mí misma. Así que de ahí en adelante, tuve que llevar una doble vida. Aunque debo decir que los bailes benéficos me sirvieron para conseguir dinero para mis propias obras de caridad.
Nunca lo había pensado, pero era cierto. ¿Cómo podía culparlo por haberse formado una opinión negativa, cuando ella misma se había empeñado en proporcionarle todos los argumentos?
—Hace cinco años quisiste convertirme en tu amante.
—Estaba sometido a una fuerte presión. Los días que pasé contigo fueron un oasis de calma en mi vida. Quería que te quedaras conmigo, pero cuando llegamos al palacio tuve que enfrentarme a la fuerte oposición de mi padre y de toda la familia.
—Era algo entre nosotros, Nick...
—No sabes cuánto deseaba liberarme de todas mis responsabilidades como príncipe sustituto del sultán y escaparme contigo, como lo hicimos tantas veces en Nazaar. Tú pensabas que todo era muy sencillo, pero en mi vida la sencillez no existe.
Con una honda sensación de culpa, de pronto Miley cayó en la cuenta de la enorme presión a la que Nick estaba sometido.
—Tienes razón, debo admitir que siempre pensé sólo en nuestra relación. Fui muy egoísta. Pensé que me ignorabas, Nick. ¿Tienes idea de lo que significa para una chica de dieciocho años enamorarse del hombre más sexy del mundo? Mi madre destruyó la seguridad en mí misma, y en tu palacio abundaban las mujeres sofisticadas, acostumbradas a la vida mundana. No podía competir con ellas.
—Pero yo no quería una mujer mundana y sofisticada. Por eso cuando tuve la oportunidad de ganarte para mí, no dudé en hacerlo —dijo al tiempo que le tomaba la mano.
—Pero necesitabas la empresa de mi padre.
—Sí, aunque también había otras maneras de lograrlo. La verdad es que me aferré a esa excusa, pero no por las acciones que poseías, sino porque en el fondo quería casarme contigo. Es una verdad que he descubierto hace muy poco.
—Nick...
—No me interrumpas. Intento decirte algo que he evitado durante toda mi vida, así que no me es fácil —declaró al tiempo que le soltaba la mano y se alejaba al otro extremo de la habitación, de espaldas a ella—. Te amo, Miley. Me casé contigo porque te amaba, aunque entonces no fui capaz de darme cuenta. Quiero seguir casado contigo porque te quiero. Ya lo he dicho tres veces y no ha sido tan difícil —añadió volviéndose a ella con una sonrisa.
—¿Me quieres?
—Sí, parece increíble, ¿verdad? Y ahora quiero que me digas que también me quieres, que no intentarás volver a escapar, que me amas con locura... cosas como ésas.
—Nick, somos muy diferentes.
—Sí, y es bueno ser diferentes. Eres ridículamente extravagante, poco práctica, romántica, pero también te quiero por eso —dijo al tiempo que le daba un suave beso en la boca—. Por otra parte sé que amas lo caballos y a los niños, que eres amable, generosa y desinteresada. Sé que te gusta la vida sencilla, pero que tampoco te sientes incómoda en las reuniones sociales. Sé que no te gustan las intrigas palaciegas, pero yo te enseñaré a manejarlas. Sé que amas nuestro desierto y que disfrutas de nuestra comida.
—Das por sentado que me quedaré contigo. Eres arrogante y obstinado.
—Lo reconozco. ¿Pero por qué habrías de marcharte cuando sabes que te encanta este país? A pesar de lo que puedas pensar, no tendrás que vivir en una pecera de oro. Hay muchas instituciones que agradecerían tu colaboración. También tenemos una escuela de equitación en Fallouk en la que podrías participar, si eso te complace.
—¿Y no te sentirías avergonzado de mí?
—Todo lo contrario, nunca pensé que me sentiría tan orgulloso de mi esposa —dijo suavemente, con una extraña luz en sus ojos.
Miley se ruborizó.
—¿Y el oleoducto?
—Es un proyecto crucial. Hace unos días hablé con tu padre y le expliqué todo. Dadas las circunstancias, se mostró sorprendentemente razonable. No tomaré el control de la compañía. Hemos acordado crear una sociedad que nos beneficiará a ambos.
Miley sonrió aliviada.
—Mi padre es un hombre que comprende el amor.
Nick asintió.
—No me cabe duda. Mañana llegará al país para reanudar las negociaciones. Así que tú decides lo que vas a hacer cuando llegue. Si deseas marcharte con él, estoy seguro de que se sentirá feliz de llevarte de vuelta a casa. Por otra parte, también estoy seguro de que estará con nosotros si decidimos volver a celebrar nuestra boda.
Por primera vez, Miley percibió la incertidumbre en su mirada, y fue esa incertidumbre la que la llevó a tomar su decisión.
—Estoy en casa, Nick —dijo, al tiempo que lo abrazaba estrechamente—. Sabes que te amo…
—Sí, lo sé. Pero lo que ignoro es si serás capaz de perdonar mis errores.
—El amor es generoso y sabe perdonar. Si sigo casada contigo, ¿debo vestirme como una reina?
—Sólo parte del tiempo, porque el resto lo pasarás desnuda —dijo al tiempo que se inclinaba sobre sus labios.

FIN!!!

Niley 30 - La mujer del sultan






A la mañana siguiente, Miley fue a buscar a Maya. Estaba tomando café mientras hojeaba una revista de modas y pareció desconcertada al ver a la joven en la puerta.
—Iré al grano —dijo al tiempo que cerraba la puerta tras de sí—. Quiero marcharme de aquí, pero no puedo hacerlo sola, así que tendrás que ayudarme.
Maya cerró la revista y la miró con frialdad.
—¿Por qué tendría que hacerlo?
—Porque no deseas que esté aquí. Nunca lo quisiste.
—No pienso...
—Muy bien, no necesitas pensar —replicó con tranquilidad—. Sólo necesito un medio de transporte fiable para llegar a la frontera con Kazban sin que Nick lo sepa.
La revista se le cayó de las manos.
—¿Vas a cruzar la frontera?
—Una vez en Kazban, intentaré persuadir a las autoridades para que me permitan volar a Inglaterra —explicó con impaciencia—. No puedo tomar un vuelo comercial aquí en Fallouk, ¿no es cierto?
—Supongo que no. ¿De veras quieres marcharte?
—Sí, y quiero hacerlo cuanto antes. Eres la prima del sultán así que podrás conseguir algo. Sólo necesito un vehículo y un conductor que conozca el camino.
—Sí... claro que podría, pero... —murmuró, incapaz de creer en su buena suerte.
—De acuerdo. Nick estará ocupado todo el día con el príncipe de Kazban. Quiero marcharme bastante antes de que note mi ausencia.
Maya se puso de pie.
—Ordenaré un coche de inmediato. Te estará esperando junto a las puertas del establo dentro de una hora.
Miley regresó a los aposentos de Nick pensando que sólo le quedaba una cosa por hacer.
Una vez en la habitación, sacó de su bolso unos documentos que se había hecho enviar desde Inglaterra. Miley leyó el contenido con los ojos llenos de lágrimas. Luego tomó una estilográfica y se puso a escribir.

El viaje transcurrió sin incidentes.
Miley contemplaba el hermoso color dorado de las dunas preguntándose si volvería a ver el desierto otra vez. No, con toda seguridad no volvería a Tazkash por tercera vez.
—Hemos llegado a la frontera —dijo el chófer y ella sintió que aumentaba su tristeza.
Cuando pasara entre los guardias, Nick estaría en otro país, lejos de ella.
Cuando la joven se secaba las lágrimas, la puerta se abrió bruscamente y un guardia uniformado la miró fijamente.
—Pasaporte —dijo con una expresión dura y ella se sintió invadida de inquietud—. Venga conmigo —ordenó, tras examinarlo con atención.
Miley hizo lo que le ordenaba al tiempo que se decía que sólo era un trámite rutinario ya que se encontraba en la frontera.
El guardia la condujo a un edificio de piedra.
—Por aquí —dijo haciéndola entrar en una habitación y cerraba la puerta.
Nick, de pie junto al escritorio y vestido con elegancia, la miraba con el ceño fruncido.
—¿Es que tendré que mantenerte bajo llave? Cada vez que vuelvo la espalda, intentas escapar. ¿Por qué?
—¿Qué haces aquí?
—Abandonar mis deberes reales, como siempre. Si estuvieras junto a mí cumpliendo tus deberes de esposa de un sultán, no tendría que abandonar mi trabajo.
—Mi sitio no está junto a ti.
—¿Por qué me has dejado este sobre? —preguntó al tiempo que lo dejaba en el escritorio.
—Son los certificados de las acciones que me corresponden, Nick. Te casaste conmigo por esos documentos, espero que los disfrutes —dijo con la voz quebrada de emoción y se dirigió a la puerta.
—No vas a ir a ninguna parte —dijo al tiempo que la ponía contra la pared y la atrapaba entre sus brazos.
—Las acciones son tuyas —dijo con lágrimas en los ojos—. Ya puedes pedir el divorcio. Ni siquiera tendrás que esperar cuarenta días y cuarenta noches.
—No me voy a divorciar. Nunca.
—Eso es ridículo.
—¿Crees que lo que nos une es ridículo?
—Lo que nos une es sólo sexo, Nick. Y no estoy preparada para quedarme contigo hasta el día que te aburras de mí.
—¿Aburrirme? —Nick se echó a reír, sinceramente divertido—. Contigo nadie podría aburrirse. Eres una mujer impredecible. Llevas una vida secreta que siempre me ocultaste, siempre intentas escapar. Hay muchas maneras de describir nuestra relación, pero la palabra «aburrida» es impensable.
—No sé conducirme en el palacio.
—Porque no has hecho ningún esfuerzo para introducirte en esa vida —repuso con tranquilidad —. Y no te puedo culpar. Durante nuestra primera visita mis familiares fueron muy poco amables contigo y te aconsejaron para que te sintieras más extraña y fuera de lugar, lo que me llevó juzgarte mal.
—¿Sabías lo que hicieron?
—No en ese entonces. Me temo que hace cinco años tenía demasiadas cosas en qué ocupar la mente. Mi padre estaba seriamente enfermo, el futuro económico del país estaba amenazado, y todo eso me exigía tanto tiempo, que no fui capaz de prestar atención a las causas de tu malestar. Y te pido disculpas por ello. Todo lo que percibí fue que, desde tu llegada a palacio, te convertiste en otra persona.
—Intentaba complacerte, ser la mujer que querías que fuera.
—Ahora lo sé. Y también me doy cuenta de que mi familia te aconsejó mal intencionadamente.
—¿Cómo te enteraste?
Nick se apartó de ella y se puso a pasear por la habitación.
—Estaba decidido a averiguar quién te dijo que pensaba divorciarme. Y no tuve que ser un genio para saber que la información vino de parte de mi tía que ha sido muy indulgente con Maya.
—Bueno, estoy segura de que Maya aprenderá a conducirse cuando sea tu esposa —dijo Miley antes de dirigirse a la puerta.
—De acuerdo a mis instrucciones, los guardias no te dejarán pasar —dijo Nick con tranquilidad—. Así que será mejor que continuemos conversando. Maya nunca será mi esposa.
—¿Ella lo sabe?
—Ahora sí que lo sabe. Hablé con ella y con mi tía para dejar claro que el puesto de mi consorte no está vacante porque estoy casado contigo, y así pienso continuar. Así que de ahora en adelante, ya no habrá más problemas por esa parte. Por lo demás, mi tía ha cambiado de opinión respecto a ti debido al milagro que obraste con Jacob.
Miley cerró los ojos. El calor era intolerable y le dolía la cabeza tras una noche de insomnio.
—¿Por qué quieres seguir casado conmigo? ¿Porque nuestras relaciones sexuales son buenas?

Niley 29 - La mujer del sultan




Temerosa de que la frialdad de Nick pudiera alterar al niño, Miley salió del establo sin discutir y se alejó lo suficiente para que Jacob no les oyera y al mismo tiempo mantenerlo vigilado.
—Quiero que saques al niño de la cuadra.
Al notar su auténtica preocupación, Miley desistió de discutir.
—Jacob está bien. Tiene talento para montar a caballo.
—¿Lo conoces bien? Si se enoja puede asustar a los animales y te pueden hacer daño —objetó con suavidad.
—Sí, estás en lo cierto. Pero él no se enfada cuando está con los animales. Esto lo he visto antes. A menudo los niños se relacionan con los animales de un modo que les es imposible con los adultos. Es verdaderamente sorprendente.
Nick entornó los ojos.
—¿Qué quieres decir? ¿Has visto alguna vez niños como Jacob?
Ella vaciló un instante. ¿Por qué no decirle la verdad? ¿Qué más le quedaba por perder?
—Constantemente. Trabajo en una escuela de equitación y nos envían niños con toda clase de discapacidades. Desde luego que los caballos no siempre pueden ayudar, pero la mayoría de las veces lo consiguen. Es sorprendente ver la cara de un niño gravemente discapacitado cuando por primera vez pasea por la pista montado en su caballo... —Miley guardó silencio al notar la extrañeza en los ojos de Nick.
—¿Trabajas con niños?
—Bueno, en realidad lo hago con caballos. Mi trabajo consiste en elegir el que más se adapta al pequeño jinete. No pretendo hacer terapia clínica ya que para eso están los especialistas. Pero conozco bien a los caballos. Tienen personalidad, como los seres humanos. Además son muy inteligentes. El poni que monta Jacob es maravilloso. Justo el tipo de animal que le conviene al niño —dijo al tiempo que señalaba a Jacob, totalmente entregado a la limpieza del caballito.
—Ha pasado por la consulta de muchos médicos y psicólogos y ninguno ha podido curarlo de sus terribles rabietas. Me parece que en un par de semanas has hecho lo que ningún especialista ha logrado conseguir.
—No he sido yo, fueron los caballos —dijo, confundida.
—¿Con qué frecuencia vas a la escuela de equitación en Inglaterra?
—Todos los días. De lunes a sábado, aunque a veces hay que ir los domingos. Llego a las cinco y media y me marcho junto con el último niño. Es una jornada muy larga, pero me encanta.
—Y decidiste que no merecía la pena contármelo, ¿no es verdad?
—Es una parte de mi vida que no comparto con nadie. Mi madre nunca pudo comprender que prefiriera que el barro me llegara a las rodillas antes que ponerme unos zapatos de diseño de tacón alto. Estoy segura de que también te sentirás avergonzado, pero no me importa. Lo hago porque me gusta y porque me siento útil. Y ahora voy a echar un vistazo a Jacob —dijo antes de alejarse hacia las cuadras. Después que el niño se hubo marchado, Miley pasó el resto del día en los establos, sin ánimo de volver al palacio.
Estaba absorta en su trabajo, cuando de pronto vio a Nick en la cuadra vestido con un elegante traje gris que realzaba la perfección de su cuerpo. Los cabellos oscuros brillaban bajo las luces y sus rasgos arrogantes mostraban una tensión evidente.
—Hoy era la cena de bienvenida al príncipe de Kazban —informó con suavidad. Miley se sintió culpable.
—Lo siento. Perdí la noción del tiempo. ¿Era obligatoria mi presencia allí?
—Eres mi esposa. Me casé contigo.
—Bueno, realmente te casaste con las acciones que me corresponden de la empresa Cyrus —replicó al tiempo que se volvía al poni que estaba cepillando.
Habría hecho cualquier cosa para evitar mirarlo. Su aspecto era fabuloso, asombroso, extremadamente viril. Miley cerró los ojos intentando olvidar la ardiente sensación en la zona de la pelvis.
En dos zancadas, Nick estuvo junto a ella, la apartó del caballo y la puso contra la pared. Miley quedó atrapada en la fuerza y calor del cuerpo masculino.
—Ya he oído suficiente. Estás decidida a simplificar lo que no es tan simple, pero ya hablaremos de ello. Por ahora basta de palabras, se me agotó la paciencia. Te he dado tiempo para que te calmaras y volvieras a la razón, pero no lo has conseguido.
—Déjame ir, Nick —pidió abrumada al sentir su aroma, el fuego de sus ojos y sobre todo, su proximidad.
—De ninguna manera.
—¡Oh, Dios! No me hagas esto —murmuró al tiempo que intentaba liberarse.
Sin embargo, no pudo evitar un gemido cuando sintió la excitación de Nick y su cálido aliento muy cerca de la boca.
—Eres la mujer más enloquecedora que he conocido —dijo al tiempo que colocaba los brazos en la pared a cada lado de su cuerpo, bloqueándole la salida —. No sé si estrangularte o besarte.
—Mátame, sería mejor para los dos. No quiero que me beses.
Si lo hacía, sería su perdición.
Nick se apoderó de su boca mientras le tomaba los brazos y los colocaba alrededor de su cuello. Y Miley olvidó su deseo de que no la besara. Olvidó al hombre que le había hecho tanto daño. Olvidó su resolución de mantener las distancias. Olvidó todo, excepto su anhelo de él tras dos semanas de separación.
El beso fue una caricia salvaje, un asalto primitivo a sus sentidos que terminó por destruir su fuerza de voluntad.
Mientras le acariciaba un pecho, ella arqueó el cuerpo ciñéndose más aún contra la excitada virilidad de Nick. Como respuesta a su silencioso ruego, con ambas manos le abrió la blusa y los botones salieron despedidos.
—Te quiero desnuda —murmuró con una voz ronca y seductora mientras le quitaba el resto de la ropa.
Miley sintió la boca de Nick en los pechos desnudos y profirió un grito ahogado al sentir sus dedos entre las piernas. Frenética de deseo, intentó bajarle la cremallera de los pantalones, pero de inmediato sintió que la mano de Nick la ayudaba a hacerlo.
—Ahora, Nick, ahora, por favor.
Con la mirada brillante de pasión, él la alzó sin vacilar y Miley le rodeó las caderas con las piernas. Nick penetró su cuerpo con vehemencia y la joven, aferrada a él, siguió su ritmo cada vez más urgente hasta sentir que su cuerpo estallaba en una lluvia de sensaciones tan exquisitas que por un instante dejó de respirar. Entonces Nick alcanzó el clímax y ambos descendieron a la vida real, jadeantes y temblorosos. El mundo exterior volvió a introducirse en su intimidad. La fría pared contra la espalda desnuda de Miley, el poni que comía tranquilamente en una esquina de la cuadra.
Sólo cuando sus pies volvieron a tocar el suelo, Miley se dio cuenta de que estaba completamente desnuda y él totalmente vestido.
Entonces se vistió con manos temblorosas y la cabeza inclinada para evitar su mirada.
—Miley, realmente necesitamos hablar —dijo Nick con la respiración todavía alterada.
Y eso era lo único que ella no quería hacer.
¿Para volver a escuchar la misma proposición que le hizo hacía cinco años? No, no era eso lo que deseaba. Era cierto que los unía algo muy poderoso, pero sólo era sexo, y no era suficiente para ella.
A la larga, Nick terminaría por cansarse de su cuerpo, y entonces, ¿qué sería de ella? Una mujer enamorada de un hombre que no la amaba. No, no podría vivir así.
Nick tenía que dejarla marcharse. Ése había sido su plan y probablemente el hecho de saber que en el fondo ella no era la persona que pensaba, reforzaría su decisión.
Sí, se marcharía para facilitarle las cosas.